
«Para este viaje sobran cretinos y cobardes, faltan hombres con reaños e ideas, pero sobre todo altura moral y patriotismo»
Grandioso espectáculo de luz y sonido el protagonizado por el sanchismo. Tan solo diez segundos después de la conclusión del escrutinio de las elecciones ¿…? vascas, ETA volvió a ser la misma institución fraternal y progresista que el PSOE nos ha venido vendiendo, hasta la semana pasada. De la ETA mala, a la ETA buena, en apenas unos días.
La ETA denostada, es la misma ETA que tanto cariño despertó desde el minuto uno de la llegada al poder de Sánchez y sus acólitos. La misma ETA a la que el amo de Ferraz pagó espléndidamente, a costa de nuestra dignidad, los servicios prestados. En este caso el apoyo de ETA y sus diferentes caras al estropicio sanchista, han sido de tal magnitud, que hasta ha legislado la ley estrella del fantasmón monclovita. Han leído bien, digo ETA y no Bildu, las malas copias no se deben comprar.
Siendo sincero he de decir que tal montaje no merecía tanta alaraca, decir que el único interés que tenía la farsa montada por el nazionalismo vasco en su más amplia acepción estaba en saber si la cara, el PNV, ganaba, o era ETA, la cruz, la que lo hacía. El orden carecía de importancia, ganaba la misma moneda. Y para el PSOE lo crucial del domingo 21 estaba en saber si el proceso de blanqueamiento de ETA, por su propio interés, y el de sus habituales pocilgas mediáticas, había sido tan efectivo como parecía, y lo fue.
La engañifa deja otro asunto del que no merece la pena hablar, a no ser para vomitar de asco. Que pensar de una ciudadanía, la vasca, que a sabiendas de a quienes vota, se inmola en el altar de la ignominia y el crimen, y que ha votado muerte a sabiendas de que lo hacía. Allá aquellos que prefieren vivir bajo el argumento de las pistolas de ETA, y las razones inmorales del nazionalismo más sectario y arcaico que representa el PNV. Confieso que la importancia que pudiese tener para mí ese tipo de ciudadanía oscila entre el cero y la nada. Les auguro y les deseo un futuro tan negro, como el de las capuchas de los criminales a los que sin dudarlo ni un solo momento, han votado. A la parte vasca que reniega de esa plaga de ratas, mi más sentido pésame, lo digo a sabiendas de que todo parece perdido, para ellos y para el resto de españoles.
El PSOE en su papel de imbécil útil, solo por la poltrona de Sánchez, seguirá sirviendo de peana al sátrapa que lo dirige. Del resto de grupúsculos de la izquierda extrema, no diré nada, ni siquiera una línea, no me apetece hablar de la basura que ha sobrado después del aquelarre nazionalista.
Por su parte la derecha, a la que envuelvo con el mismo papel de estraza con que se envuelve el pescado pocho, nada que decir, tan solo puntualizar que está en el lugar que la corresponde, el mismo agujero inmundo en el que ella solita se ha cobijado, la irrelevancia más total y absoluta. ¡Enhorabuena señores! Siento decirlo de una manera tan cruda, pero ya está bien de tratarnos a patadas a los que les votamos, esto no va de egos ni de siglas, va de España, y si no lo entienden así váyanse a tomar por donde el sol no brilla. En política se es lo que parece, y ustedes parecen lo que son, unos inútiles fracasados incapaces de sacudirse el complejo en el que solo ustedes parecen sentirse bien. Allá ustedes.
Si en las actuales circunstancias siguen jugando al tacticismo con los mismos idiotas como protagonistas de esta comedia bufa, encontrarán hastío bostezos y soledad. Para este viaje sobran cretinos y cobardes, faltan hombres con reaños e ideas, pero sobre todo altura moral y patriotismo, esa palabra a la que tantos aluden, y ninguno profesa.
