El Quijote en verso: Homenaje a la memoria de Miguel de Cervantes. Por Susana del Pino

Para ti papá, en el aniversario del último viaje de tu vida. Te amo. 
Miguel de Cervantes (1547-1616). Retrato atribuido a Juan de Jáuregui

«La diferencia de la obra de Enrique del Pino con otros trabajos en verso sobre El Quijote es la minuciosidad con que está realizada la versificación del texto íntegro de la obra»

La novela más notoria del escritor nacido en Alcalá de Henares Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), Las aventuras del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha es una de las obras más relevantes de la literatura universal. Su protagonista, don Alonso Quijano, decide hacerse caballero andante tras leer incansablemente novelas de caballería, lo que le hace perder la cordura. Delgado, alto, con barba, bigote y piel pálida se ha convertido en un mito de la literatura universal. La bella Dulcinea, que es en realidad una labradora bien parecida, es quien le inspira en sus aventuras y a quien el hidalgo le dedica sus hazañas, acompañado del fiel escudero Sancho Panza y a lomos de su caballo Rocinante se adentra por las tierras de España en pro de la justicia y la libertad con el propósito de ayudar a los más desfavorecidos.

 

  Cervantes en un principio utiliza la figura de Alonso Quijano para  ridiculizar los libros de caballería cuyo estilo estaba ya anticuado y resultaba artificioso y redundante, sin embargo paulatinamente se va adentrando en una historia que cada vez va adquiriendo más cuerpo y  con la que Cervantes puede abordar la crítica social que, unido a los diálogos entre Don Quijote y Sancho con reflexiones y pensamientos sobre el comportamiento humano, hace que el pueblo se reconozca en la obra y dan como resultado una obra única y brillante. La obra consta de dos partes, la primera publicada en 1605 que tuvo gran acogida y la segunda en 1615. Ha sido una de las obras más traducidas en la historia de la literatura y es considerada la primera novela que aporta elementos que definen la narrativa moderna.

Enrique del Pino

  Se cumple el 12 de diciembre de este año 2023 el aniversario del fallecimiento del escritor malagueño Enrique del Pino Chica (1940-2022), del que tengo el inmenso orgullo de ser su hija, y he querido en esta fecha tan especial escribir una sencilla reseña en su memoria sobre una de sus obras, El Quijote en verso, que como bien decía él mismo, “Es mi pequeño, modesto homenaje a la memoria de don Miguel de Cervantes Saavedra”.

  

  Desde niño sentía una gran atracción por la obra de Cervantes y en 1998 y 2000 se publicaron respectivamente la primera y la segunda parte de esta obra en la que trabajó con dedicación y entusiasmo. En 2014 fue de nuevo editada con algunas correcciones y se incluyeron los versos preliminares que aparecen al inicio de la novela, que no se publicaron en la primera edición.

                            

  Enrique del Pino presenta una nueva forma de abordar la obra mediante el verso. Hay otros trabajos publicados anteriores que también versifican la gran novela de Cervantes,  pero lo que hace diferente la obra de Enrique del Pino de otros trabajos en verso sobre El Quijote es la minuciosidad y cuidado con que está realizada la versificación del texto íntegro de la obra, siendo fiel al relato de Cervantes sin omitir o acortar un solo párrafo, cualquier obra versificada de la novela, utilizando la misma estrofa pero con diferentes palabras, no es más que una copia de la obra de Enrique del Pino.

 

Sobre la gran obra de Cervantes se ha dicho y escrito casi todo, El Quijote en verso de  Enrique del Pino es una paráfrasis de la novela, expresa el mismo contenido pero con diferente estructura sintáctica, supone una recreación literaria solamente en la forma y es por esto  por lo que debe ser valorado, algo que ha ocurrido a lo largo de la historia de la literatura y en ningún caso se debe pensar que exista pretensión alguna de anular, restar importancia o postergar el original.

