“Las Siete Sillas” en Mérida. Por Susana del Pino

“Las Siete Sillas” en Mérida

«Para conmemorar los descubrimientos del teatro y anfiteatro, en 2001 se creó al otro lado del río El Parque de las Siete Sillas»

   Cuando paseamos por un pueblo o ciudad a menudo vemos un nombre que se repite en negocios, plazas o calles y normalmente es en honor al patrono, fundador de la localidad o a una devoción mariana como ocurre por ejemplo en Granada con la Virgen de Angustias o San Rafael en Córdoba. En Mérida se repite el nombre de Santa Eulalia (292-304), una joven de familia cristiana que se enfrentó a las autoridades romanas en la entonces llamada Augusta Emerita, actual ciudad de Mérida en España, tras las órdenes dictadas por Diocleciano de perseguir  a los cristianos. La joven fue martirizada y en el lugar donde finalmente murió presa de las llamas se construyó una pequeña ermita, conocida por los emeritenses como el Hornito

 

  La primera vez hace ya muchos años que visité Mérida me llamó la atención leer en repetidas ocasiones, además del nombre de la Santa ya mencionada, Las Siete Sillas. No le presté mucha atención al principio pero pronto intuí que había alguna historia detrás de aquellas tres palabras. Hoy en día, en seguida se acude al teléfono portátil para encontrar una respuesta y tenerla de inmediato, pero hace años no era así, por lo que  se recurría con más frecuencia que ahora a preguntar a los lugareños, quienes encantados nos cuentan la historia con entusiasmo, orgullosos de formar parte de ella de la que se sienten también protagonistas. Eso me fascina y a pesar de la tecnología yo lo sigo haciendo cuando viajo, ese contacto me enriquece, así que con curiosidad, me acerqué a ellos y me contaron la historia de “Las Siete Sillas”.

 

  En una amplia zona cercana a donde hoy en día se ubica el Museo Nacional de Arte Romano, que bien merece una visita, existía un amplio terreno cultivado en el que tan solo se  podían ver siete grandes bloques dispuestos en forma semicircular que sobresalían de la superficie. Una antigua leyenda decía que eran los tronos de siete gobernantes musulmanes donde se sentaban para deliberar y tomar decisiones sobre los aspectos importantes que concernían a la ciudad. Además de esta leyenda desde el siglo XV pasaba de generación en generación el relato sobre un gran tesoro oculto bajo tierra en ese mismo lugar y esto llevó a muchos a intentar excavar en busca de aquel maravilloso regalo escondido, de manera que era tal el ímpetu por encontrarlo que se producían cada vez más excavaciones ilegales por lo que el Ayuntamiento tomó cartas en el asunto y las prohibió.

Patrimonio de Mérida

  Aunque ya a finales del siglo XIX comenzaron algunas tímidas excavaciones en la zona, no será hasta 1910-1912 cuando se lleven a cabo de manera mucho más formal y efectiva. Había constancia de la notoriedad de la ciudad en época romana como importante centro político y administrativo además de los numerosos restos romanos que aparecían en cualquier excavación, a veces no muy profunda, de la ciudad extremeña. Los trabajos se llevaron a cabo bajo la dirección del arqueólogo José Ramón Mélida (1856-1933)  con la decisiva colaboración del historiador emeritense Maximiliano Macías (1967-1934) que trabajaron con gran interés y entusiasmo en el Plan de Excavaciones programado para salvaguardar el patrimonio arqueológico de la ciudad, su labor fue esencial para sentar las bases de lo que hoy en día supone el interesante Conjunto Monumental de la ciudad de Mérida, Bien Cultural desde 1912 y declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco en 1993.

 

 El anfiteatro romano que hoy podemos contemplar en Mérida junto al teatro contiguo estuvieron durante siglos enterrados bajo toneladas de tierra, los siete bloques que sobresalían eran parte de lo que se conoce como la Cavea Summa del anfiteatro. Se utilizaron hasta el siglo V y a partir de entonces  fueron despojados de muchos elementos decorativos y materiales utilizados para nuevas construcciones, sirvieron de escombreras y  sepultados con el tiempo, algo que ha ocurrido en otros yacimientos rescatados en muchas localidades como en Málaga, donde para construir la Alcazaba se destruyó gran parte del teatro romano cubriéndose por completo y recuperado afortunadamente a finales del siglo XX.

