Tribalismos. Por Teresita Ávila

Tribalismos: Imágenes de etarras en las fiestas de Plencia (Vizcaya). Imagen de Covite

«La «España, camisa blanca» ya no es. Acaso luzca un blanco roto, hecha jirones, sacudida por los extraños herederos de una estirpe valiente»

Los tambores zulúes suenan rítmicos en un intento de armar un escándalo considerable. Las guerrillas urbanas pasaron de moda, y han tomado el relevo algunos ‘locales’ (y orates) que, dirigidos desde las sombras (tan apetecibles en verano), tratan de dislocar la convivencia. Ya es raro que, cuando se trata de la temporada estival, tan propicia al abandono, a la modorra, al ‘dolce far niente’ y -se lo perdonaremos- al «tinto de verano», salgan las «colubridae» sibilinas, estas serpientes de verano con ansias de hincarle el diente al pequeño roedor que se les ponga al alcance.

 

Contradictorios como somos, basculamos entre la acogida más ‘open arms’ y estruendosa -con jubilosas exclamaciones por los «talent show» futuros-, y propinamos collejas, patadas en la espinilla y codazos a los de aquí, «de toda la vida».

 

¡Quién no se vuelve «conspi» (-ranoico) hoy en día! ¡Quién será el ciego -el cegato- al que se le pase por alto la enésima actualización del «Divide et impera»! La «Patria» de Aramburu -o la «matria» de Díaz- se arrastran por el suelo enfangado que, con sol o lluvia, se ha convertido en zona de paso habitual.

 

La «España, camisa blanca» ya no es. Acaso luzca un blanco roto, hecha jirones, sacudida por los extraños herederos de una estirpe valiente -que no los reconocería ni sometida a los excesos etílicos propios de las fiestas de agosto-.

Teresita A.

Mi nombre tiene una historia detrás. La culpa no fue del cha-cha-chá -como cantaba Jaime Urrutia- sino de un "accidente burocrático". Nací en Logroño y pasé mi adolescencia en un lugar de cuyo nombre siempre me acordaré. Mis banderas son el humor cervantino y la retranca de Miguel Delibes -a quien tuve el honor de conocer, ya que soy autora de un libro cuya fuente exclusiva es su obra: Fórmulas de tratamiento en la narrativa de Miguel Delibes-. Las vocaciones -al contrario que las casualidades- existen y se persiguen, como los sueños. Y los míos siempre tuvieron en el foco darle a la tecla y escribir. Además, ejerzo como profesora en un instituto vallisoletano.

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