 

   A continuación transcribo el texto original de  Miguel de Cervantes correspondiente al primer párrafo de la novela  hasta el verso 200 en la obra realizada por el escritor malagueño.

Don Quijote y Sancho, Gustave Doré. 1863.

CAPÍTULO 1

Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la Mancha 

     

   En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían syo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una

 ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Quiijana. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél  no se salga un punto de la verdad.

 

  Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más de año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su cuiosidad y desatino en ésto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en qué leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva; porque la calidad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer esos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: “La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura”. Y también cuando leía: …” los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente on las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora  del merecimiento que merece la vuestra grandeza”.

 

 Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por enteenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello………….

El Quijote en verso

 EL QUIJOTE EN VERSO  

Enrique del Pino   

Enrique del Pino

CAPÍTULO 1                      

Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la Mancha

     

Digo, pues, que en un lugar                                        

            de la Mancha, en un paraje                                            

            de mucho campo y paisaje                                               

            cuyo nombre, a mi pesar                                                 

5          no consigo recordar,                                                        

            no hace mucho que vivía                                   

            un hidalgo que tenía                                                                                 

            condición de caballero,                                                     

            el cual, en el astillero,                                         

10        colgaba la que decía                                                          

 

            era su arma más lucida.                                           

            Una lanza estrecha y larga

            que, junto con una adarga

            antigua y fortalecida,

15        hacían que su triste vida

            transcurriese dulcemente.

            Un rocín flaco y paciente

            y un galgo obediente y manso

            entretenían su descanso

20        día tras día, continuamente.

            Olla grande, a la sazón,

            de algo más vaca sabrosa

            que carnero, o de otra cosa,

            aunque fuera salpicón

25        o mera figuración

            al acabar la jornada.

            Los sábados, buena hornada

            de guiso propio de santos,

            léase duelos y quebrantos;

30        los viernes, una colmada

            ración de ricas lentejas;

            y ya sin plumaje y mohíno

            algún magro palomino

            los domingos; dietas viejas

35        provenientes de consejas

            con que daba cobertura

             a lo que era en estrechura

             los tres cuartos de su hacienda.

             El resto fuera una prenda

40         llamada en toda su hechura

               sayo de negro velarte,

            unas calzas de velludo

            con pantuflos de lanudo     

            que usaba de medio a parte

45        y un vellorí de buen arte

            que a las frescas alboradas

            de aquellas tierras heladas

            daba cumplida respuesta.

            Tenía en la casa una honesta

50        ama, que por las pisadas  

            y su afán por el trabajo,

            solía olvidar que ya había 

            cumplido, con demasía,

            los cuarenta. También bajo

55       su cuidado y desparpajo

            tenía una linda sobrina

            de silueta hermosa y fina

            que atesoraba el estado

            de no haber sobrepasado

60        los veinte, cosa divina

            que a nadie disgustaría

            por su sin par cualidad,

            Un mozo de buena edad

            y bien dispuesto tenía

 65       para el trabajo del día,

            el cual con el mismo esmero

            lustraba al rocín entero

            que después la podadera 

            manejaba a su manera.

70        Los cincuenta el caballero

            contaba sin remisión

            y es notorio y conocido,

            que a su rostro condolido 

            y tristísima expresión

75        unía la disposición

            de luchador justiciero.

            Dícese que era celero

            en madrugar, pues solía

            practicar la cacería

80        en su dominio campero.

            Dicen también que no quiso

            partir con persona alguna

            su negocio, pues ninguna

            falta le hacía, y compromiso

85        nunca tuvo. Fue impreciso

            en dar forma al apellido

            porque pudiendo haber sido

            Quijada o Quesada había

            conjetura que decía

90        que era Quijana, y es sabido

            que esta cuestión ha  quedado

            resuelta, pues no interesa

            al lector. Mucho más pesa

            saber que este recitado

95        fue compuesto y aderezado

            por el autor porque viera

            que era cosa verdadera

            que en algún tiempo ocurrió.

