Conversaciones en el andamio. La batalla por Milei. Por Francisco Gómez Valencia

La batalla por Milei

«Sánchez se posicionó directamente a favor de  Alejandro Fernández tachando a Milei de ultraderechista. De esos barros, estos lodos»

Milei recibe hoy el premio Juan de Mariana 2024. Les recomiendo que sigan al Instituto sin necesidad de ser liberal. 

Actualmente lo dirige el periodista Manuel Llamas, al que también es muy recomendable seguir en las redes y como presentador del programa de radio mañanero los fines de semana en es radio, sustituyendo al petardo de Luis del Pino.

Hablando de liberales: ayer mismo antes de subirme al andamio para escribir la crónica, me salí de un grupo formado por 180 personas supuestamente liberales, que además de llenarme el WhatsApp de basura, pasaban más tiempo a la greña que debatiendo sobre la utilidad del puñetero liberalismo. No aprenden sencillamente  porqué no asumen que nunca es recomendable estar en el medio porque muy a su pesar no son el centro del universo y después, porque en el supuesto centro te caen por todos los lados. Precisamente por este motivo, existen los  liberales progresistas siempre fieles y prestos a ser la muleta de la socialdemocracia, y los denominados liberales reaccionarios o puros, es decir, los más inclinados a la diestra básicamente centrados en lo económico. Ser de estos últimos te hace ser bastante despiadado a nivel social, aunque hay que reconocer que hasta la llegada de Trump o ahora Milei, la verdad es que no era bastante habitual.

¿Por qué digo lo de que son despiadados? Porque el Estado propiamente dicho se la bufa en beneficio de las maravillas del propio mercado, al cual rezan y ponen veinte velas a diario. El Estado quieran o no es necesario aunque dependiendo de donde hablemos es más fácil ignorarlo como hizo Trump en lo social, o reducirlo como necesariamente está haciendo Milei en Argentina, de ahí el asco y la tiña que le tiene la progresía mundial. ¿Y quien está metido hasta el corvejón en esas movidas satánicas? Nuestro Pedro.

Pedro es de la misma ralea que los que han destrozado Argentina en los últimos 100 años. Los últimos más sonados después de los Perón, obviamente fue el matrimonio Kirchner en el poder de 2003 a 2010. Cristina después seguiría tras el fallecimiento de su marido y expresidente Néstor, metida en harina llegando al poder primero en 2007 hasta 2015, y después, cómo vicepresidenta del expresidente Alberto  Fernández desde 2019 hasta el 2023 cuando gano Milei con el 55% de los votos, despidiéndose de los argentinos haciendo una maravillosa peineta.

¿Por qué esta breve sinopsis sobre Argentina? Para que tengamos claro que acusar a alguien de “kirchnerista” es un apelativo utilizado en toda regla si se quiere molestar fina y educadamente a alguien de izquierdas como se hace contra la gentuza de aquí.

Sánchez se posicionó directamente a favor de  Alejandro Fernández tachando a Milei de ultraderechista. De esos barros, estos lodos. Entre medias, el patán de Oscar Puente, en fin… que ya conocen la historia. Entre tanto, Milei –el referente para los jóvenes peperos madrileños – llegó a España por sorpresa invitado por Vox, y se hizo vocero habitual de esta formación una vez que consiguieron robárselo figuradamente a la corriente “aguirrista” del PP madrileño. 

El Partido Popular a nivel nacional nunca ha asumido sus consignas, de hecho sólo lo ha hecho y en parte, el grupillo más liberal del partido, herencia del antiguo Partido Liberal del que en su día formó parte Doña Esperanza Aguirre, (importantísima gracias a Dios aún en la sombra en el PP madrileño). Aguirre creó su particular escuela austriaca en lo económico, generando una partida de herederos políticos muy destacables como entre otros un tal Pablo Casado, una tal Isabel Díaz Ayuso o un tal Santiago Abascal, facturado como un paquete desde el sufrido PP vasco. 

El trabajo de Aguirre dio sus frutos triplemente, demostrándose otra vez que lo suyo nunca fueron los recursos humanos; Casado –encantado de conocerse – se ponía palote siendo el ministro de la oposición de Sánchez. De hecho acabó inmolándose por él. En cuanto a los otros dos; cada uno a su manera han terminado triunfando aunque hablamos en gerundio y con matices. Para Ayuso, ser libertaria la penaliza para acometer su asalto al PP nacional. De hecho  lo tendrá muy difícil para liderar alguna vez el partido, aunque de momento combina bien ir a misa y de conciertos, es maja, muy simpática y cercana a la calle. Y en cuanto a Abascal – otro que tal baila, como Casado –. Gracias a que traicionó a Alejo Vidal Cuadras se quedó el partido logrando años más tardes su mejor resultado (52 escaños), aunque ahora, rodeado de falangistas huidos de la matriz, jamás superará esa mágica cifra, pese a que circunstancialmente logre ser Vicepresidente de Feijóo

Por eso, Esperanza Aguirre y quienes la defendimos a muerte (políticamente hablando), seguimos viviendo entre dos aguas. La que representa hoy nuestra Isabel (pese a no ser la más lista de la clase), y lo que representó el partido cuando ETA asesinaba al PP vasco de María San Gil y Jaime Mayor Oreja, por voz hasta hace un par de años de Santiago Abascal.

Tras la metedura de pata de Oscar Puente y la salida por peteneras de Milei en Madrid en el mitin Viva24 de Vox, la lucha frontal entre Ayuso y Abascal por acaparar el testigo del liberalismo económico español que representa Milei, era de esperar. En medio, el Gobierno miserable y la izquierda piojosa en general que ladra porque el showman argentino metido a presidente no se corta un pelo y no suele hacer prisioneros. Aunque que no les quepa duda alguna, Milei no es ultraderecha, sino liberal puro y duro en lo económico y en lo social. 

Milei no es ultraderecha, sino liberal puro y duro

El experimento será probablemente muy recomendable en una Argentina podrida de socialcomunismo pero en España, no deja de ser más que una doctrina ideológica más de carácter didáctico que otra cosa, así que Ayuso inmersa en la pugna por mantener al votante más conservador de Madrid, y tocarle las narices a Feijóo por el escaso apoyo por lo de su novio, se sube de nuevo al carro de Milei –aunque no sea lo mismo ser conservador que liberal en lo económico – y a pesar de Génova, se va a hacer un Sánchez y se va a pasar por el forro una norma creada en tiempos de Rajoy, para que los indepes tuvieran que avisar al Ministerio de exteriores ante cualquier llegada impertinente de mandatarios cutres de países satélites de Putin. 

Aprovechar que Milei venga a recoger un reconocimiento por parte del Instituto anteriormente mencionado para hacer política a nivel nacional, no tiene precio. Otorgar la medalla de la Comunidad de Madrid al argentino, para tocar las narices de paso también al Gobierno, a sabiendas de que el asunto previsiblemente acabará en los tribunales, es otro ejemplo de quien hoy es la única dirigente del PP, capaz de hacer política sin complejos contra la extrema izquierda que nos asola a diario. Sin duda las neuronas de mi admirado MAR, le tienen que estar echando humo de tanto trajín.

Feliz día de San Luis Gonzaga.

Españistán a 21 de junio de 2024.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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