
«La criada para todo Petra me recuerda a la corte de corifeos que acompañan como marionetas y cotorras al peor presidente de la democracia»
Seguramente los más veteranos recordarán aquel personaje del Pulgarcito, uno de los entonces llamados genéricamente “tebeos”, que el maestro Escobar bautizó como “Petra, criada para todo” de doña Patro, otro de los personajes del autor. Pues bien, con mucha menos gracia que ella, me la recuerdan la corte de corifeos que acompañan como marionetas y cotorras al ya acreditado como el peor presidente –aunque el mejor presimiente– de la democracia española de los últimos casi cincuenta años, Pedro Antonio PinócHEZ Plagio cum Fraudez Falconeti…
Empezaba la semana con lo que ya era el esperado desenlace de la traición que se había ido fraguando dentro y fuera de España en los últimos meses, cuando la Petra mayor, elevada a la tercera magistratura del Estado, Paquita Armengol, expresaba la voz de su amo y convocaba el pleno de investidura para los días 15 y 16 siguientes. Se llevaba a escena lo que tuvo su clímax en Bruselas, dictado por el fugado hace seis años en el maletero de un coche, que traicionó incluso a los suyos que lo esperaban al día siguiente en el despacho. Y lo hacía por la tarde con una nueva mentira sobre lo que se vendía como una proposición de ley que firmarían todos los que habían sido comprados por el, hoy ya, partido sanchista. Quedaban demasiados flecos que no convencieron a uno de sus socios, ERC, que se descolgó de la firma y arrastró al resto.
Al final se presentaba aprisa y corriendo en el registro, con la única firma del cada vez más ‘portacoz’ del citado partido, un más que desacreditado Pachi “Nadie” López – “El diálogo como método y la Constitución como marco”– que ahora suena como ministrable y volvió a hacernos recordar aquella premonitoria frase de la madre de Joseba Pagazaurtundúa: “Harás cosas que nos helarán la sangre”, tras el funeral de su hijo, asesinado por ETA, la banda asesina que ahora es representada por uno de los socios preferentes del PSOE, BILDU. Ese partido al que se refería no hace tanto Carmen Calvo: «El partido socialista, como partido, todo el mundo sabe, no de ahora, que BILDU no es socio para los socialistas en ninguna de sus formas. Esto es un asunto que está claro, siempre ha estado claro y por tanto no tenemos que volver a decirlo, pero… el partido socialista no cuenta, e… e… evidentemente –la mentira le hacía titubear–, con BILDU, nunca». Otra de esas “Petras” a las que antes me refería, que se hacía eco de la gran mentira de su jefe: «Con BILDU no vamos a pactar. Si quiere se lo repito cinco veces… o veinte, durante la entrevista».
Una vez registrada la repugnante PLO, la presentaba a los medios otro Petra, éste calificado muy acertadamente por Carlos Herrera –más de su época– como Gracita –otra de las más famosas domésticas, en este caso del cine: ¡Cómo está el servicio!–. Como habrá adivinado el lector, me refiero al ministro de la Presidencia en funciones serviles, Félix “Gracita” Bolaños, uno de los penitentes en Bruselas, que aparecía crecido –aunque su talla (física, moral e intelectual) no sea muy generosa– para mentir de nuevo –si lo hace de manera continua el jefe…–: “Durante las conversaciones somos discretos, pero cuando se ha alcanzado el acuerdo somos absolutamente transparentes”. Haciendo gala de ese talante de “generosidad” que ha sido el penúltimo eufemismo dictado desde la Moncloaca, decía que “Es una ley que presenta el partido socialista, absolutamente convencido de que es impecable desde el punto de vista inconstitucional (sic)”. Tuvo que repetirlo corrigiendo la traición que le hizo el subconsciente.
