
«Lamentablemente la artrosis cerebral de nuestro actual mandatario no parece tener cura, pero ni por H, ni por B. Una pena»
Han pasado ya sesenta y ocho años, menos unos pocos días, desde que nací allá lejos en el tiempo, en concreto, en el año mil novecientos cincuenta y cuatro. Este mes al final de Noviembre, si nadie pone trabas, cumpliré el octavo año perteneciendo al grupo de los sesenta añeros. Es curioso, porque si no fuera por la artrosis, que también puede padecerse a cualquier edad, podría sentirme como si fuera a cumplir veinte. Realmente la única diferencia es que hoy sabría hacer muchas cosas que en la lejanía de la juventud, no sabría hacer. Esto confirma el refrán tan Español que dice: “más sabe el Diablo por viejo que por Diablo”.
Antes muchas ideas y acciones de otros, no acababa de entenderlas. Hoy algunas las entiendo e incluso las haría mías si pudiera. Nunca se sabe cuando vas a morir, pero la media de vida en España para los hombres está en torno a los ochenta años, mucho más para las mujeres que pueden alcanzar con toda facilidad los ochenta y nueve o más. Pero no nos pongamos trágicos, mi familia es longeva en general y casi ningún antepasado ha muerto antes de los setenta y ocho años. La mayoría los superó con creces.
La verdad no sé por qué me ha dado hoy por hablar de este tema, asumo la muerte como algo que es connatural a la vida. La idea de ser eterno es horrorosa. No sé si alguien habló de esto, creo que Borges y desde luego dejó claro lo insufrible que puede ser. Saber que tu vida tiene un final es lo que la hace aceptable, valorable y valorada, si fuéramos eternos, perderíamos nuestro valor con el paso de los años. Porque al estar de vuelta de todo, la vida llegaría a ser insoportable y aburrida.
No hay nada como no saber que algo que ocurra mañana, no ha sucedido nunca. Esto está reñido con la frase que dice “no hay nada nuevo bajo el sol”. Realmente casi cualquier cosa que pueda suceder en nuestras vidas ya les ha pasado antes a otros seres humanos. Es bueno que sea así y que además lo sepamos, es lo que hace a los seres humanos diferentes del resto de seres vivos.
Ser conscientes de nuestra propia caducidad aporta valor a lo que hacemos. Si no fuéramos conscientes de que un día dejaremos de ser nuestra existencia sería como la de cualquier otro ser vivo. Al no tener necesidad de que nuestra huella sea intuida o apreciada por otros iguales, carecería de utilidad la creatividad que es quizás lo único que puede dar continuidad, aunque efímera, en el plazo de los siglos, a tu pasar por la vida como ser humano definido, alejado del grupo. La otra vertiente es la historia porque engloba la humanidad como un todo dentro del devenir de la especie.
No sé por qué hoy me ha dado por ponerme en esta tesitura, será porque me siento despreciado, junto a cientos y miles de nosotros, por la actitud despectiva del presidente de nuestra nación, que debe respetarnos y gobernar para todos los Españoles y no de manera excluyente haciendo valer más a los que le votaron que al resto. Como individuo egoísta puede hacerlo, pero como presidente de la nación no, porque tan importantes son los que le han votado, como los que no.
Hay veces en que nos hacen sentirnos un cero a la izquierda, pero puedo pensar que no, que no hay porque sentirse una nada, porque de facto no somos nada, somos disidentes con el resto de la sociedad y esto nos conduce hasta otro refrán que me acabo de inventar: “No porque a las moscas les guste la mierda tengas que ir a comerla tu también”. Solo hay un pero, y ese pero es evidente, cada día está menos presente el pensamiento crítico. Me da la sensación de que mientras no se recupere una enseñanza infantil, juvenil y universitaria, libre de doctrinas, dirigidas casi siempre por la izquierda, el problema de la falta de criterio seguirá afectando a todo el personal que habita por estos lares.
Eso sí el Presidente Sánchez, menudo presidente es ¡eh! Es capaz de tomar las riendas del problema Palestino Israelí por los cuernos y retorcerlos, lamentablemente sin que esto sirva para nada como es apreciable, porque el «no es no», le aparta de las grandes cosas como las que pudo hacer Zapatero, que al acercarse a Obama producía una conjunción planetaria de no te menees, según alguna dirigente socialista, de cuyo nombre no quiero acordarme, debe de ser porque han pasado ya sesenta y ocho años menos unos pocos días desde que nací allá lejos en el tiempo, en concreto, en el año mil novecientos cincuenta y cuatro.
Este mes al final de Noviembre, si nadie pone trabas, cumpliré el octavo año perteneciendo al grupo de los sesenta añeros. Es curioso, porque si no fuera por la artrosis, que también puede padecerse a cualquier edad, podría sentirme como si fuera a cumplir veinte. Lamentablemente la artrosis cerebral de nuestro actual mandatario no parece tener cura, pero ni por H, ni por B. Una pena.