            Y en este punto pensó

100      no entretener más la espera.

               Hora es ya de conocer

            que este hidalgo caballero

            se procuró con esmero

            y con no menos placer,

105      para llenar y distraer

            los ratos que estaba ocioso

            -que eran los más del penoso

            y siempre atribulado año-,

            unos libros que, de antaño,

 110     rodaban de coso en coso

            entusiasmando a la gente.

            Eran de caballería,

            como entonces se decía,

            y a beber en esta fuente

115      puso la vista y la miente

            con tanta afición y prisa

            que no tuvo en la repisa

            lugar para tanto escrito;

            tanto leyó a lo erudito

120      que se olvidó de ir a misa

            y de ejercitar la caza,

            aunque con ser esto cierto

            fuera más el desconcierto

            administrando la hogaza.

125      Tanto mudose en carnaza

            del voracísimo empeño

            que se convirtió en un leño

            sin palabra y sin sentido

            llegando, al fin, decidido,

130      a venderle a mejor dueño

            buena parte de la tierra

            que tenía de patrimonio.

            Bien pudo ser el demonio

            quien le llevase a la sierra

135      a buscar libros de guerra

            y de aventuras sin par;

            así consiguió agregar

            a su prieta librería

            los que de caballería

140      le fue posible encontrar.

            De todos sacó provecho

            y a todos violes ingenio

            pero los que hiciera un genio

            con verbo recto y derecho

145      dejaron huella en su pecho

            por su tenor soberano;

            fueron los de Feliciano

            de Silva, poeta famoso

            y cronista minucioso

150      de lo divino y lo humano.

            Le pareció al caballero

            tan clara y limpia su prosa

            que no imaginó otra cosa

            de mérito más entero;

155      y en sus versos…¡ qué reguero

            de razones intrincadas

            en espléndidas baladas

            de requiebros, de amoríos,

            de lances y desafíos!

160      Fueran perlas ensartadas

           o estrellas del firmamento,

            alhajas más exquisitas

            halló plasmadas y escritas

            en la lápida del viento;

165      sirva de muestra este cuento:

            “ Razón de la sinrazón

            que se hace a mi razón,

            mi razón de tal manera

            enflaquece, rompe, altera

170      que me quejo con razón

            de la vuestra fermosura…”

            Y no solo esto; beldad

            debió Silva, en propiedad,

            tener cerca y en hartura

175      para hilar literatura

            con tanta delicadeza;

            digan, si no, si la pieza

            que viene a continuación

            serviría para canción

180      por su extremada belleza:

            “… altos cielos, nubes bellas

            de la vuestra intimidad,

            divinamente, es verdad 

            que las divinas estrellas

185      os fortifican en ellas

            y os hacen merecedora

            de merecimiento ahora,

            tanto como el que merecedora         

            vuestra grandeza, que mece

190      la mar al brillar la aurora…”

            Era con estas razones 

            de escritor de fuste y fuero

            cómo el noble caballero

            acallaba las pasiones,

195      pues por mor de estas cuestiones

            levantábase dormido

            con riesgo de caer herido.

            Ni Aristóteles en paz

            hubiera sido capaz

 200     de entender el sinsentido.

   

     

El Quijote en verso. Parte II

                

  Quiero en todo caso reivindicar el trabajo de Enrique del Pino, El Quijote en Verso, como obra original, tanto por la construcción y la elección de la estrofa, como por su fidelidad al texto. Aunque habrá opiniones de todo tipo, como es natural, es un trabajo extraordinario y realizado desde la más profunda admiración a la brillante novela cervantina, construida en décimas, estrofa que se conoce como décima espinela, llamada así por el escritor Vicente Espinel (1550-1624), cuenta con un total de trece mil estrofas y  ciento veinte nueve mil ochocientos diez versos exactamente. Una nueva forma de abordar la lectura de la brillante y universal obra de Miguel de Cervantes.

 

                                                      

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

Artículos recomendados

Deja un comentario