Mundos paralelos y la falsa ilusión de la igualdad. Por Rodolfo Arévalo

Mundos paralelos

«No sé cuántos mundos paralelos o «para lelos» han de existir, o son necesarios, para que algunos despierten de los bonitos cuentos chinos igualitarios de los que ya pocos dirigentes del mundo libre se fían»

¿Por qué los mundos igualitarios no pueden existir? Por la sencilla razón de que las personas, por mucho que las ideas sociales insistan, no son iguales. Nada tiene que ver una persona que se dedica a labores manuales con un intelectual que elabora ideas, teorías y, en consecuencia, bienes inmateriales que producen riqueza para las sociedades. No es lo mismo ni puede tener el mismo valor el trabajo de producción que el de invención y creación. Hay pocas personas que sientan las bases que sostienen económicamente las sociedades, y sí muchas que ponen en práctica esas ideas y transforman materiales en bienes de consumo y utilidad; pero estas últimas no son imprescindibles, pues muchos pueden hacer lo mismo.

Hay dos formas de dirigir los países: o bien las dictaduras y tiranías o bien las democracias. Al parecer, hay quienes creen que lo único bueno es la dictadura tiránica, esa que tienen instaurada algunas naciones como Rusia, China, Corea del Norte, Venezuela y otras. Por otro lado, hay otro mundo, el de los que creen en la libertad de los individuos para votar en elecciones y decidir por qué personas y sistema desean ser gobernados.

Para mí, quienes eligen lo primero, la dictadura, son las personas más cortas de entendederas, aquellas que se dejan llevar por las arengas y el griterío de quienes los someten y necesitan ser dirigidos hasta en los menores problemas. Estas naciones todavía no han sido absorbidas por las grandes mayorías de personas con cierto grado de inteligencia que deciden no someterse al deseo, por imposición, de los dirigentes que creen tener una forma milagrosa de gobernar al pueblo, pero sin el pueblo. Ninguna forma de gobierno dictatorial es buena ni justa en lugares en los que las personas tienen al menos dos dedos de frente.

No digo que en lugares en los que la gran mayoría de las personas puedan necesitar una dirección, por falta de individuos inteligentes por encima de la media y capaces de organizarse a sí mismos, no puedan ser hasta cierto punto justificables. Este tipo de grupos, más o menos grandes, pueden encontrarse, desgraciadamente, en casi todos los países de la Tierra. Son estas personas las que usan los dictadores para tomar el poder, que evidentemente se obtiene por la fuerza, en detrimento de la razón y la sabiduría.

El problema de los países es que los individuos que los habitan son dispares en inteligencia. En algunos de esos países hay más personas carentes de un nivel intelectual alto que individuos que están en una media muy bajita, tanto en cultura como en intelecto. Todas estas personas son presa de los pocos individuos más inteligentes y ambiciosos que venden la teoría de «sométete a mi gobierno que yo te daré lo estrictamente necesario para sobrevivir«.

Claro, estas formas de gobernar anulan la iniciativa de otros que sí son capaces de dotar a sus pueblos de trabajo remunerado y de las cosas necesarias para poder vivir y pensar de manera independiente. Los gobernantes que desean establecer dictaduras agradecen que el nivel intelectual de la mayoría de la población esté bajo mínimos para poder llevarlos como borregos por los caminos que a ellos les interese, en beneficio propio. Es quizás esto lo que hace que puedan instalarse dictaduras que se mantengan en el tiempo.

Digamos que es una especie de vuelta al medioevo, con muy pocos señores y subordinados de alto rango, y muchos siervos de la gleba. O lo que pudiera ser parecido a lo que aplicaban las sociedades romanas con el famoso “pan y circo”, con lo que adormecían a la población, que, mientras comiera y se divirtiera, no pensaba en salir de sus nichos de supervivencia.

Pero claro, esto, que se ha producido a lo largo de la historia humana, no debería tener cabida en la actualidad. Las sociedades del siglo XXI no pueden ser subyugadas por cualquier dictador de medio pelo, y todas las naciones del mundo deberían estar unidas contra estos dictadores, hasta hacerles morder el polvo o dimitir.

No sé, es mi forma de verlo.

Por eso empezaba diciendo que no sé cuántos mundos paralelos o «para lelos» han de existir, o son necesarios, para que algunos despierten de los bonitos cuentos chinos igualitarios de los que ya pocos dirigentes mundiales de sociedades libres se fían.

¿Por qué los mundos igualitarios no pueden existir? Por la sencilla razón de que las personas, por mucho que las ideas sociales insistan, no son iguales. Nada tiene que ver una persona que se dedica a labores manuales con un intelectual que elabora ideas, teorías y, en consecuencia, bienes inmateriales que producen riqueza para las sociedades. No es lo mismo ni pueden tener el mismo valor el trabajo de producción que el de invención y creación.

Hay pocas personas que sientan las bases que sostienen económicamente las sociedades, pero sí muchas que ponen en práctica esas ideas y transforman materiales en bienes de consumo y utilidad. Hay que tratar a los creadores de trabajos mejor, por encima del resto.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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