Conversaciones en el andamio. Sumar, el necesario cómplice decadente. Por Francisco Gómez Valencia

Conversaciones en el andamio. Sumar, el necesario cómplice decadente.

«Ellos siempre se suman a todas aquellas iniciativas, que a la gente normal y corriente no nos interesan»

Todo el mundo sabe que estas formaciones de viejos rockeros, afortunadamente a nivel nacional no mandan demasiado. Su papel dentro del Gobierno cada vez está más claro que es anecdótico, así como… algo otorgado como premios de consolación, por los votos prestados para lograr la investidura “del otro”. Sin embargo si algo los caracteriza, es su predisposición a canibalizarse, perdiendo más tiempo en sus luchas intestinas, que en disfrutar del momento.  

Sobre este tipo de comportamientos de carácter perecedero, conviene escribir algunas líneas. 

Sus prisas por cambiar el mundo a imagen y semejanza de ciertos estados bananeros, en mi opinión hace aguas por todos los sitios, y me voy a explicar. Ellos siempre se suman a todas aquellas iniciativas, que a la gente normal y corriente no nos interesan. Ya conocemos su afán por  desordenar todo en pequeños estancos fácilmente controlables. Al ser en la mayoría de las ocasiones colectivos minoritarios, con estructuras mentales muy frágiles, son fácilmente manipulables por líderes muy mediocres, capaces de dejarlos embelesados prometiendo a esas minorías, la tan deseada justicia social. En estos tiempos tan amargos –políticamente hablando–, ellos descaradamente se otorgan “por la cara” el liderazgo de la mayoría social, cuando en realidad, solo participan en la fragmentada y radical mayoría parlamentaria. La participación en el puzle, solo tendrá sentido, si sirve para extorsionar recursos, atribuciones y competencias, al líder del partido mayoritario resultante de la suma de perdedores.

¿Esto es legítimo? Desgraciadamente sí, aunque también sí o sí, es una vergüenza nacional y una tremenda demostración, de lo ineficaz del sistema, pues nadie se puede creer, que tantas fuerzas diferentes sean capaces de llegar a un solo acuerdo en común, salvo el de mantener a “un títere” para chantajearlo cada cierto tiempo. La suma de acuerdos particulares entre unos y otros, definitivamente no hacen crecer al partido, sino solo económicamente a los cargos del mismo, después a sus enchufados, luego a los escasos afiliados, y finalmente a una selecta selección de los seguidores más cafeteros, que también consiguen alguna regalía administrativa, o algún sobre con algo de calderilla, aunque en definitiva, realmente representan a muy poca gente.

El líder supremo, se comporta exactamente igual que los actores secundarios, pues este va troceando el pastel que le han asignado, en las porciones que sus propios futuros verdugos le van exigiendo, para mantenerlo mientras sea útil, y mantenerse ellos mismos. Al final, se trata de algo tan vacío de contenido, como disponer del poder, para vivir como un pachá. 

Aún y así… ¿Por qué sufren cierto estrés, y lo saben? Porque la actividad en sí misma es ilegítima, bochornosa y amoral. Ellos saben que no trabajan por él bien social, sino por el suyo propio, y el de sus allegados personales y demás contactos profesionales, necesarios para medrar el mayor tiempo posible.

Estos últimos meses, llevo denunciando por las redes que los mediocres, crean semanalmente entre uno o dos observatorios, comités, etc…, a toda prisa. Al mismo tiempo cierran acuerdos bilateralmente con los sindicatos de clase, a nivel general y a nivel sectorial, sin negociar con la patronal, porque  los sindicatos son organizaciones carentes de honor, del mismo modo que este tipo de partidos minoritarios. En estos tiempos, además disponen de acceso directo al poder absoluto, de tal manera que se esmeran en desarrollar su telaraña de redes clientelares para supuestamente, primero; supervisar el trabajo de los técnicos permanentes bajo la legalidad vigente. Segundo; controlar la aplicación de sus escasas aportaciones a las normativas existentes, sobre la misma legalidad vigente. Y por ultimo; colocar a su gente, para que cuando se pierda el poder, hasta que el nuevo Gobierno reaccione y los fulmine, ser capaces de mantenerse, entorpeciendo la labor de los nuevos, e incluso en ocasiones increíbles, terminando siendo absorbidos e integrados, en los cuadros del nuevo partido en el poder.

Por tanto, su objetivo no es cambiar el mundo, o transformar las sociedades tal y como predican. Tampoco trabajan para asemejar nuestro país a los Estados fallidos que tanto les gustan, y a los que no van ni de vacaciones. Lo importante consiste en mientras tanto, “llevárselo muerto” en el intento, apoyados por el romanticismo irracional de su chusma. Son tan caraduras como los nacionalistas, que viven toda su vida del Estado del que se quieren independizar. ¡Gentuza con cargos, que ascazo me dais!

Termino ya… Me consta que hoy he pecado aplicando la pedagogía deductiva, cuestión que por principios siempre trato de evitar, pero es que me tienen muy harto con las frases hechas, como por ejemplo que trabajan para mejorar la vida de ”las gentes y tal…”, mientras marean la perdiz con los muertos en las residencias, la sanidad y la educación pública boicoteando ambas, o lo de Palestina, acusando de genocidio a Israel, cuando lo único que les mueve, es su afán por manipular, adoctrinar y odiar al cristianismo y los valores que representan; los de la mayoría social.

¡Hala Madrid! Y feliz día de San Gregorio Ostiense.

Españistán a 9 de mayo de 2024.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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