Este personaje es el que decía antes de las elecciones que “Al señor Puigdemont, se le paró el reloj en el año 2017… y yo creo que hoy estamos más cerca de que rinda cuentas ante la Justicia española”. Y, con él, todo ese corifeo de papagayos que ha rodeado siempre a su presimiente. Por ejemplo, Fernando “Pequeño” Marlasca: “Bueno, ya sabéis que la amnistía no está reconocida en nuestro ordenamiento jurídico”. O la inolvidable “portacoz” de la primera etapa sanchista, Adriana “Lastre”: “Les hemos dicho siempre a todos ustedes que no cabe la amnistía en nuestra Constitución”. O esa catalana “de pura cepa”, Raquel Sánchez Jiménez –“dos apellidos castellanos”, sería su película–, todavía ministra de Transportes y “Rodalías”: “Tenemos unos límites, eso lo sabemos, que es la Constitución y no hablamos de cuestiones que están fuera de ella”. Y no olvidemos a su antecesor, José Luis Ábalos, el amigo de la venezolana que pasó por Barajas levitando después de “dejarse” cuarenta maletas, hoy culiparlante parlamentario: “Siempre hemos manifestado nuestra posición en contra a la figura de la amnistía”. Y se refería así a los independentistas: “Estos no pueden ser en ningún caso aliados nuestros. Ni para una moción de censura. Porque nosotros no tenemos tal ansia de gobernar a costa de nada del país y desde luego, nunca, a costa de la unidad territorial de este país. Jamás. Simplemente por tener un gobierno en precario y dependiente de fuerzas políticas que no son aliadas” –hasta el otro día–. Ni al que fuera ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, hoy incorporado al Tribunal que –como lo llama un conocido comunicador de las mañanas radiofónicas– puede convertirse en “Prostitucional” si llegara a aprobar lo contrario de lo que decía desde su escaño: “Y esas son las bases que está sentando el gobierno. La amnistía no cabe. El referéndum de autodeterminación no cabe”. Como aquel inane ministro de Sanidad durante la “plandemia”, hoy catalanista de pro, Salvador Illa: “Ni amnistía ni nada de eso. Lo repito para que quede claro: Ni amnistía ni nada de eso”. O el “atlético” ministro de Cultura y Deportes, Miguel Iceta: “Una amnistía es un procedimiento absolutamente extraordinario, que se produce cuando hay un cambio de régimen –que no le vendría mal a él, por cierto– y absolutamente borra los procedimientos penales. No es el caso”. Y repetía campanudo y gritón desde su escaño que “Con nosotros, en España se cumple la ley en todo el territorio. Con nosotros España no corre peligro”. O la simpar Carmen Calvo, profesora de Derecho Constitucional para más inri –pobres paisanos cordobeses–: “Cuando usted habla de que planteemos la amnistía, la única respuesta posible es que eso no es planteable en un estado constitucional democrático, porque sería suprimir, literalmente, uno de los tres poderes del Estado, que es el Judicial”. No dejó de incorporarse a la corte de “constitucionalistas” la portavoz del clan de la Moncloaca, Isabel Rodríguez, que repetía lo que dijo su jefe en la tribuna del Congreso: “No vamos a hacer descansar nunca la gobernabilidad de nuestro país con aquellos que quieren romper España. No vamos a hablar con los que quieren partir este país”. Ni la todavía ministra de Justicia y juez, Pilar Llop: “El ciudadano Puigdemont debe presentarse ante la acción de la Justicia”. O el “agricultor” Luis Planas: “La amnistía no está contemplada en la Constitución Española”. Al igual que la ruina de Andalucía que quiere superarse arruinando España, Marisú Montero: “Es que el presidente lo dijo claramente, no va a haber amnistía, no es constitucional. Los indultos son constitucionales, el referéndum no, ni tampoco la amnistía y este gobierno no se va a saltar la Constitución”. En la misma línea de “rotundidad” constitucional se expresaba el extremeño Guillermo Fernández Varas –dobles de medir para él–: “No contemplo un gobierno con los separatistas. El PSOE no va a gobernar nunca con separatistas. Nunca, nunca, nunca…”. Todos clonando a su jefe y elector “Perro” Sánchez, como lo llama alguna prensa europea, cuando le decía a su fiel Antonio García Ferreras, el 20 de julio, tres días antes de las elecciones: “Pero el independentismo pedía la amnistía, pide un referéndum de autodeterminación. No han tenido amnistía, no hay un referéndum de autodeterminación ni lo habrá”. Y añadía: “Eso es inconstitucional, eso es ilegal, eso no tiene cabida en nuestro ordenamiento constitucional”. Lo mismo que a otra de sus periodistas más fieles, hasta hace poco, la, entonces, “asombrada” Susana Grissó, cuando le insistía: “¿Lo entiende usted como un delito de rebelión?” Y le respondía, no muy convencido: “Lo que se produjo el pasado 6 y 7 de septiembre en el parlamento de Cataluña, se puede entender como un delito de rebelión. Creo que, lógicamente, lo es”, desmintiendo a su vicepresidente, la antes citada Carmen Calvo que había dicho que “El presidente del gobierno nunca ha dicho que ha visto un delito de rebelión en Cataluña”. Y remato ese “pequeño” resumen de mentiras contradichas, con esta perla “presimiental”: «De verdad, el “racaraca” de la independencia, del referéndum. Que quieren independencia, referéndum… Hay algunas cosas por las que yo me he dado a conocer a lo largo de mi vida política ¿no? Cuando dije no fue no y les digo a los señores independentistas que nunca significa nunca»… “hasta que me hicieron falta siete votos”, debería añadir ahora, después de otro ”cambio de opinión” que lo llevó a decir ante sus entregadas huestes aquello de “En el nombre de España, en el interés de España, defiendo hoy la amnistía en Cataluña”.
