Crónicas de suciedad. Por Antonio E.

Crónicas de suciedad

«El dictador ni siquiera ha respetado la ceremonia principal de su propia investidura, la que se celebró hace ya unos días en el cubil del forajido Pigdemont»

Vaya por delante que el que suscribe considera a Pedro Sánchez presidente ilegítimo, y culpable de corrupción política por fraude electoral. No podemos admitir que este sujeto esté perpetrando, únicamente por lucro personal, lo que no llevó en su programa electoral. Máxime cuando lo estuvo negando hasta dos días antes de la celebración de las elecciones del pasado 23 de julio del corriente, de lo cual existen numerosas declaraciones suyas en medios de prensa audiovisual y escrita. 

De la ceremonia de investidura del dictador Sánchez, poco y malo puede extraerse, tan solo unos detalles que a nadie le han podido pasar desapercibidos, a no ser a los propios palmeros socialistas. Digamos que ninguno de ellos aspiraría a nada que no fuera vegetar lánguidamente en cualquiera sabe dónde, hasta fenecer por inanición conceptual dada la extremada carencia de todos y cada uno de ellos, de algo que desconocen, integridad. Por sus gestos les reconoceréis, a estos individuos les tenemos ya muy calados. 

El dictador ni siquiera ha respetado la ceremonia principal de su propia investidura, la que se celebró hace ya unos días en el cubil del forajido Pigdemont. Lo que hoy hemos visto es el VAR enlatado con los mismos aplausos desaforados de siempre, las mismas caras abotagadas y los mismos gestos de reconcentrado odio a los que nos tienen acostumbrados. El más fiel exponente ha sido Pachi López, el mismo que dijo al hoy su amo, “…Pedro ¿pero tú sabes que es una nación”? Hoy día el tal Pacho o Pachi oficia como ujier del que hasta antes de ayer odiaba. Y es que Pedro llama a sus pies a todos los que de una forma u otra le humillaron. ¿Será tal vez por usarlos como kleenex como dijo el tristemente célebre Aitor Esteban? Será. 

Y llegó el Rufián, como de costumbre dejándose caer sobre la barra (vulgo tribuna de oradores). Le faltó pedir un cubata un platillo de olivas y unos calamarcitos fritos. Fiel a su necia costumbre soltó sus bobadas, su farfolla y cómo no, su amenaza. El felón recobró el color cerúleo y mortuorio de siempre, se desató el nudo de su corbata, le vino el sudor frio, la boca seca y para más inri le empezó a picar la garganta. Apretón tremebundo, escozor en las nalgas, tanta fachada para qué, si a la menor se caga. Pasó el apretón, al ver cómo el Rufián acababa. ¿Pero no estaba todo atado? Aun así, el despreciable dictador temblaba. Sánchez se había convertido de repente en un gran rollo de papel higiénico, a merced de cualquiera que quisiera usarlo, para lo que le plazca. 

Vayamos con la ínclita y firme Miriam Nogueras, la valerosa y fiel escudera del comedor de bivalvos percebes y berberechos, el sublevado huido Pigdemont. ¡Qué bochorno tan incalificable ver como Sánchez hincaba la cerviz y se humillaba! ¡Qué espectáculo tan inenarrable ver al gran inútil leyendo literalmente a la fuerza la nota que minutos antes le había escrito la misma indepe catalana! ¡Qué satisfacción tan grande! ¡Qué orgullo más rastrero el de los paniaguados de la izquierda extrema, viendo cómo su héroe de pacotilla palidecía, lívido y descompuesto ante la posibilidad de no ser votado! Sólo los cobardes ceden, sólo los caguetas tragan. Si ya había sido ungido por el mamarracho mejillonero, ¿por qué tenía tanto miedo? Tanta fachada, tanto físico, tanta mandanga, y he aquí que, a las primeras de cambio, el felón va y se caga. 

Feijóo estuvo magnífico, le metió al felón diez goles por la escuadra, seis de chilena, uno de tacón y hasta otro de espaldas. Lo triste es que el dictador es como una estatua de tungsteno, una fétida efigie acorazada. No oye nada, no razona, sólo calla, es como una piedra pelona, un trozo de nada. Cuando le toca hablar brama, barrita muge vocifera y hasta bala, luego echa espumarajos y amenaza. Le vimos reírse de Feijóo, parecía que relinchaba, se reía extemporáneamente. ¿De qué se ríe este canalla? 

Este individuo ni siente ni padece, no escucha no razona no discute no habla. Hasta que Feijóo no entienda que tiene que medirse con un miserable, inmune a todo lo que se le diga por más que se trate de razonar con él, el jefe del PP, no avanzará ni un milímetro en su largo y tortuoso camino hacia la presidencia del gobierno.  

Abascal estuvo soberbio, es de lejos el mejor delantero centro de la derecha, directo y conciso, sin concesiones inútiles a la galería. Cabal y certero, dijo lo que muchos quisiéramos decir al genuflexo monclovita. Sólo tuvo un fallo, irse con su grupo, sin haber usado el turno de réplica y haber entrado directamente en confrontación con la tal Paca Armengol. Haber usado sus últimos tres o cinco minutos para decir las palabras que en el anterior turno le habían censurado. Con esta chusma hay que actuar fría y calculadamente, templado y con seguridad, algo que a Santiago Abascal le faltó. Necesitamos a la oposición en su sitio, donde los podamos ver y oír defendiendo a España, la calle estará siempre ahí, para cuando haga falta. 

De repente apareció Yolanda, cabellera al viento seguido de sus ya clásicos movimientos espasmódicos. Nada interesante aparte del modelito que llevaba. Predecible y servil hasta el aburrimiento, alguien debería decirla lo ridícula que queda tratando de balbucear palabras que no entiende. De insufrible verborrea, francamente inservible, herrumbrosa y avinagrada.  

Llegó el turno de ETA, más de lo mismo sin decir lo que van a llevarse, aunque lo suponemos, todas las ratas a casa. Por parte del dictador, dulzura caritas caricias y guiños varios. ¡Qué triste y qué repugnante es ver a todo un presidente del gobierno de España lamer las botas de la portavoz de Ternera! ¡Qué asco das canalla! 

Del resto de intervinientes, la irrelevancia personificada. Que grotesco es ver a Coalición Canaria rendida ante el que nunca cumplió con los hermanos canarios. Digna y valiente, como siempre, la actuación de Unión del Pueblo Navarro. No me olvido del diputado gallego, de él prefiero no decir nada.  

Capítulo aparte merece Francisca Armengol, de profesión sus censuras. Que sirvienta más atenta, que criada más aplicada, nadie como ella podrá servir mejor a su amo, o como limpiabotas, o como alumna aventajada. El espectáculo que viene dando desde que fue (certeramente) escogida, ha mancillado la alta misión de la presidencia del Congreso de los Diputados, hoy gracias a ella y a su amo, reducido a vulgar tasca.  

Las instituciones o se preservan y respetan, o pasan a ser menos que nada. En ningún caso pueden ser prostituidas pisoteadas y despreciadas. 

 

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

Artículos recomendados

Deja un comentario