PISA nos pone, una vez más, a los pies de los caballos. Por Manuel I. Cabezas González 

PISA nos pone, una vez más, a los pies de los caballos. Anna Simó, Consejera de Educación de Cataluña

«El no enseñar-aprender a leer y a escribir es el talón de Aquiles de la enseñanza en España y, sobre todo, en Cataluña»

Desde el 2000 y cada tres años, la OCDE elabora los Informes PISA, en los que evalúa y compara los resultados académicos de los alumnos de 15/16 años de los países de la OCDE. A finales de 2023, se hizo público el Informe PISA 2022, la octava edición de los mismos. En esta ocasión, las pruebas se centraron en la evaluación de los conocimientos en matemáticas, ciencias y comprensión lectora. Y en estas pruebas participaron 30.800 alumnos españoles. 

Resultados nada halagüeños para España 

España sigue cotizando a la baja, al obtener los peores resultados de la historia de los Informes PISA, tanto en matemáticas como en lectura. En efecto, en lectura, la media de España está por debajo de la media de los países de la OCDE y de la UE. Sin embargo, en matemáticas, la media de España está ligeramente por encima de la de la OCDE, pero por debajo de los países de la UE. En ciencias, España se ha mantenido en la media de la OCDE y ligeramente por encima  de la media de la UE. A partir de estos sucintos datos globales, España no ha mejorado sus notas, que se sitúan por debajo o en torno a la “media” de la OCDE y de la UE. Y, por eso, podemos afirmar que España se sitúa en el pelotón de los “mediocres” (aquellos que están en la “media”). En efecto, en España, el porcentaje de alumnos excelentes (5%) no sólo es muy bajo sino que se reduce con cada nuevo informe.  

A pesar de estos mediocres y raquíticos resultados, en España hay diferencias muy marcadas por CC.AA. Castilla y León, Asturias, Cantabria y Madrid son las que cosechan los mejores resultados. Sin embargo, Navarra, País Vasco y Cataluña son las que más han empeorado. A continuación, por un lado, nos vamos a centrar, sólo en los datos de Cataluña, donde se ha producido el mayor descalabro de resultados en relación con el Informe Pisa 2018; y, por el otro, focalizaremos nuestra mirada en el déficit de “comprensión lectora”, base y fundamento de cualquier otro aprendizaje (matemáticas, ciencias, historia, etc.). 

La Cataluña supremacista, la más malparada 

En Cataluña se ha producido el mayor batacazo. En relación con el Informe PISA 2018, los alumnos evaluados han obtenido 21 puntos menos, en matemáticas; 12 puntos menos, en ciencias; y 22 puntos menos en comprensión lectora.  

Estas notas son más escandalosas si las comparamos con las obtenidas por las mejores CC.AA.: por ejemplo, Castilla y León. Los alumnos de Cataluña ha obtenido 30 puntos menos, en matemáticas; 29 puntos menos en ciencias; y 36 puntos menos en comprensión lectora. Estas diferencias, según algunos estudios y especialistas, denotan que los alumnos de Cataluña tienen un atraso de uno a dos cursos académicos en estas materias. Por eso, los resultados de Cataluña son tan preocupantes. Y Cataluña ocupa, para más inri, el puesto número 14, el cuarto por la cola, en el ranking de la 17 CC.AA. Ni en relación con los otros países de la OCDE. ni con las otras CC.AA., Cataluña está a la altura en estas tres materias y, en particular, en “comprensión lectora”. 

De las tres materias evaluadas, los peores resultados, en Cataluña, conciernen la “comprensión lectora”. Ahora bien, según el último informe PIRSL, los déficits en comprensión lectora se empiezan a forjar en la enseñanza primaria: los alumnos catalanes de 4º de primaria han obtenido 15 puntos menos que en el anterior informe (2016), situándolos a la cola de los de las otras CC.AA. 

Como hemos apuntado ya, la comprensión lectora es una competencia muy importante y básica. En efecto, las competencias lingüísticas (leer y escribir) son la base, el fundamento y el instrumento para adquirir cualquier conocimiento y para volar uno mismo (i.e. ser autónomo y autosuficiente), sin la necesidad de tener siempre al lado a ese lazarillo institucional que es el profesor. De ahí la tormenta mediática y política, pero de barra de bar, sin ir al fondo del problema, que se desencadenó tras la publicación de los resultados.  