Teatro romano, Mérida

    El Teatro se construyó en el año 8 a. C. aprovechando la pendiente natural del Cerro del Albín, tenía una capacidad para quince mil personas, dieciséis entradas llamadas vomitoria, dos tribunas, una para autoridades y otra para los que financiaban los juegos y la Cavea con tres zonas diferenciadas para el público, Ima, Media y Summa. En él era donde se celebraban los juegos, tradición muy arraigada en el mundo romano y de la que el pueblo era muy entusiasta, se accedía gratuitamente a ellos y duraban normalmente un día completo con excepciones en las que por el ascenso de un emperador, una conquista importante u otros acontecimientos relevantes podían prolongarse durante días, los juegos tenían una intención propagandística por parte del  gobierno que sabía que así contentaba al pueblo y los tenía de su parte.

 

   Los gladiadores, que protagonizaban los combates entre ellos y se enfrentaban a las fieras, eran en su mayoría esclavos o prisioneros de guerra que en ocasiones podían obtener la libertad, también entre ellos había hombres libres ya que esta ocupación les permitía  ganar bastante dinero si conseguían triunfos, sobre todo en los mejores años del Imperio. Existía la Escuela de Gladiadores en las que los llamados Magistri (maestros) además de instruirlos los seleccionaban para luchar. Existían varios tipos de combate y se podían utilizar distintas armas aunque la más común era la conocida como gladius que significa espada corta; la preparación duraba tres años tras los cuales se licenciaban. Los juegos, las representaciones teatrales, y una vida muy activa tenía lugar en esta ciudad cuyos orígenes se remontan al año 25 a. C. y que llegó a ser una de las más importantes ciudades de la Hispania romana.

 

   El emperador Octavio Augusto eligió un enclave con buena posición, fértil y con un clima benévolo para su fundación. En un principio nació como una zona de retiro para militares ex-combatientes, ya veteranos, llamados eméritos y de donde proviene el nombre que se  asignó al primitivo núcleo de población, Augusta Emérita, que fue creciendo paulatinamente hasta convertirse en la capital de la provincia romana de Lusitania, lo que hoy constituye la ciudad de Mérida (España). La población aumentó  y la ciudad que iba adquiriendo cada vez más relevancia, fue dotada de una infraestructura importante como muestran los distintos edificios que han sido rescatados a lo largo de los años. La colonia  se convirtió en una próspera ciudad y un centro jurídico, administrativo y político decisivo en el mundo romano. 

 

  En el siglo VIII la ciudad cayó bajo el poder de los musulmanes y durante un largo periodo se sucedieron enfrentamientos que la llevaron a un paulatino declive hasta la conquista en 1230 por parte del rey Alfonso IX de León (1312-1350).  Comienza a recuperarse poco a poco y en el reinado de los Reyes Católicos recobró la notoriedad política, apoyó la colonización americana y colaboró con la aportación de más de doscientos hombres fundando dos nuevas ciudades con el mismo nombre en Venezuela y México respectivamente, contando para ello con el apoyo de la Orden de Santiago

 

  A partir de entonces la ciudad de Mérida ha sufrido al igual que el resto de España las vicisitudes  de la historia. En cuanto a los restos arqueológicos se han producido robos como consecuencia de la ocupación francesa en el siglo XIX, la desamortización de Mendizábal, la nueva ordenación urbanística que tuvo lugar en las ciudades con los llamados “ensanches” o la Guerra Civil en 1936 . Desde 1983 es la capital de Extremadura y tiene un importante papel en la industria de la región.

 

  Los descubrimientos no finalizan en la bonita ciudad de Mérida, donde cualquier propiedad en la que se quiera construir aporta algún elemento romano, algo que ha hecho que el municipio se haya convertido desde hace más de cien años en un lugar fascinante para arqueólogos e historiadores que saben la riqueza que aún existe bajo sus calles a la espera de ser descubierta. En 2023 hemos asistido a un importante hallazgo que ha fascinado a todos los amantes de la historia y la arqueología, unas termas donde se encuentran La Torre del Agua y  La Casa del Anfiteatro, dos de las casas más importantes de la que fue Augusta Emerita,  construidas a finales del siglo I de nuestra era y sobre las que se construyó una necrópolis en el siglo IV.  Los baños, según el historiador y director del Consorcio Monumental de Mérida, Félix Palma García (1968), presentan un buen estado de conservación y  afirma que son «de un tamaño descomunal para lo que es una casa romana normal«. 

