(I) Conocer la verdad: Esta también es nuestra bandera. Por José Crespo

Esta también es nuestra bandera

«Ésta también es mi bandera es una hermosa y responsable iniciativa que pretende dar a conocer, a través de este símbolo, una parte fundamental de la Historia de España»

Leo y proclamo la extraordinaria iniciativa «Ésta también es mi bandera» para el próximo 25 de julio, día del Santo Patrono de España, Santiago Apóstol. 

Basta ya de escuchar y leer absurdos sobre la bandera blanca y roja, aspas rojas sobre paño blanco, es decir las Aspas de Borgoña o Cruz de San Andrés, que recuerdan la forma de martirio que sufrió el santo y que llegó a ser patrón de ese territorio histórico que formó parte del Imperio Español y cuyo símbolo llevaron los tercios y naves españolas por el mundo ondeando en todas las fortalezas desde el Mediterráneo, el Caribe, el mar de Piedra,  todo el continente americano, desde la Patagonia hasta Nutka en la lejana Alaska, y por supuesto en el Pacífico y Filipinas. 

Durante más de dos centurias esa bandera se asoció y representó a España y como decimos ondeó en lejanas tierras de cinco continentes y a su amparo miles de españoles dieron su sangre que a ritmo de pífanos y tambores marcó el paso a la batalla de soldados que luchaban y defendían la Fe, mentalizados y conscientes de que la espada que tocaba su costado era como si tocase el costado del propio emperador lo que les llevó a la entrega desinteresada de su propia vida en lejanas tierras y mares quedando sus nombres en el olvido. 

Esa bandera enarbolada por exploradores y adelantados, fue conocida por tribus que al convertirse en indios amigos, la recibieron como propia en señal de alianza con el Rey de España, convirtiéndose los jefes tribales desde capitanes a generales de las fuerzas españolas, tal como podemos leer en diferentes disposiciones virreinales en las que se hacía formal entrega de tal bandera a los grupos indígenas pacificados y aliados y que a día de hoy aún conservan como veremos más adelante en una de estas entregas. 

En silencio, o rugiendo y rasgándose con los brutales vientos oceánicos o por los cañonazos de los enemigos de España, esa bandera surcó mares y océanos jamás navegados sobre mástiles sacudidos por el fuego de San Telmo desde el golfo de Guinea, la Patagonia o Borneo, naves pioneras de la primera globalización que lucieron orgullosas ese emblema vexilológico durante tres siglos. 

Bajo una idea imperial, que no imperialista, es decir integradora de gentes y territorios diferentes, todos súbditos del mismo rey, nacidos bajo la misma bandera, que también es nuestra, como el pintor español de Milán, Michelangelo Caravaggio, el alcalaíno escritor y soldado de Infantería, Miguel de Cervantes, el borgoñón cardenal y estadista Antonio Perrenot de Granvela, el navarro Martín de Azpilcueta, economista, profesor universitario, filósofo, jurista y sacerdote católico, el cosmógrafo, navegante y religioso vasco Andrés de Urdaneta, el geógrafo y cartógrafo flamenco, conocido como el Ptolomeo del siglo XVI, Abraham Ortelius, la saga de soldados y políticos Van Halen, oriundos de los Países Bajos fieles a la Monarquía española y a la Fe católica, que se trasladaron a España, unas vez perdido Flandes, al sentirse inseguros por sus ideas y por su Fe y cuya primera generación nacida en tierra peninsular pasó a engrosar el cuerpo de oficiales de la Real Armada, el español genovés Ambrosio de Espínola, orgulloso de que en su casa se hablaba en español,  el extremeño Benito Arias Montano, erudito, humanista, hebraísta, biólogo, traductor, teólogo, filólogo, el lutier español de Cremona Antonio Stradivari, el más prominente lutier italiano, constructor de violines, arpas, guitarras, violas y violoncellos, de quien se conserva el violín «Español II», en el Palacio Real de Madrid. 

Las Lanzas de Velázquez

Teniendo a la vista el lienzo de Las Lanzas de Velázquez quisiera afirmar que llevamos demasiado tiempo cometiendo un grave error de concepto pues nos hemos acostumbrado a pensar en la realidad de nuestra nación de acuerdo a unos criterios y parámetros cortos y limitados, empleados tanto por los usuarios y consumidores de la leyenda negra como por los nacionalismos aldeanos, de cuando la España del siglo XIX se convierte en una realidad más bien provinciana, algo que hasta aquel momento de declive nunca había sido. 

Julián Marías pone el ejemplo en la contemplación de la pintura de Las Lanzas de Velázquez, pintado entre 1634 y 1635, haciéndonos la pregunta sobre quiénes son aquellos ilustres personajes que allí aparecen; el vencido, Justino de Nassau que ofrece las llaves al general vencedor; si nos preguntamos de quién se trata, muchos dirán que es el italiano Ambrosio de Espínola, un italiano al servicio de España y ese… es ese el grave error de concepto que hay que reparar con todos esos olvidados pues se trata de algo radicalmente distinto… Era un español de Italia, como los napolitanos Francisco Fernando de Ávalos, marqués de Pescara y el marqués del Vasto, saga iniciada con Íñigo de Ávalos y Aquino, artífices de la encamisada de Melzi en 1524, primer golpe de mano de la Edad Moderna, al igual que Juan Francisco de Quadra y Bodega que era un español de Lima, como el también limeño Pablo Antonio José de Olavide y Jáuregui, ambos dos españoles de Perú; españoles de Méjico como el botánico novohispano Mociño, españoles de Buenos Aires, españoles de Manila, españoles de Oviedo, españoles de Cantabria, españoles de Sevilla, españoles de Zumárraga o españoles de la gerundense Creixell, como el sexagenario Dalmau de Creixell héroe de las Navas de Tolosa líder de la caballería aragonesa, o españoles del norte de África como Estebanico, o españoles de Bélgica como la esposa del hispano portugués Carlos Coloma de Saa, maestre general de los Países Bajos, y sus propios hijos y tantos otros, esa es la cuestión. 

