«El Gobierno –convertido en un rey Midas magnánimo– ofrece el oro y el moro a toda causa que tiene por costumbre quedar fuera del alcance de posibles auditorías».
Del salón en el ángulo oscuro: El final del verano. Por Teresita Ávila

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«El Gobierno –convertido en un rey Midas magnánimo– ofrece el oro y el moro a toda causa que tiene por costumbre quedar fuera del alcance de posibles auditorías».

«La lucha contra el mal y sus efectos ha de ser implacable y sin miedo. Sea cual sea, no hay que ceder ni dejar que armen su relato».

«Si hay algo que me indigna es la memoria selectiva —más bien memoria retorcida a conveniencia— que practican con notable descaro tantos autoproclamados demócratas».

«Acaso ya adivinen que permanecer como espectadores impasibles ante la creciente impunidad de unos poderosos sin miedo a nada no es la solución».

«Una civilización se derrumba cuando se traiciona a sí misma y deja de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, entre la excelencia y la mediocridad, entre la verdad y la mentira».

«Miserables los que desean cercenar las libertades, poner el foco en la vigilancia masiva con la excusa de la protección y el interés general, al tiempo que buscan su propio amparo».

«Una sociedad convencida de que todo es lucha, de que la cooperación es ingenua, de que las amenazas son constantes, acaba por construir el mundo que teme».

Me temo que hoy las cumbres se reservan para otros y no somos bienvenidos. La montaña mágica les pertenece a unos pocos.

«Solo cabe calificar de anormalidad este letargo, esta anestesia bajo la que se nubla nuestra capacidad de reaccionar ante hechos perversos».

El desastre se sirve en bandeja con una ‘enseñanza taparrabos’ que no cubre las vergüenzas, que no tiene costuras ni hilo para su arreglo.

«Lo social, ese pilar fundamental de la res publica del que presumen, ha dejado expuestas al aire sus vergüenzas, su endeble estructura».

«¿Seguirá siendo la civilización un proyecto para los seres humanos, o empezará a tratar a los seres humanos como material del sistema?»

«Si Cipión y Berganza volvieran a nacer, y de nuevo recobraran la facultad de hablar con la agudeza y el buen olfato de entonces, ¿qué dirían hoy?».

«Ya veo que es demasiado pedir que bajéis a la arena a mancharos los zapatos, descender, luchar contra las sinrazones disfrazadas de argumentos sesudos».