Me permito, a la vista de tanta mentira, perdón, “cambio de opinión”, como decía, reproducir una parodia creada con esa, que puede llegar a ser peligrosa, inteligencia artificial, que pone en boca de Pedro Antonio este monólogo dirigido a sus fieles: «Si algo demuestran estos días de acoso que estáis sufriendo por mi culpa, es la necesidad de que este país sea gobernado por mis co…es morenos, desde mi ambición y desde los principios que siempre he defendido, que son la división, la confrontación y la mentira. En definitiva, que me su.a la po..a lo que os pase».
Y me hago la siguiente reflexión: Un sistema que permite que el 1’6 % de los votos, con una ley electoral que propicia que ese ínfimo porcentaje tenga una sobrerrepresentación ilógica, es un sistema en extinción que ninguno de los dos grandes partidos ha querido cambiar y que ha facilitado la aparición de partidos oportunistas con afiliaciones y votantes de aluvión o cabreo, que han llevado a la debilidad del bipartidismo que, nos guste o no, es lo único que, mal que bien, mejor funciona en las democracias occidentales. Pero también en eso “España es diferente” y hace bueno algo que dijo hace tiempo una persona que la conocía bien y la llevó a las más altas cotas de desarrollo industrial y social e incluso reconocimiento internacional durante el pasado Siglo XX: “En España, no funcionan los partidos políticos”. Y otra pregunta que me he hecho algunas veces, si las Cortes Generales la forman el Congreso y el Senado, ¿por qué la Constitución, en su Artículo 99.3, concede sólo al Congreso el otorgamiento de la confianza al candidato propuesto por el Rey para su investidura? En estas últimas elecciones, la mayoría absoluta del Partido Popular en la Cámara Alta –cada vez entiendo menos lo de alta (puede que se refiera a la cota topográfica, porque no veo otra “altura”)– habría evitado el esperpento democrático que tenemos hoy. Me viene a la memoria aquella amenaza/premonición del chulesco –ahora se diría “empoderado”– PabLenin Iglesias desde su escaño del Congreso, en septiembre de 2020: “Señorías, ustedes han condenado su propio futuro al caminarlo junto a la ultraderecha y se lo vuelvo a decir, se lo vuelvo a decir, no volverán a formar parte del consejo de ministros de este país”. Y lo decía el entonces líder de ultraizquierda, cuyo socio va a volver a gobernar gracias a sus pactos con las ultraizquierdas nacionalistas de BILDU y ERC y con las ultraderechas, estas más que VOX, del PNV y JUNTS.
Espero que se cumpla con Sánchez, lo antes posible, este versículo de Proverbios, 11. 3: “A los justos los guía su integridad, a los falsos los destruye su hipocresía”. Amén
Y termino, recogiendo íntegras las manifestaciones sobre la no constitucionalidad de la amnistía que hizo el pasado jueves en el programa El Cascabel, de TRECE TV, Javier Borrego, Abogado del Estado, juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y magistrado del Tribunal Supremo. Tras recordar la frase de Josep Tarradellas “En política se puede hacer de todo menos el ridículo”, añadía que «Ayer, hoy sobre todo, hemos asistido a un ridículo impresionante por parte de un presidente en funciones que, después de años de decir que la amnistía es inconstitucional, están con un informe del entonces ministro de Justicia, el señor Campo, hoy magistrado del Tribunal Constitucional, donde se dice expresamente que es imposible la amnistía en la Constitución Española. Sin embargo, ayer, parece que la Constitución ampara la amnistía. Es ridículo. ¿Cómo se puede decir que una cosa es blanca y a los tres meses negra?».