Siempre cuando hablo del tema me gusta recordar otro claro ejemplo y es aquel que ocurrió en la loma de Albruch, durante la batalla de Nördlingen, al amparo de las aspas de Borgoña, aquella auténtica colina de la hamburguesa doble (sin desmerecer a aquella más reciente del 11 de mayo de 1969 de Vietnam). Pues bien, allí en Albruch, donde el Coronel Würmser que habiendo ocupado la colina pensó que se le iba a reemplazar por el tercio de Idiáquez perdiendo el honor de la primera y arriesgada línea de vanguardia frente a los suecos, se negó en redondo aduciendo que llevaba sirviendo a los reyes de España más de 30 años y que tan español como los demás no toleraría sufrir tal pérdida de honra y que solo si se lo ordenaba el Cardenal Infante retiraría su regimiento pero que él permanecería en aquel lugar sin retirarse pica en mano en primera línea como un soldado más en las filas del tercio de Idiáquez. Finalmente se mantuvo a la unidad tudesca en su puesto y su coronel con el regimiento Salm entregó allí su vida en la olvidada loma de Albruch. Recordar también al portugués Felipe da Silva, a las órdenes de Gonzalo de Córdoba, junto con Ernesto de Isenburg, como jefe de la caballería en la batalla de Fleurus inmortalizada por Carducho. 

La batalla de Fleurus inmortalizada por Carducho

 Todos ellos conocieron esta bandera y si no la recordamos y asumimos como propia y lo que representó no podremos conocernos a nosotros mismos ni entender el mundo que ellos vivieron y el legado que de forma consciente y voluntaria construyeron para dejarnos y del que somos depositarios y transmisores hacia las generaciones futuras. 

Estamos aquí dando homenaje merecido a esa bandera y a los que la siguieron porque nos oponemos a ese visión corta del XIX y a esa situación ‘umbraliana’ donde las haya que recuerda a esa zarzuela de Barbieri, titulada «Pan y toros», en cuyo acto II, al final, de forma crítica se aborda la muerte con la frivolidad propia del género chico: «¡No es nada! Un soldado muerto, puede el baile continuar».  

Nosotros aquí, porque nos importan los símbolos y los que los defendieron, damos nuestros sencillo homenaje a estos olvidados, como cabeza de cientos, de miles de españoles, soldados, exploradores, navegantes, misioneros, científicos olvidados cuya memoria reivindicamos y que trabajaron a sus órdenes, sirvieron y dieron su vida no en balde y a los que reconocemos pues construyeron una España de la que surgimos nosotros a la sombra de esa antigua bandera blanca sobre la que tremolan las aspas de color rojo y que a día de hoy vemos en San Agustín de la Florida, en San Felipe del Morro, en Puerto Rico, y en otros símbolos estatales norteamericanos, en Florida y Alabama, y del resto del continente americano como en Valdivia (Chile), Chuquisaca y Sucre (Bolivia) y un largo etcétera. 

 La Historia hizo que España dejara de usar tal enseña, lo cual no es motivo para relegarla u olvidarla, ya que forma parte de nuestro pasado y legado, sin entrar en los motivos, ya tratados en otras líneas, que llevaron a España a dejar de usarla como enseña y símbolo de todos. 

Si la olvidamos o adoptamos el relato, el marco mental, de los que emplean la mentira, el miedo y la manipulación, dejaremos de lado una gran parte de la Historia del mundo sin la que no se puede entender el actual.

Por lo tanto animamos la iniciativa de El Camino Español, para que el próximo día 25 de julio, y así crear costumbre que devenga en tradición para que cada señalado 25 de julio posterior coincidiendo con el Día de Santiago Apóstol, la mostremos y la exhibamos en balcones, en nuestras prendas y solapas, pequeños pasos y acciones correctas para que esta bandera ocupe el lugar adecuado en nuestra memoria común de la que somos depositarios y responsables transmisores. 

 Y así cuando se nos pregunte como ya nos ocurre cuando la mostramos expliquemos que se trata de la antigua Bandera de España y que sin ella la Historia de España empieza en el siglo XVIII tal como se nos pretende imponer, muy lejos de la realidad de que nuestra nación es una de las más antiguas de Europa, por no decir la más antigua entendida como estado moderno, que para nosotros se inicia en 1492, con la finalización de la Reconquista e inicio de la epopeya americana y circunnavegadora. 

 «Ésta también es mi bandera» es una hermosa y responsable iniciativa que pretende dar a conocer, a través de este símbolo, una parte fundamental de la Historia de España y del Mundo pues solo se puede luchar por aquello que se ama, solo amar aquello que se respeta y solo respetar aquello que se conoce, lo que nos lleva a un amor apasionado pero también consciente y racional basado en el conocimiento, estudio, cuidado, respeto y transmisión de nuestro legado. 

Y, aunque de forma trágica y fatalista, es justo recordar a aquellos que con la cara levantada y su mirada directa esbozando una sonrisa afirmaban aquello de: España mi natura, Italia mi ventura, ¡Flandes mi sepultura! 

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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