Conversaciones en el andamio. Don Virtuoso. Por Francisco Gómez Valencia

Don Virtuoso

«Su pasión por controlar la justicia es un síntoma vengativo, por eso –la venganza – es la gasolina que corre por sus venas»

Cada vez somos más quienes cuestionamos sus hábitos, ya que sus escasas virtudes se esconden tras una máscara impuesta a modo de defensa. Es más, su desparpajo hace que ya la confusión entre sus virtudes y sus vicios sean prácticamente inapreciables. Sin duda, la época o los tiempos que nos están tocando vivir, acentúan esos desmanes pareciendo también aficiones, y que mejor que practicarlas haciéndolas de dominio público. 

Tras seis años observando su comportamiento, me atrevo a decir que ha conseguido que sus excesos ya sean conducta y esta a su vez, normalidad. Sin lugar a duda, sus malas acciones son tan destacables, que nadie se acuerda de las buenas si en algún momento las hubo, es más, de haberlas habido, me atrevería a decir que son fruto de la suerte. Por lo tanto, su estado natural es el de la indecencia, entendida esta como una cualidad transgresora dentro de un sistema absolutamente frágil, pese a que la inmensa mayoría creíamos lo contrario.

Ciertamente la democracia española es una especie de palacio de cristal, donde gana quien mejor ha entendido el arte de la traición, por eso anhela regenerarla a su manera. Quien mejor la detecta es la parte más amoral y corrupta de la sociedad, la cual suele ser minoritaria, por lo que intentar razonar lo que nos pasa necesariamente, depende del convencimiento de que la parte secuestrada – la afición infelizmente cómplice –, ha normalizado el vicio, lo cual confirma que la deriva actual se basa en nuestra propia debilidad.

Por eso, ni pide consejos ni los da, todo y nada gira entorno al embrujo del lenguaje, quedándose todo en propuestas vacías de contenido con un único fin, sus propios intereses. Predica el bien provocando ingratitud, y de recibirlo por cuenta ajena, sólo será entendido como una forma de retribución en especie, pues hemos pasado del más vulgar onanismo, a la felación sincronizada.

La justicia para él es una entelequia pues su amor hacia ella refleja el temor a sufrir la injusticia. Su pasión por controlar la justicia es un síntoma vengativo, por eso –la venganza – es la gasolina que corre por sus venas, necesariamente para que su idea sobre la misma, forme parte de su corrupta organización diseñada a su imagen y semejanza.

La confianza sobreactuada que traslada hacia el exterior, no hace si no acentuar sus defectos, por eso cada vez está mas solo. La percepción que tiene sobre él mismo en sus mejores momentos, seguramente le saben a poco y le traumatiza. Al no verse saciado lo suficiente, siente la necesidad de buscar la aceptación y el reconocimiento público constantemente,  imponiendo su voluntad a sus huestes en forma de plebiscito continuo.

Ha conseguido desnaturalizar tanto su organización, que esta ya no resulta ni artificial, mientras le hace creer que sus debilidades no son tales. Su exposición  continua al engaño genera que en sus filas, cada vez sean más los que han dejado de percibir que son engañados. La mentira, al ser un vicio asumido deja de ser nocivo, de tal forma que ir contra natura ya no les cuesta tanto, pudiendo afirmarse, que ha conseguido que su militancia viva tranquila y segura fuera de su zona de confort, o lo que es lo mismo, del sistema.

Ultimas declaraciones de Don Virtuoso.

Resistencia, represión y sometimiento ya no son pecado para él, sino instrumentos del marketing político usados a la perfección,  primero; contra los suyos y después contra todos los demás, llámese oposición política de cualquier signo, prensa, judicatura, intelectuales disidentes, vulnerables de toda condición, clase media, sectores primarios, industriales etc, etc…

Él, desea ser elogiado constantemente de ahí su preocupación por cómo será recordado. Vive en una especie de éxtasis inconsciente fijado por el mismo. Perseverar para él, no es ni un mérito ni un demérito, sino más bien una inclinación mal llamada resiliencia, por eso manipula el lenguaje “singular”. Perseverar en él es triunfar a toda costa, por tanto otro síntoma de debilidad moral, pero él es preso de si mismo mientras nos retiene a los demás. Ser culpabilizado a diario, lo entiende como una amenaza, de ahí su afán por callar bocas y cerrar medios, pues en su enferma cabeza redobla la desaprobación de la mayoría. 

Pasará sin pena ni gloria pues quien manipula a la razón, acostumbra a morir de éxito. De momento su irracionalidad no está demostrado que sea ni delito, ni locura, pero al tiempo… Quien vive instalado en el “no es no”, actúa como carcelero de su propia locura. La hipocresía y la simulación continua, es otro homenaje a sí mismo que nos ofrece sin necesidad de colocarse la careta de virtuoso. 

Mala suerte “Don Virtuoso”: no queremos ser parte de tu ensayo, o pagarte las deudas, y a tu familia menos. Tu orgullo nos engorda nuestro amor propio, tu ingratitud nos alimenta el espíritu, somos la milicia contra tu malicia. 

¡Fantoche! Acabaremos con tu fetichismo, tus ideas y tu azar, con la pereza bondadosa que de momento te soporta, pero que más pronto que tarde, se tendrá que dar cuenta de que es más peligroso ceder al mal que morir de bondad.

Feliz día de Santa Teresa de Portugal.

Españistán a 17 de junio de 2024.

 

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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