
«Solo desde una dictadura bolivariana o castrista, se puede pretender que la justicia no haga su labor, que la prensa libre, no la que el alimenta, haga públicas sus fechorías»
¿Qué tipo de mamarracho es aquél que pudiendo dirigirse en directo a la ciudadanía, máxime cuando es el amo y señor de todos los medios, lo hace a través de una red social, como quién vende sus servicios sexuales?
La indecencia y la falsedad son convertidas en melodrama por centenares de plañideras, a sueldo de tan zarrapastroso personaje. Como mensaje serio, naufraga. Como queja ante unos hechos que de momento están siendo investigados, sucumbe. Como artimaña para quedar como un marido enamorado, apesta ¿Entonces de que se trata? Es tan simple como repugnante, otra farsa de quién ha hecho de la basura, su hábitat habitual.
Dijo que respeta la justicia ¿la que alimenta su ego? ¿la que le hace el trabajo sucio? o tal vez la que depende de su dedazo para trepar en el escalafón. Lo verdaderamente cierto es que a la única justicia que este sujeto respeta, es a la que le obedece con repugnante sumisión. Eso no es justicia, es otra cosa a la que solo calificaría en privado.
El que tanto masacró y vilipendió a los adversarios políticos, se ve ahora esclavo de sus propias invectivas. Que sepamos ha beneficiado a su padre, a su hermano, a sus amigachos y a un largo etc. de inútiles y fracasados, a los que permite pastar en el erario público. Lo patético es que haya sido su propia mujer, la que haya hecho saltar por los aires el estado de nepotismo, en el que este impenitente falsario ha sumergido a España.
Lo único cierto y tangible son los cinco días de absentismo laboral que este embustero se ha cogido, para planificar su felonía. Que trate de dar pena en base a su supuesto amor hacia su esposa, lo único que provoca es hilaridad, asco y repugnancia.
Lo único que busca son adhesiones inquebrantables por parte de los que estando en su cuerda no le soportan ni un segundo más. Que busque lástima o simpatía entre la ciudadanía que le odia, no es otra cosa que el canto del grajo de un sin vergüenza cursi, chulo creído relamido y amanerado.
Solo desde una dictadura bolivariana o castrista, se puede pretender que la justicia no haga su labor, que la prensa libre, no la que el alimenta, haga públicas sus fechorías, y que la ciudadanía se entere de que pie cojea el mamarracho que les está esquilmando, el fruto de su trabajo y el futuro de su nación.
Que con su pan se lo coma, pan que en ningún momento se habrá ganado honradamente.
¡Pedro! Vete ya de una puta vez, y disfruta de lo que nunca mereciste, el sueldo de presidente de España.

