Para ti papá, en el aniversario del último viaje de tu vida. Te amo.

«La diferencia de la obra de Enrique del Pino con otros trabajos en verso sobre El Quijote es la minuciosidad con que está realizada la versificación del texto íntegro de la obra»
La novela más notoria del escritor nacido en Alcalá de Henares Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), Las aventuras del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha es una de las obras más relevantes de la literatura universal. Su protagonista, don Alonso Quijano, decide hacerse caballero andante tras leer incansablemente novelas de caballería, lo que le hace perder la cordura. Delgado, alto, con barba, bigote y piel pálida se ha convertido en un mito de la literatura universal. La bella Dulcinea, que es en realidad una labradora bien parecida, es quien le inspira en sus aventuras y a quien el hidalgo le dedica sus hazañas, acompañado del fiel escudero Sancho Panza y a lomos de su caballo Rocinante se adentra por las tierras de España en pro de la justicia y la libertad con el propósito de ayudar a los más desfavorecidos.
Cervantes en un principio utiliza la figura de Alonso Quijano para ridiculizar los libros de caballería cuyo estilo estaba ya anticuado y resultaba artificioso y redundante, sin embargo paulatinamente se va adentrando en una historia que cada vez va adquiriendo más cuerpo y con la que Cervantes puede abordar la crítica social que, unido a los diálogos entre Don Quijote y Sancho con reflexiones y pensamientos sobre el comportamiento humano, hace que el pueblo se reconozca en la obra y dan como resultado una obra única y brillante. La obra consta de dos partes, la primera publicada en 1605 que tuvo gran acogida y la segunda en 1615. Ha sido una de las obras más traducidas en la historia de la literatura y es considerada la primera novela que aporta elementos que definen la narrativa moderna.

Se cumple el 12 de diciembre de este año 2023 el aniversario del fallecimiento del escritor malagueño Enrique del Pino Chica (1940-2022), del que tengo el inmenso orgullo de ser su hija, y he querido en esta fecha tan especial escribir una sencilla reseña en su memoria sobre una de sus obras, El Quijote en verso, que como bien decía él mismo, “Es mi pequeño, modesto homenaje a la memoria de don Miguel de Cervantes Saavedra”.
Desde niño sentía una gran atracción por la obra de Cervantes y en 1998 y 2000 se publicaron respectivamente la primera y la segunda parte de esta obra en la que trabajó con dedicación y entusiasmo. En 2014 fue de nuevo editada con algunas correcciones y se incluyeron los versos preliminares que aparecen al inicio de la novela, que no se publicaron en la primera edición.
Enrique del Pino presenta una nueva forma de abordar la obra mediante el verso. Hay otros trabajos publicados anteriores que también versifican la gran novela de Cervantes, pero lo que hace diferente la obra de Enrique del Pino de otros trabajos en verso sobre El Quijote es la minuciosidad y cuidado con que está realizada la versificación del texto íntegro de la obra, siendo fiel al relato de Cervantes sin omitir o acortar un solo párrafo, cualquier obra versificada de la novela, utilizando la misma estrofa pero con diferentes palabras, no es más que una copia de la obra de Enrique del Pino.
Sobre la gran obra de Cervantes se ha dicho y escrito casi todo, El Quijote en verso de Enrique del Pino es una paráfrasis de la novela, expresa el mismo contenido pero con diferente estructura sintáctica, supone una recreación literaria solamente en la forma y es por esto por lo que debe ser valorado, algo que ha ocurrido a lo largo de la historia de la literatura y en ningún caso se debe pensar que exista pretensión alguna de anular, restar importancia o postergar el original.
A continuación transcribo el texto original de Miguel de Cervantes correspondiente al primer párrafo de la novela hasta el verso 200 en la obra realizada por el escritor malagueño.

CAPÍTULO 1
Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la Mancha
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían syo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una
ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Quiijana. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.
Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más de año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su cuiosidad y desatino en ésto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en qué leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva; porque la calidad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer esos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: “La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura”. Y también cuando leía: …” los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente on las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza”.
Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por enteenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello………….