Museo Nacional e Arte Romano, Mérida

   El hallazgo de los restos romanos que iban apareciendo en la ciudad de Mérida fue objeto de admiración sobre todo durante el renacimiento, época en la que se admiraba la civilización grecorromana y muchos elementos decorativos de templos y edificios   se utilizaron para los palacios que algunos nobles, fascinados por la cultura romana, mandaron construir. Esto también ocurría en las ciudades donde los ayuntamientos se hacían eco de la importancia de los restos arqueológicos y del auge que empezaba a tener el deseo de coleccionar objetos procedentes de las excavaciones. Ese afán coleccionista fue creciendo en siglos posteriores en los que nobles y familias de la alta burguesía iban adquiriendo sus propias piezas creando colecciones privadas de gran valor que en muchos casos fueron donadas posteriormente  a instituciones municipales o estatales.

 

  La creación de futuros museos en toda Europa en los que mostrar piezas arqueológicas tendrá un precedente en la ciudad de Mérida, donde se creó un Jardín de Antigüedades en 1742 por la iniciativa del fraile Domingo de Nuestra Señora del Convento de Jesús (¿?-1764) con el apoyo del médico y estudioso de la arqueología Agustín Francisco Forner y Segarra (1718-1785) que muy involucrados en preservar los restos que se hallaban diseminados por la ciudad decidieron reunirlos en un espacio junto a la Alcazaba. Hace pocos años, el Consorcio Monumental de Mérida ha reestructurado este Jardín de las Antigüedades creando un nuevo espacio expositivo con el objeto de presentarlos en un recorrido ordenado y atractivo para el visitante.  

 

  A partir de los descubrimientos de Herculano (1738) y Pompeya (1748) se produce un cambio importante en cuanto a la manera en la que se valoran los restos encontrados y mostrando más interés por el conjunto en sí a la vez que se toma conciencia de la relevancia que estos descubrimientos tienen para el estudio de la historia.

Acueduccto de los Milagros, Mérida. Gustave Doré, 1874

  Para los viajeros del siglo XIX, que evocaban de nuevo la antigüedad clásica, los hallazgos arqueológicos son una fuente de inspiración aunque en muchas ocasiones expresan su descontento ante la situación de abandono en la que se encuentran. Mérida, sus ruinas y su pasado romano han influido en pintores, escritores y artistas en general  como en Mariano José de Larra (1809-1837) que  la ensalza en sus artículos, Antonio de Nebrija (1441-1522) impresionado por la grandiosidad del pasado de la ciudad que la cita en su poema De Emerita Restituta  o Gustavo Doré (1832-1883) que realizó unos bonitos grabados, entre ellos El Acueducto de los Milagros.

 

  La ciudad de Mérida nos ha dejado un importante legado romano, puentes, acueductos, pórticos, viviendas, baños o templos además del teatro y el anfiteatro forman parte de su historia. El Museo Nacional de Arte Romano es excepcional, obra del arquitecto Rafael Moneo (1937) recopila muchas obras desde su fundación hace ciento setenta y cinco años cuando fue creado y ubicado en otra sede a partir de una modesta colección. Pertenece también al Museo, en otro edificio, otra exposición de arte visigodo que junto a la de Toledo es la más destacada de este periodo en España.. El Museo está en continuo crecimiento con buenas perspectivas de futuro en cuanto a nuevos fondos ya que la colección se va incrementando con los años.

Monolitos del escultor Rufino Mesa en el Parque de las Siete Sillas, Mérida.

  Para conmemorar los descubrimientos del teatro y anfiteatro, en 2001 se creó al otro lado del río El Parque de las Siete Sillas, un bonito espacio verde para el ocio en el que se colocaron las esculturas de siete monolitos dispuestos en hilera del escultor Rufino Mesa Vázquez (1948) y realizados en bronce con huecos en los que se apilan  libros, a modo de biblioteca; un homenajee a ese tesoro escondido durante años tan presente en la historia de la ciudad.

 

  Además del pasado romano, la ciudad presenta un rico patrimonio tanto civil como religioso de siglos posteriores. En su conjunto, Mérida es una ciudad evocadora en la que la historia pesa, una historia que apreciamos al pasear por sus calles y que sentimos caminando por ellas, pues hay todavía mucho de ese pasado romano que no ha salido a la luz, un tesoro de nuestra cultura. Una ciudad a la que siempre gusta volver y donde siempre habrá un nuevo descubrimiento que admirar.

    

 

                                                                                                           

 

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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