
«David McWilliams es un nombre más que añadir a la lista de lo que podríamos llamar “ilustres perdedores” de la historia de la música»
Los que de vez en cuando os asomáis a alguno de los temas que suelo compartir en mis crónicas, ya os habréis dado cuanta que siento una enorme atracción por esos artistas oscuros, sin éxito, que de repente consiguen crear un tema intemporal e inmortal, en un golpe de inspiración que no volverá a repetirse en todo el resto de su carrera.
En 1970 caminaba yo por la calle Conde de Peñalver, y al pasar por el antiguo Simago, repare en que solían tener discos muy rebajados, ya casi descatalogados o que nadie había comprado. Me gustaba echarles un vistazo, buscando buscando, me llamo la atención un single de un tal David McWilliams, contenía una canción titulada “Days Of Pearly Spencer”, un tema que se había publicado en 1967 en el segundo trabajo de este artista irlandés. Lo escuche con los cascos que por entonces existían en los establecimientos y me llamo la atención, estaba tan barato que me lo compre. Con cada audición me gustaba más. Creía haber descubierto algo grande y por la tarde les hable del disco a mis amigos Ulises Montero y Antonio Zancajo. Les obligué a escucharlo y me miraron rarito, pero yo no me desanimé, sabía que ese tema tenía algo, intente descubrir algo de la misma categoría en la discografía de David McWilliams, pero sin éxito, bien es cierto que en algunos de sus trabajo aparecían temas que pudieran ser bendecidos por Julián Ruíz.
“The days of Pearly Spencer” fue creciendo con el tiempo, convirtiéndose en nº 1 en Francia y en Holanda llegando a vender más de un millón de copias. En 1992 Marc Almond grabó una versión y en España Ana Belén se encargaría de destrozarla en castellano (como es habitual en ella) con el nombre de ”Vuelo blanco de gaviota”.
Un 9 de enero del 2002, el cantante y compositor irlandés David McWilliams murió de un ataque al corazón en su casa de Ballycastle. Un nombre más que añadir a la lista de lo que podríamos llamar “ilustres perdedores” de la historia de la música. Y una canción que añadir a la lista de temas míticos que deslumbran por su rareza, por aparecer como una estrella fugaz en un cielo negro, por surgir de donde nadie esperaba nada, y de donde nada similar volvería a brotar.