EL QUIJOTE EN VERSO
Enrique del Pino

CAPÍTULO 1
Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la Mancha
Digo, pues, que en un lugar
de la Mancha, en un paraje
de mucho campo y paisaje
cuyo nombre, a mi pesar
5 no consigo recordar,
no hace mucho que vivía
un hidalgo que tenía
condición de caballero,
el cual, en el astillero,
10 colgaba la que decía
era su arma más lucida.
Una lanza estrecha y larga
que, junto con una adarga
antigua y fortalecida,
15 hacían que su triste vida
transcurriese dulcemente.
Un rocín flaco y paciente
y un galgo obediente y manso
entretenían su descanso
20 día tras día, continuamente.
Olla grande, a la sazón,
de algo más vaca sabrosa
que carnero, o de otra cosa,
aunque fuera salpicón
25 o mera figuración
al acabar la jornada.
Los sábados, buena hornada
de guiso propio de santos,
léase duelos y quebrantos;
30 los viernes, una colmada
ración de ricas lentejas;
y ya sin plumaje y mohíno
algún magro palomino
los domingos; dietas viejas
35 provenientes de consejas
con que daba cobertura
a lo que era en estrechura
los tres cuartos de su hacienda.
El resto fuera una prenda
40 llamada en toda su hechura
sayo de negro velarte,
unas calzas de velludo
con pantuflos de lanudo
que usaba de medio a parte
45 y un vellorí de buen arte
que a las frescas alboradas
de aquellas tierras heladas
daba cumplida respuesta.
Tenía en la casa una honesta
50 ama, que por las pisadas
y su afán por el trabajo,
solía olvidar que ya había
cumplido, con demasía,
los cuarenta. También bajo
55 su cuidado y desparpajo
tenía una linda sobrina
de silueta hermosa y fina
que atesoraba el estado
de no haber sobrepasado
60 los veinte, cosa divina
que a nadie disgustaría
por su sin par cualidad,
Un mozo de buena edad
y bien dispuesto tenía
65 para el trabajo del día,
el cual con el mismo esmero
lustraba al rocín entero
que después la podadera
manejaba a su manera.
70 Los cincuenta el caballero
contaba sin remisión
y es notorio y conocido,
que a su rostro condolido
y tristísima expresión
75 unía la disposición
de luchador justiciero.
Dícese que era celero
en madrugar, pues solía
practicar la cacería
80 en su dominio campero.
Dicen también que no quiso
partir con persona alguna
su negocio, pues ninguna
falta le hacía, y compromiso
85 nunca tuvo. Fue impreciso
en dar forma al apellido
porque pudiendo haber sido
Quijada o Quesada había
conjetura que decía
90 que era Quijana, y es sabido
que esta cuestión ha quedado
resuelta, pues no interesa
al lector. Mucho más pesa
saber que este recitado
95 fue compuesto y aderezado
por el autor porque viera
que era cosa verdadera
que en algún tiempo ocurrió.
Y en este punto pensó
100 no entretener más la espera.
Hora es ya de conocer
que este hidalgo caballero
se procuró con esmero
y con no menos placer,
105 para llenar y distraer
los ratos que estaba ocioso
-que eran los más del penoso
y siempre atribulado año-,
unos libros que, de antaño,
110 rodaban de coso en coso
entusiasmando a la gente.
Eran de caballería,
como entonces se decía,
y a beber en esta fuente
115 puso la vista y la miente
con tanta afición y prisa
que no tuvo en la repisa
lugar para tanto escrito;
tanto leyó a lo erudito
120 que se olvidó de ir a misa
y de ejercitar la caza,
aunque con ser esto cierto
fuera más el desconcierto
administrando la hogaza.
125 Tanto mudose en carnaza
del voracísimo empeño
que se convirtió en un leño
sin palabra y sin sentido
llegando, al fin, decidido,
130 a venderle a mejor dueño
buena parte de la tierra
que tenía de patrimonio.
Bien pudo ser el demonio
quien le llevase a la sierra
135 a buscar libros de guerra
y de aventuras sin par;
así consiguió agregar
a su prieta librería
los que de caballería
140 le fue posible encontrar.
De todos sacó provecho
y a todos violes ingenio
pero los que hiciera un genio
con verbo recto y derecho
145 dejaron huella en su pecho
por su tenor soberano;
fueron los de Feliciano
de Silva, poeta famoso
y cronista minucioso
150 de lo divino y lo humano.
Le pareció al caballero
tan clara y limpia su prosa
que no imaginó otra cosa
de mérito más entero;
155 y en sus versos…¡ qué reguero
de razones intrincadas
en espléndidas baladas
de requiebros, de amoríos,
de lances y desafíos!
160 Fueran perlas ensartadas
o estrellas del firmamento,
alhajas más exquisitas
halló plasmadas y escritas
en la lápida del viento;
165 sirva de muestra este cuento:
“ Razón de la sinrazón
que se hace a mi razón,
mi razón de tal manera
enflaquece, rompe, altera
170 que me quejo con razón
de la vuestra fermosura…”
Y no solo esto; beldad
debió Silva, en propiedad,
tener cerca y en hartura
175 para hilar literatura
con tanta delicadeza;
digan, si no, si la pieza
que viene a continuación
serviría para canción
180 por su extremada belleza:
“… altos cielos, nubes bellas
de la vuestra intimidad,
divinamente, es verdad
que las divinas estrellas
185 os fortifican en ellas
y os hacen merecedora
de merecimiento ahora,
tanto como el que merecedora
vuestra grandeza, que mece
190 la mar al brillar la aurora…”
Era con estas razones
de escritor de fuste y fuero
cómo el noble caballero
acallaba las pasiones,
195 pues por mor de estas cuestiones
levantábase dormido
con riesgo de caer herido.
Ni Aristóteles en paz
hubiera sido capaz
200 de entender el sinsentido.
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Quiero en todo caso reivindicar el trabajo de Enrique del Pino, El Quijote en Verso, como obra original, tanto por la construcción y la elección de la estrofa, como por su fidelidad al texto. Aunque habrá opiniones de todo tipo, como es natural, es un trabajo extraordinario y realizado desde la más profunda admiración a la brillante novela cervantina, construida en décimas, estrofa que se conoce como décima espinela, llamada así por el escritor Vicente Espinel (1550-1624), cuenta con un total de trece mil estrofas y ciento veinte nueve mil ochocientos diez versos exactamente. Una nueva forma de abordar la lectura de la brillante y universal obra de Miguel de Cervantes.