Causas del fracaso en “comprensión lectora” en España y en Cataluña 

Los Informes PISA proporcionan datos numéricos (un análisis cuantitativo), pero no dan explicaciones (análisis cualitativo). Ante la grave realidad española y catalana, principalmente en “comprensión lectora”, las explicaciones las han dado ciertos responsables políticos, ciertos expertos (?) y ciertos profesores, pero sin llegar a la raíz del problema. 

Pedro Sánchez, el Dr. Cum Fraude, situó la causa del batacazo en una deficiente financiación de la educación. Por eso, ha prometido (?) una inyección de 500 millones de €, para potenciar las enseñanzas de matemáticas y de lectura. Por su lado, la Generalidad de Cataluña echó balones fuera, poniendo en entredicho la validez de la muestra evaluada, en la que había una “sobrerrepresentación” de alumnos inmigrantes, explicación rechaza, “illico”, por xenófoba. 

Para ciertos expertos (?) y profesores, la evaluación insatisfactoria ha sido la consecuencia de la convergencia de una serie de factores: la falta de una política para atender al alumnado desfavorecido socio-económica y culturalmente; la segregación de las redes educativas de Cataluña; la focalización económica de Cataluña, cada vez más acusada, en los sectores del turismo y la hostelería; el hecho de que el catalán es la única lengua vehicular; el uso, el abuso y el mal uso de las pantallas, a las que los alumnos dedican demasiadas horas diarias; la España de las autonomías, con 17 modelos educativos diferentes, subordinados a intereses políticos e ideológicos, ajenos a la enseñanza y a la educación; la fallida “Ley Celaá” (LOMLOE), que no reconoce la “cultura del esfuerzo” y que permite pasar de cursos o conseguir títulos con suspensos; la inmersión lingüística obligatoria; despreciar la adquisición de conocimientos en aras  de una enseñanza más competencial; el modelo educativo catalán que no es, como afirma la Generalidad, un “modelo de éxito”, sino un modelo muy mediocre; etc. 

La raíz del problema 

Sin echar en saco roto las precitadas causas, creo que la raíz del problema está, sobre todo, en otro sitio: en el “saber” y el “saber-hacer” (i.e. la formación) del profesorado, encargado de la enseñanza de la lectura. 

Si los resultados escolares son deplorables, deberíamos preguntarnos: ¿Qué se enseña y qué se aprende en la enseñanza primaria y secundaria? No se debería olvidar que a leer y a escribir se aprende; y leer y escribir son dos competencias que se pueden y se deben enseñar, si el que las enseña las domina. Y esto, por los resultados obtenidos, no parece ser el caso. Para ello, habría que aplicar ese apotegma de Giner de los Ríos, que reza así: “Teoría y práctica, no. La teoría debe ser teoría de la práctica. Y la práctica, práctica de la teoría”. Por otro lado, no basta con enseñar-aprender las competencias de la lecto-escritura. Los profesores deben inyectar en sus alumnos el virus del vicio de la lectura. Si no lo consiguen (y no lo consiguen), habrán fabricado “analfabetos funcionales”, Pedro Salinas “dixit”. El no enseñar-aprender a leer y a escribir es el talón de Aquiles de la enseñanza en España y, sobre todo, en Cataluña. Y, sin estas alforjas no se puede salir de casa ni ir muy lejos. 

© 2024 – Manuel I. Cabezas González 

 

Manuel Ignacio Cabezas G.

Con tres topónimos puedo resumir las líneas maestras de mi devenir vital: desde El Bierzo Alto (Almagarinos), donde nací, hasta Barcelona, donde he impartido docencia de Lingüística y Lingüística Aplicada, en la UAB, y pasando por Paris, donde me formé en la Sobona y donde tuve mi primera experiencia profesional durante 8 años, en la Embajada de España en París (Servicio de Atención Cultural y Lingüística a los Hijos de Emigrantes Españoles en Francia).

Desde el 2011, he tratado de alimentar al hijo lingüístico que bauticé con el exigente nombre de Honestidad Radical. Para ello, por un lado, he tratado de aplicar el lema que se dio a sí mismo el maestro de periodistas Mariano José de Larra: "Mi vida está dedicada a decir aquello que los demás no quieren oír". Y, por otro lado, he intentado ser un fiel y humilde practicante de la doctrina de la “honestidad radical”, cuyas señas de identidad, siempre respetando la obligada cortesía lingüística, pueden resumirse en tres principios: 1. Seleccionar siempre las palabras más adecuadas; 2. Sacarles punta antes de usarlas; y 3. Aderezarlas con una pizca de cicuta para hacerlas más eficaces y letales.

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