Continuaba diciendo que «El Congreso –aludió a la antigua película “El Congreso se divierte”– hace el ridículo. 179 diputados hacen el ridículo votando lo que han votado, en base a siete votos que había que conseguir. Esa proposición de ley no es que no tenga recorrido, es que es cortísimo el recorrido que puede tener. Preguntado sobre si entraría en vigor, respondía así: “Sobre el texto, después de leer varias veces la exposición de motivos, yo lo siento por mis amigos de Cádiz, pero cuando tenga lugar el concurso oficial de chirigotas para el carnaval, no habrá ningún suspense, porque el primer premio se lo va a llevar la exposición de motivos, porque es una chirigota de arriba abajo. Por ejemplo, menciona la ‘soberanía popular’, que no está en la Constitución, es la soberanía nacional de la única nación española. Pero, al margen de eso, el texto, en sí ya, la parte dispositiva, es un bodrio, pero un bodrio absoluto. A mí me contaron que cuando Moncloa y Waterloo empezaron a hablar, crearon tres grupos de trabajo. Un grupo, que le llamaban el jurídico, para redactar la PL, otro grupo para la parte financiera y la comunicación y otro que era el que se encargaba de pensar qué se podía hacer para evitar las acciones y reacciones y los tres grupos, su nivel de preparación no lo considero muy alto. Me explico, el Reglamento del Congreso establece cinco vías para hacer una iniciativa legislativa. La primera es el gobierno de la nación, la segunda el Senado, la tercera las comunidades autónomas, la cuarta la iniciativa popular y la quinta un Proyecto de Ley por grupo parlamentario. El Reglamento del Congreso dice que cuando se presente una Proposición de Ley, la Mesa del Congreso la tiene que remitir al gobierno de la nación para que diga si está de acuerdo en que se tramite. Siguiendo con el ridículo, el grupo socialista, autor de la PL, se la hace remitir a sí mismo sirviéndose de doña Francina Armengol y de sus colegas de la Mesa, para que les digan si lo que ellos mismos han hecho, les parece bien que se tramite. Pero en el Reglamento del Congreso, se dice que, si la PL tiene aumento del gasto o disminución de los ingresos, el gobierno se opondrá a que se tramite como PL y tendrá que ser Proyecto de Ley. Aquí parece que esos genios que han preparado todo esto se han olvidado del Reglamento del Congreso y de la gran experiencia de este gobierno de echar atrás las PL del grupo popular, incluso con recursos ante el TC y algunos votos discrepantes buenísimos como el del Sr. Arnaldo –que desconozco–. En la PL se eximen totalmente las sanciones y las responsabilidades contables por el 9-N y el 1-O, que son millones de euros. No pueden olvidarse de eso».
En un apretado final que el guion del presentador, Antonio Jiménez, impuso para hacerse eco del populismo que se vivía una noche más en la calle de Ferraz, sede del PSOE, fue preguntado después por posibles soluciones y dejó estas, sin que le dejasen tiempo para una más detallada explicación: «1. Menos policías en la calle y más urnas. 2. Esto no se debe tramitar como una PL y debe desaparecer. No será aprobada como PL. 3. Si se aprueba y se publica, no tendrá eficacia durante mucho tiempo. 4. El expresidente de la Generalidad, Puigdemont, muy probablemente, no puede ser objeto, en suma, de ningún tipo de amnistía porque va a serlo de un delito de blanqueamiento que no está ni contemplado ahí. Es que es todo aberrante, imposible».
¡Ojalá sea así! Y veamos pronto decaer esta aberración democrática y constitucional. De momento, la masiva afluencia a las concentraciones en contra de la amnistía, alimenta cierta esperanza que ya veremos si la concretan el hasta ahora ausente y serio Rey Don Felipe VI, el Tribunal Supremo y el Tribunal Europeo, después de que la próxima semana se celebre el Pleno del Parlamento Europeo solicitado por el GPP para tratar del triste espectáculo antidemocrático español, que pretende acabar con la separación del Poder Judicial, único de los tres que no está, todavía, en manos del ejecutivo.
Al soporífero y previsible debate de investidura, que más parecía una moción al líder del Partido Popular, habrá que dedicarle un rato otro día.
