El Infantilismo feroz que nos consume. Por Rodolfo Arévalo

El Infantilismo feroz que nos consume.

«Ha resurgido desde hace ya unos cuantos años, y se viene extendiendo como si se tratase de chapapote en una playa, un infantilismo feroz»

Hace ya unos cuantos años se viene extendiendo, como si se tratase de chapapote en una playa, un infantilismo feroz. Esto se nota sobre todo en el tipo de publicidad que ofrecen los anunciantes de productos de consumo. En general los anuncios están pensados tal como si la edad estándar, de todos los individuos del país, estuvieran en el entorno de los quince o veinte años. Véase por ejemplo el anuncio de pañales con ideas como “el marronazo”, que no es más ni menos que la caca que puede hacer un bebé, ¡tu hijo!, por la noche. ¡Una caca! Esa bendita caca, es de agradecer, porque si no fuera así, podría significar que tu hijo está enfermo, porque este deshecho corporal es lo normal en los seres vivos.

 

Es más los padres deberían estar agradecidos de tener que cambiar ese pañal maloliente a sus retoños, porque es garantía, salvo excepciones, de buena salud. Pero no, se nos vende como una molestia, algo que debe ser suprimido a la mayor brevedad por molesto. ¡Cómo ha cambiado todo! Cuando yo era un bebé, mi madre no solo me tenía que cambiar los pañales, si no lavarlos y doblarlos, para poder reutilizarlos hasta que ya era imposible porque se deshacían a tiras. Aquellas mujeres, eran adultas, sabían que una de sus funciones fundamentales era ser madre, sacar a sus hijos adelante, y también, cuando era posible los padres se implicaban. Era más difícil para ellos, porque habitualmente los madrugones y los largos horarios de trabajo los tenían ellos, los varones.

 

Si me paro a pensar, yo mismo tuve suerte, los pañales de mis hijos eran de usar y tirar. Pero no tanta tuve con los biberones que eran de cristal y con tetillas de silicona transparente. ¡Anda que no lavé y herví biberones!, cientos durante los años en que tuvimos nuestros dos retoños. Pero lo tomábamos de una manera muy lógica, natural, nuestros hijos eran producto de haberlos querido, de quererlos, de saber que eran felices y estaban bien cuidados. Se supone que mi mujer y yo mismo éramos adultos, estábamos preparados para tener descendencia y asumir la perdida de autonomía que eso conlleva.

 

Dejar de llevar una vida de salidas de casa al cine, teatro o con amigos a cenar y asumir una vida más casera. Al parecer en las sociedades actuales hay muchas personas incapaces de aceptar eso, que ya no son niños, que son adultos y que es su turno de encargarse de sus propios hijos, tomando el relevo de sus padres que pasan a ser abuelos, con obligaciones diferentes. Estos abuelos no merecen ni deben ser abuelos y padres de esos niños, porque salvo excepciones, las funciones de los padres no la pueden cubrir los abuelos.

 

Yo tuve un padre que me enseñó muchas cosas, que leía muchos libros y me leía a mi. También tuve una madre, que con mucho menos tiempo que mi padre, me hacía jerseys de lana y mientras tejía estaba conmigo oyendo la radio e interactuando tanto con mi hermana como conmigo. Es lo lógico.

 

Está claro que la vida en la actualidad fuerza al trabajo de las dos personas del matrimonio, para poder vivir en un determinado nivel de bienestar, pero deberíamos haber preguntado a aquellas familias numerosas, de mas de quince hijos en que los padres tenían que llevarlos a la playa en innumerables viajes en el seiscientos. Ese debía ser el juego preferido de los hombres de aquella época, llevar en seiscientos a toda la familia, suegra incluida, porque solían ser las que ayudaban para más INRI a sus hijas. No había tanto tiempo para jugar a casi nada y solo algunos maridos irresponsables se pasaban la vida en el bar jugando al mus o se iban a hacer un partido de fútbol con los amigos.

 

Puede que hoy el tipo de juego haya cambiado, pero veo muchos sábados y domingos mucho hombre solo yendo a montar en su bicicleta con amigos… Curiosamente veo pocas mujeres, haciendo esto. Será que por mucho anuncio de pañales que pongan, al final el peso de la crianza de los retoños sigue recayendo en las mamás, mientras los papás juegan a videojuegos o a montar en bicicleta. Así que si alguna vez les toca un ”marronazo” que se lo tomen con alegría, es mierda de su hijo, ¿cuánta no le habrán quitado a él de bebé? Por todo esto he hablado de que ha resurgido desde hace ya unos cuantos años, y se viene extendiendo como si se tratase de chapapote en una playa, un infantilismo feroz. Esto se nota sobre todo en el tipo de publicidad que ofrecen los anunciantes de productos de consumo. En general los anuncios están pensados tal que si la edad estándar, de todos los individuos del país, estuvieran en el entorno de los veinte o treinta años. Una pena, porque una sociedad infantilizada es una sociedad dormida en los sueños de la infancia y muy, pero que muy, manipulable.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

Artículos recomendados

Deja un comentario