A golpe de delito. Por Antonio E.

A golpe de delito

«En una dictadura de izquierda extrema, como la actual, nada es al azar y todo está controlado porque el que pilota la ignominia se cree invulnerable» 

Tras los últimos acontecimientos protagonizados por el ejecutivo de Sánchez, a nadie le cabe la menor duda de que estamos ante un gobierno que no le hace ascos al delito, el propio y el ajeno. Puede sonar fuerte, pero el enunciado no se separa un ápice de la verdad. Sánchez llegó al poder en base a una falsedad, que convenientemente ahormada, tanto mediáticamente, como procesalmente, dieron su ansiado fruto: ocupar el poder. El Tribunal Supremo corrigió el argumento de la sentencia, y así lo dictaminó. Lo que vino después lo conoce todo el mundo, mentira tras mentira, ocultación tras ocultación opacidad tras opacidad, robo tras robo, como estamos viendo en estos días, a manos de miembros del partido socialista. Todo ello bajo un común denominador, Sánchez. 

La semana pasada escribí que, en un partido tan hermético como lo es el PSOE, donde todos y cada uno de sus cargos electos le deben a Sánchez todo lo que son, donde no se mueve nada ni nadie sin la aquiescencia del líder supremo, es altamente probable que el máximo preboste estuviera al tanto de todas y cada una de las actuaciones de sus subordinados. Tiene todos los medios, e in vigilando por haberlos puestos a dedazo él mismo. La expulsión de Ábalos del gobierno, tras saber Sánchez sus andanzas, así nos lo indicó. 

El mismo Sánchez sentó doctrina al cargar sobre las espaldas de Rajoy las corruptelas de los cargos del PP, lógico es devolver a este miserable los mismos cumplidos que él hizo entonces al anterior presidente de gobierno. Donde las dan, las toman. Aunque yo no sea del PP, me complace decir lo que muchos del PP tendrían que estar diciendo, pero lo callan. 

Desde que Sánchez ocupó el poder, nunca lo ganó honorablemente por decisión directa de la ciudadanía. Hizo del pacto con la delincuencia organizada, léase ETA y golpistas, su único modo de permanencia en el gobierno. ¿Era normal pactar con ETA y el golpismo? Para él, rotundamente sí. Si para gobernar tenía que perder su inédita dignidad y ahogar sus escrúpulos con la sangre de las víctimas, ¿Qué mejor bautismo que abrazar la infamia que tan bien representaba ETA, y los muñecos de Otegui? ¿Acaso no es corrupción comprarse el cargo de presidente del gobierno en base a amnistiar a la basura golpista que le garantiza sus votos? El cinismo de esta escoria es tan repugnante como libidinoso, una cosa sin la otra sería difícilmente explicable. 

Como carta de presentación no estaba mal aquel banquete, de primero, los entremeses de su incomparable sectarismo. El plato fuerte vendría después, el saqueo del estado acaparando todas y cada una de las instituciones más importantes para colocar por miles a sus subordinados. Lo mismo le daba colocar a ilustres inútiles que a trincones y puteros confesos, los cuales dejaron tras de sí miles de millones en deudas, subvenciones escandalosas por opacas, transferencias a dedo a las sanguijuelas nazionalistas de siempre, o déficits multimillonarios provocados por sus amigachos, a cuenta de nuestros impuestos. Esa era otra forma de corrupción, pagar sueldos onerosos a cambio de ineficacia torpeza zafiedad y sectarismo. ¿Cabe mayor delito? No, no cabe. Pagar mucho por nada, es el mayor robo que se puede perpetrar contra el erario público. Reconozcamos a Sánchez que en esta materia sí que logró su más que merecido doctorado.    

Los que llegaron vociferando que iban a erradicar la corrupción, no perdieron ni un minuto en empezar a corromper todas y cada una de las instituciones estatales. En la mayoría de ellas empezó a oler a corrompido, hoy día el hedor es insoportable, apesta a descomposición, todo ello a mayor gloria de un individuo cuyo nivel político raya lo inenarrable. 

