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(XXXV) La insoportable vecindad. La realidad de Cervantes: Sobran las proclamas de los malos profesores y la mala educación

Madrid, doce y media de la mañana. Barrio de las Letras en la esquina de la calle León con la de Cervantes, en el mentidero histórico de los comediantes. Justo enfrente del edificio que ostenta la placa conmemorativa de la imagen. Un profesor de entre treinta y treinta y cinco años pronuncia una clase magistral ante un grupo de unos veinte jóvenes de entre trece y catorce años.

El jardín seco por Rick Deckard: De la calaña, a buen entendedor… Grande, inmenso, Maestro Cervantes

a-buen-entendedor
Grande, inmenso, Maestro Cervantes

«Y cuidado amigo Sancho que son los mismos que luego cobran de berberiscos y de otros que más allá someten a sus pueblos y ello, tanto mal vestidos cuando procede el buen hábito, como vestidos de la más cursi casta, cuando no es tan menester»

 

 

«Tengo por costumbre querido Sancho que, en viendo el burro venir, ya de lejos me apercibo sin confundirme, de las patadas que pudiera propinarme, por tanto mi fiel escudero fijate en los andares y si viéndolo retorcido y mal encarado vieres que arranca sin compostura, hazte a un lado, que de estos con mala idea, sucios y desaliñados mejor no tener contacto».

«Y hay que tener cuidado con tal calaña, que de ser menester utilizan a las más tiernas criaturas y hasta pretenden adoctrinarlas y que salgan de su mala hueste con títeres y cabalgatas. Y cuidado amigo Sancho que son los mismos que luego cobran de berberiscos y de otros que más allá someten a sus pueblos y ello, tanto mal vestidos cuando procede el buen hábito, como vestidos de la más cursi casta, cuando no es tan menester.»

¡Grande, inmenso, Maestro Cervantes!

Rick