Música y Vida. Por Antonio E.

Música y vida

«Dicen que para gustos están los colores, y para la música las sensaciones que junto a ella tuvimos sufrimos y gozamos»

 Desde hace algún tiempo me apetecía escribir sobre cualquier otro tema que no fuera el que tanto pesar nos están causando. Qué mejor que el de la música, asunto más relajado y acorde con la normalidad convivencial de la que todos teníamos que estar disfrutando, y no de esta repugnante e indigna peste sanchista.  

Hablaré en riguroso pasado, del presente no por razones obvias, además ni quiero ni puedo opinar sobre lo que no entiendo. En mi opinión la música fue cimentando nuestra futura personalidad, sin que nos diéramos cuenta. Música dedicada y para los oyentes de la radio de entonces, la tele empezaba a emerger. Música en las fiestas patronales, en mi caso las de San Mateo, desde la Pérgola del Campo Grande de mi entrañable Valladolid. Por allí pasó lo mejor de la música española de por entonces, era el final de los felices años sesenta.  

Con la tele vinieron los grandes programas, Escala en Hi Fi, Gran Parada, Galas del Sábado, Beat Club y otros, el paso a nuestra particularísima transfiguración musical había comenzado. Gracias a aquellos programas empezamos a ver y escuchar a Los Mitos de Tony Landa, Los Bravos de Mike, Pekenikes y al resto de artistas y grandes conjuntos españoles, en definitiva, todos los que pasaron a golpe de baqueta por nuestras vidas.  

La niñez se nos hizo eternamente corta, dando paso a otra edad donde los gustos empezaban a definirse tímidamente, íbamos de cabeza de lo autóctono a lo foráneo, sin solución de continuidad. Pasamos de los guateques a las discotecas, sin tener edad suficiente, la ruta de los bigotes era de dominio público, con bigote pasabas sin mostrar el DNI, sin bigote no, toda aquella parafernalia me sigue haciendo reír. 

Nuestros gustos musicales empezaron a cambiar, de Los Diablos, Los Puntos, Los Brincos, Fórmula V, Mustang, Sirex y el resto de grandes grupos españoles, empezamos a escuchar y comprar música de otros lares: ELO, Slade, Sweet, Deep Purple, La Creedence, Pink Floyd y tantos otros grupos cuyo recuerdo sigue estando fresco en nuestra memoria. Qué mejor que escuchar de todo, y poder elegir con conocimiento de causa fijando posiciones. Decir que los Beatles eran fijos en todas nuestras preferencias estaba de más. 

Al poco tiempo el gusto por la buena música cambió como de la noche al día, sin que por ello olvidásemos cuales habían sido nuestros inicios. Alternábamos en salas por el tipo de música que ponían, para cuando sabíamos lo que nos gustaba, ya éramos mayores para bailar y excesivamente jóvenes para asumir responsabilidades, pero las asumimos con obligada determinación, hoy dirían temeridad. A los que nos marcó la década de los setenta, con el servicio militar en medio, la vida nos hizo madurar a marchas forzadas. Avanzar o perecer, decía un gran amigo mío, siempre tenía razón. 

Tuve el privilegio de escuchar a Jorge Cafrune, a menos de dos metros de él, cuando terminó me senté donde él había actuado, una vieja silla para un gaucho inconmensurable. En el Teatro Chino de Manolita Chen oí los fandangos mejor interpretados en medio de un silencio sepulcral por un muchacho cuyo nombre desconozco. Lo hizo como se decía por entonces, a puro huevo, sin micro, la luz se cortó cuando empezaba su actuación, jamás he vuelto a aplaudir a nadie con tanto entusiasmo. Música en estado puro, con sentimiento, música de muchos quilates. Fuimos a ver bustos y piernas, y salimos aficionados a la música con mayúsculas. Desde entonces mi respeto hacia los que se atreven a interpretar ese palo, no ha dejado de crecer. 

Recuerdos vivencias y situaciones siempre acompañadas, yo diría que, encadenadas de alguna forma a la música. Nuestros particulares gustos se fueron formando, en la época de los casetes y los cartuchos de ocho pistas, los puristas preferíamos el vinilo. De aquella época guardo no menos de treinta obras maestras, imprescindibles para mí.  

Qué decir de Glen Campbell haciendo hablar a su guitarra, cantando “Galveston” o “Gentle on My Mind”. Los eternos Bee Gees. De Barry White cualquiera de ellas, en particular Satín Soul. De La ELO del eterno Jeff Lynne todo, nunca bailé nada de ellos, hubiese sido un sacrilegio, a la ELO se la escuchaba tanto o más que a la novia. Quien no recuerda la mejor conjunción de estrellas jamás juntadas, los Traveling Wilburys con George Harrison, Jeff Lynne Tom Petty Roy Orbison Jim Keltner y Bob Dylan. Compusieron y cantaron una obra maestra en pocos días, fueron genios, y lo seguirán siendo sin duda alguna. 

El gran Claudio Baglioni, o los New Trolls interpretando “Aquella caricia de otoño”. Fantásticos los italianos en música lenta. Los grandes grupos angloamericanos, de los cuales nunca miré de qué época eran, si no como sonaban: Temptations y su espléndida My Girl, Boston con su More Than a Feeling, John Mills y su Music, Geordie con el futuro solista de AC DC, Ronettes con Ronnie Spector, Supremes con Diana Ross, The Four Tops, el gran Elvis, Sinatra, Tavares, Carpenters, The Righteous Brothers, hasta Ray Charles interpretando Georgia, incluso The Platters y sus adorables melodías. El oro no se mide por su antigüedad, si no por su pureza.  

Los siempre presentes Depeche Mode, Tears for Fears, Alan Parsons, Queen, la gran Tina Turner, la maravillosa Viola Wills, la inigualable Gloria Gaynor… y tantos y tantos artistas que hicieron de nuestra existencia un lugar plagado de recuerdos emociones susurros principios y finales, lo que hoy día constituyen los fundamentos de nuestras particularísimas vivencias.  

La música acerca nuestros recuerdos, nos los vuelve tangibles, nos transporta a otras épocas donde aún creíamos que nuestras ilusiones se cumplirían, nos hace revivir nuestros recuerdos más íntimos. Aquel olor a tierra mojada, en la distancia neones, sonidos ya desaparecidos, sombras de otras sombras, luces que apenas iluminan nuestras viejas sombras, sombras que guardaron otras sombras que guarecieron las nuestras. Todo ello escuchando al gran Harry Nilsson y su glorioso Everybody´s Talkin. Todo ello gracias a la música. 

Dicen que para gustos están los colores, y para la música las sensaciones que junto a ella tuvimos sufrimos y gozamos. La música es el albacea de nuestros recuerdos, sin ella no existirían. Gracias a la música, a toda ella, incluso a la que nunca oímos con el mismo placer que la que tanto nos gustaba. 

 

 

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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