Corrupción: Corruptos y corruptores. Por Antonio E. 

Corrupción: Corruptos y corruptores.

«La historia le pondrá en el lugar que se merece, con total seguridad en los retretes de la Complu, a ser posible como urinario»

Empiezo a escribir estas líneas con la fastidiosa sensación de repetirme, no obstante, siempre trato de añadir la última novedad, sin olvidar el pasado más cercano. No olvidemos que esta situación, tan angustiosa y enervante, nos hace recalcar lo ya dicho, que es tanto como refrescar en nuestras mentes el origen de este desastre. 

Sí hoy mismo se introdujera de nuevo la palabra corrupción en el diccionario de la RAE, que mejor ejemplo para ilustrarla que el rostro de Pedro Sánchez Pérez Castejón. La prueba más palpable para hacerlo, no son solo los casos de tráfico de influencias y presunta corrupción que persiguen a su esposa, hermano y subalternos que de momento están imputados, si no el currículum tan espectacular que lleva atesorando este sujeto desde que es presidente. 

Corrupción no es solo trincar en base al puesto que ocupa un pariente más o menos cercano, en este caso su esposa utilizando su parentesco con él, lo es también engrasar con el dinero de todos a una legión de lamelibranquios, diletantes y advenedizos, todos ellos marcados con el mismo hierro, el culto al déspota. 

Corrupción es colonizar hasta el esperpento todas las entidades e instituciones públicas, encargándolas el repugnante papel de servirle a él, sin importarle el descrédito que para dichos estamentos significa caer tan bajo como han caído. Qué papelón para algunos figurones, gargantas profundas del sanchismo más recalcitrante. Qué indignidad tan enorme para algunos togados, los de guardia y los suplentes, incinerar sus exiguas carreras en loas a un sujeto tan veleidoso y banal como Pedro Sánchez. Qué papelón el de los medios, tener que reinventarse a diario, sirviendo a una causa tan pestilente como su halitosis moral. 

Con el erario público ha comprado votos, apoyos, prensa y hasta voluntades, sin este conglomerado de repugnantes vendidos, Pedro Sánchez seguiría vegetando en cualquier puesto donde suelen recalar los más inútiles de la sociedad. 

Su vida política, que es de la que escribo, desde que alcanzó la presidencia del gobierno de España, es, y fue siempre, un corolario de embustes trapisondas y hechos más o menos luctuosos, donde el cadáver era siempre el mismo, su integridad como político. Y así entre mentiras y bulos de fabricación propia, más o menos elaboradas, llegamos al presente. 

El que necesita de pumpiditos y otros animalitos de repulsiva profesionalidad, como toda la grey que le lame el escroto con inusitada fruición, se muestra irascible con la Justicia, Justicia a la que solo teme el que la ha incumplido. Qué cobardía la de este fulano, esperando que la justicita de los pumpiditos de guardia, y los no menos repugnantes marranos que le ríen sus gracietas, saquen la cara y otras partes pudendas para que las evidencias y pruebas juntadas por un juez valiente honrado y profesional, les rompa la crisma. 

Otra vez el pasado le muestra una de sus mil caras, la que restregó al presidente Rajoy cuando el líder del PP fue citado a declarar en un juicio, como testigo. Nadie espera de Sánchez el menor atisbo de dignidad y gallardía, la gastó toda cuando se alió con ETA, la basura golpista catalana y el chavismo comunista. 

Esta vez se esconderá detrás de cualquier artimaña alegal, del espantajo de su partido, de las voces de los comprados o de los alaridos de los vendidos, esa chusma infecta e infecciosa conforman su guardia pretoriana. Lo contrario sería una sorpresa mayúscula. 

Los hombres cabales tienen una sola palabra, no cincuenta o más cómo Sánchez. Los políticos decentes un solo camino, servir a la nación y sus ciudadanos con equidad y sin embustes. Un presidente de gobierno debe tener todas esas cualidades, y ni una sombra de duda sobre su persona. 

Pedro Sánchez Pérez Castejón, ni tiene palabra, ni dignidad para ser presidente, ni ninguna virtud con la que un político decente pueda adornarse. Pedro Sánchez solo infunde dudas, emana infamias, aduce falsedades, provoca rencores, lo suyo son las sombras. 

La historia le pondrá en el lugar que se merece, con total seguridad en los retretes de la Complu, a ser posible como urinario. 

 

 

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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