
«Que no es necesario ser de Madrid para ser madrileño y que no es preciso haber pisado España para sentirse un español de corazón y alma»
Que no es necesario ser de Madrid para ser madrileño y que no es preciso haber pisado España para sentirse un español de corazón y alma lo demuestra la vida y obra de Agustín Lara, actor y cantante mexicano (1897-1970). Compositor del célebre chotis Madrid, era -así lo describía Vizcaíno Casas– “magro, enjuto, solemne, ceremonioso, galanteador, un tanto calavera, apasionadamente humano, indolentemente romántico”. Cuando llegó por fin a la Villa de Madrid -ya en el año 1948- poco podría imaginar que habría -muchos años después- una parada militar en la Puerta del Sol (que él recorrería sin duda emocionado antes de acudir a Chicote a comprobar si existía o no “la crema de la intelectualidá”) y que sería revistada a los acordes del que parece himno de la Comunidad, para conmemorar el “Dos de Mayo”, fiesta regional que debiera ser nacional, por tratarse del día en que, la nación en armas, el pueblo llano armó la tremolina en 1808 contra el invasor francés.
Qué pensaría ahora el autor de Solamente una vez al ver presidir el acto a una mujer joven y bonita, muy sola, vestida de rojo ceñido, entre flamenca y castiza, desafiante, caminando el chotis entre banda de música y militares… No recuerdo si ese particularismo que se narra en Las autonosuyas, del Ente Autónomo Serrano, tiene también su himno, como tiene su bandera y hasta su lengua propia. Desde aquí me permito sugerir a sus autoridades que adopten para ello El gato montés, el famoso pasodoble de un valenciano que, como el maestro Lara, también murió en México. Me refiero al compositor Manuel Penella (1880-1939).
Hay en todo este espectáculo del jueves como una sorprendente fiesta de verbena que quiere tener la seriedad de lo institucional. ¿La tiene? ¿Es acaso cosa de esperpento? ¿Madrileñismo desaforado? Quizá haya algo de Berlanga, de tradición y también de actual surrealismo. Haría falta un dibujo de Mingote para zanjar con una sonrisa la perplejidad de estos tiempos y echar a andar sin cavilar mucho, hacia el Café de Oriente. Hoy sería José María Nieto (sucesor, de algún modo, del marqués de Daroca) quien nos ayudara a comprender quiénes somos con una de sus ilustraciones. Y no sé si será lo más reprochable, pero uno parece que oye la voz de Olga Ramos y no se hace idea (aunque tenga su punto bonito) de estar celebrando el Dos de Mayo y honrando a sus héroes y se ve en la boda del señor alcalde o en la Pradera de San Isidro, donde una chulapa Rita Maestre lo espera a uno para bailar agarrao el chotis, aunque sea pequeño y ella muy alta. En esto me llevaría ventaja don Javier Ortega Smith, que además es también más guapo.
Pero dejémonos de bailes. A mí me entusiasma el Madrid de Lara, pero ya ha quedado claro por una temporada que la Gran Vía está alfombrada y que tenemos -¡por fin!- emperatriz de Lavapiés. Además, de tanto requiebro y tanto piropo termina uno agotado. He quedado por Quintana con doña Isabel Natividad. Agotadas las gambas desde el pasado miércoles, nos han sacado -canela fina- unas patatas bravas y unas cañas. Luego volveremos al centro caminando por la calle de Alcalá. Porque por mucho que andemos, siempre será más descansado que dar vueltas y vueltas… al son del organillo.