No podría recordarlo todo, son tantas tan repugnantes y sangrantes sus hazañas, que su solo recuerdo nos provoca angustia y desesperación. Quiero pensar que el que lea estas líneas estará lo suficientemente informado de la fastuosa gestión que hizo este gobierno antes durante y después de la pandemia del Covid-19, más de 160.000 muertos, posiblemente 180.000.  

Cuando de ocultación de datos se refiere, según sus cifras varias decenas de miles de españoles continúan vivos, sus tumbas les desmienten. Ocurre como con los parados, trabajos de mes o dos meses, o incluso veinte días por campaña bastan para borrar del paro a decenas de miles de españoles. En cuestión de ocultación de datos, Sánchez y sus palmeros siempre obtuvieron sobresaliente.  

Y llegamos al presente, repugnante y nauseabundo presente. Se suele decir que, en un país serio y decente, estas ratas estarían en una prisión estatal de por vida, pero en España no. Esta calaña ha vaciado de contenido su conciencia, sus principios nunca fueron limpios, ni su idea de la democracia pasó de pensar que era su fulana particular, presta y dispuesta para que su chulo la vejara a conciencia. Es tan retorcida su mente que incluso han llegado a creerse que todo lo que hay es suyo, y que por tanto les pertenece.  

Esta plaga ha elevado el cinismo a la categoría de arte, quizá el único en el que Sánchez ha alcanzado su único Cum Laude reconocido. Para ellos sólo existe una sola verdad, la suya. Su mejor coartada, la impunidad en la que hasta ahora han gobernado, su perdición será la escandalosa soberbia de los sicarios que le han venido acompañando, y su estupidez ya legendaria, la de los llamados a explicar su escandaloso enriquecimiento. ¿Cuántos episodios han sido denunciados por la escasa prensa libre? Exactamente los mismos que la pocilga mediática de la izquierda extrema ha tratado de silenciar. ¿No es corrupción subvencionar al que supuestamente tiene que decir a la opinión pública como estás gobernando? El sueño húmedo de cualquier dictador, hacer y deshacer a su antojo, sin tener que dar cuenta a nadie, exactamente lo que viene haciendo Sánchez desde que ascendió a su ya seguro, Gólgota.  

Que la mujer del presidente se reúna con los empresarios que patrocinan sus actos públicos para que interceda ante el presidente del gobierno, que ¡oh casualidad! es su marido, y este les facilite y otorgue subvenciones, sabrosos rescates, y prebendas a cargo del erario público, para ellos es tan normal, como inflar el precio del material sanitario y encima traer mierda a precio de oro. ¿Tampoco es corrupción? Y si no lo es, ¿Cómo calificarlo?  

Cuando a diario miles de españoles morían por Covid-19, el gobierno de Sánchez permitió que muchos socialistas se enriquecieran, por supuesto que para ellos también era normal. ¡Que poco les costaba robar y a qué precio lo hacían! Decenas de miles de españoles murieron por falta de mascarillas, entre ellos muchos miembros de la Sanidad española que se cubrían con bolsas de basura, mientras alguna mamerta cerraba bares que sólo abrían para ella y sus admiradores. Hoy día miles de ciudadanos yacen en sus tumbas por culpa del gobierno más infame y amoral de la historia, eso sí, ante todo progresismo, bidones de progresismo avinagrado, que sólo sirven para escanciarlo entre la morralla sociata. 

Miren ustedes, desde un gobierno sólo se roba cuando la impunidad está asegurada, o cuando el que manda deja que se robe sabedor de que al final del camino judicial, nadie se atreverá a pedirle cuentas. Si uno robara por su cuenta, tengan ustedes por seguro que ellos mismos lo guillotinarían en una de sus muchas checas audiovisuales. 

En una dictadura de izquierda extrema, como la actual, nada es imprevisible, nada es al azar, todo está controlado, el motivo es muy simple: el que pilota la ignominia se cree invulnerable. 

El que vino a luchar contra la corrupción, se ha mostrado como su más fiel valedor. Que Sánchez es la X de esta trama infecta, de la que aún no sabemos todo, a muchos no nos cabe la menor duda, y si no lo es, su empeño en demostrar lo contrario es más que sonrojante. 

 

 

 

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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