Los más jóvenes se preguntarán como se ha llegado a esta infamia, la respuesta es muy sencilla, siendo cobardes y ejerciendo como tales. Cobardes y melifluos ante los que sacudían el árbol, y pusilánimes y obsequiosos ante los que recogían las nueces. Al PP y al PSOE les gustaba jugar a estadistas con los nazionalismos excluyentes, aquello de pactar con la escoria supremacista catalana y el independentismo vasco con tal de hacerse con el poder, estaba condenado al fracaso, muchos lo dijimos, ahora lo sufriremos.
El edificio se vino abajo cuando un advenedizo, traidor hasta la náusea, tan falso y embustero como no lo ha habido nunca en la historia, antepuso su propio interés al sagrado de la nación. Como calificar si no al que ha hecho del fraude su forma de gobierno, del nepotismo su método de producirse y de la opacidad su arma favorita para dictar. Pactar con golpistas y criminales, para poder sentarse en la presidencia del gobierno, en sus manos un vulgar taburete digno de un miserable, nos ha traído funestas consecuencias hoy imposible de cuantificar. Decirlo crudamente nunca está de más, lo que está de menos es no sumarse a los que lo decimos y callar por temor a ser tachados de … ¿fascistas? Que palabra tan manoseada y falta de contenido, en manos de los verdaderos fascistas, todos y cada uno de los apoyos de Sánchez.
El nazionalismo vascongado ha culminado su tarea, tarea que empezó hace algo más de seis décadas. Asesinatos de líderes de partidos opuestos, secuestros de empresarios obreros y políticos, extorsiones a empresarios no afectos al régimen nazionalista, atracos a entidades, amenazas a adversarios y gentes trabajadoras, delaciones de todo tipo, chivatazos que acabaron en asesinato, en fin, una limpieza infame, cuasi étnica de adversarios políticos que, de no haber existido tales amenazas además del chantaje emocional al que el nazionalismo en su conjunto sometió a más de 250.000 ciudadanos vascos, estos miserables no hubieran podido perpetrar sus planes. Esta es la democracia vasca, la más sucia rancia y homicida de todos los tiempos.
Al nazionalismo excluyente, totalitario y liberticida se le combate con la fuerza de la LEY, y con todas las armas posibles con que un estado de derecho debe dotarse, incluida la eliminación física si fuese necesario, de todo aquél que amenazara la estabilidad y el orden de la nación perpetrando todo tipo de atentados contra su ciudadanía. Lo contrario nos ha llevado a este callejón sin salida. Es preferible cien terroristas muertos, que un solo inocente herido. Tal cual.
¿Para qué sirven las condenas a cien, o mil años de cárcel, si un mal día sube un Sánchez cualquiera y deroga dichas condenas? Ahí se ve la diferencia entre una nación seria y respetable, y una nación en la que puede llegar a gobernar un lisiado mental. En España la pena media por un asesinato a manos de un terrorista en muchos casos no ha pasado de un año y pocos meses ¿Es legal cambiar el código penal a capricho de un fugado? ¿Es digno cambiar apoyo político por la libertad de criminales? ¿Tan poco valor tiene la vida de un español? ¿Quién decidió que fuese así? ¿En tan poca estima nos tenemos? ¿Tan sumamente cobardes somos? O es que solo servimos para manosear el mando de una televisión.
Coincido plenamente con aquellos que pedían la pena de muerte para los criminales etarras, mejor muertos que bebiendo vinacho en sus zulos. Hoy día les pagamos sus pensiones, sus putas y su coca, que también los criminales tienen sus adicciones, suspendida de momento la de matar.
Por cierto, cuando alguien de la izquierda extrema quiera hablar de dictadura, le sugiero que estudie y examine con atención el mandato de Sánchez. Luego si le apetece hablamos.
España, vieja y venerable España, quien te ha visto y quién te ve. Cuantos dieron sus vidas por ti, a cuantos cubre tu sagrada tierra. Entre todos nosotros no valemos ni para lamer las suelas de las alpargatas de cualquiera de aquellos hombres.

