
«Cuando silba el Guapo, saltan contentos los patxis, chiquis, puentes y bolaños, y suben más la mierda unos peldaños como felices perritos atentos»
“La afición de los políticos por mentir y robar ha acompañado todas las edades del hombre. Desde el siglo V a.C., y durante mil años, los escritores romanos combatieron la codicia y falsedad de sus gobernantes con un género literario dedicado a criticarlos y ridiculizarlos, la sátira. Fue mucho más que su derecho al pataleo, se convirtió en un ejercicio de la libertad de expresión en el que no se ahorran burlas, insultos, sarcasmos, ironías y obscenidades. A muchos autores les costaría la vida, pero al menos acabaron sus días mortales con esa fiesta de la risa que entraña la burla para los pueblos a orillas del Mediterráneo” (La Sátira. Insultos y bromas en la antigua Roma. Pollux Hernúñez [2014], Madrid: Rey Lear, S.L., Contraportada).
En nuestro país, desde nuestro Siglo de Oro, huérfano de gobernantes sabios y rebosante de ingenio popular, la sátira en verso se convirtió en un elemento más de la cultura política. Y, como en entonces, sirva hoy la burla del pueblo, para insinuar en broma todo aquello que, a los poderosos, no se les puede decir en serio.
I
Quién tuviera fuerza en el pecho, Expaña…
Tras siglos con canallas en gobiernos,
casi ya nos convencieron eternos
merecedores de esa vil calaña.
Sísifos con su piedra en la montaña,
hijos de los malos golpes paternos
y otra vez tirados a los infiernos
por la mierda de esta última alimaña.
Fuerza… Para gritar a cuatro vientos
si no es mejor morir que vivir mudo
ante este farsante sin más talentos
que traición, mentira y ley del embudo,
para que ahora nos vengan con más cuentos:
¡que este rey-presidente está desnudo!
II
Una antes y aquí la mierda dos veces,
por tres más en el soneto siguiente,
que igual de fértil es el presidente
hilando sus palabras con sus heces.
Y en vena, diré qué es lo que pareces:
luz que no alumbra, cuesta sin pendiente,
voz que tartamudea si no miente
y hasta que es falsa esa mierda que ofreces.
Marxista de Groucho, no de Carlitos,
menos de doctor y más de cateto,
te maquillas el pecho a golpecitos
pidiendo a los demás todo el respeto
que negáis vosotros: tus muchachitos
y el hijo de madera de Gepetto.
III
Cuando silba el Guapo, saltan contentos
los patxis, chiquis, puentes y bolaños,
y suben más la mierda unos peldaños
como felices perritos atentos
a las órdenes de sus movimientos,
que, como aprendieron todos hace años,
es mejor el calor de los escaños
que el frío afuera de los parlamentos.
Y, guau, guau, la rehala va a su tribuna
con la mierda del buen amo, una poca,
más otra de indepes con batasuna,
a llenar de esa mierda lo que toca
sin quitar al fango máquina alguna,
pues ya les vale con abrir la boca.

