
«Hoy me va la marcha y me apetece leer a algún que otro gilipollas, y me sumerjo en ‘La Vanguardia’ y busco lo de Ivanete y Redondillo»
(a)
En uno de esos raros días en que me va la marcha
y hasta me apetece leer a algún que otro gilipollas,
me sumerjo hoy, raudo, en el diario ‘La Vanguardia’
y busco lo de Ivanete y Redondillo entre sus hojas:
(b)
«Así se construyen las democracias»,
asevera y pontifica el Séneca de la politología,
sin dejar de subrayar que «El padre Illa»
es «el protagonista de un cambio de paradigma»:
«España plural, diversa y plurinacional
en una Europa de horizonte federal»,
(c)
escribe, nuestro prohombre, en su deriva,
y como oteando ya semejante maravilla.
Y ensalza «su lenguaje cercano, humilde y valiente,
al son de la socialdemocracia y el humanismo cristiano.
» ¡Toma ya…! ¿Humilde… ese alfeñique ridículo y repelente?
(d)
¿Valiente… quien se pasa todo el día sacando lustre a cierto ano?
¡Ja: «socialdemocracia… y humanismo cristiano»!
¡Este adulador y quitapelillos sanchista, que hinca la rodilla
ante las continuas mendacidades y las felonías de su puto amo!
(e)
Mindundi relamido donde los haya, no cesa de menear la colita
para no poner en evidencia al triste ‘ganso’ que se oculta detrás del ‘pavo’.
Ivenete y Redondillo, en su ‘Oda a Illa Maravilla’,
nos lo sigue encumbrando, sin embargo:
(f)
«‘El padre Illa’ está en el momento justo y en el lugar adecuado
para que Cataluña ayude a mejorar al conjunto del Estado.»
¡Ja: yo más bien me lo veo, al ‘Islote’ catalufo, en una salsa bien dispuesta
para que se le venga pronto encima… la tormenta perfecta,
(g)
justo antes de que don Narciso Sánchez resuelva
darle por el mismísimo rebufo!
Que el muy redicho y ceremonioso Illa le importa, al cabo, una puta mierda.
Si hasta a su antiguo ‘capitoste’ Ábalos, tan machote él y tan torero,

(h)
lanza, ahora mismo, por boca del ministro ‘Puentecillo’, rejones envenenados,
imagínate tú cómo no iba a arrumbar,
de un político sopapo,
al ‘Molt Honorable’ monigote que puso en Cataluña
para que le limpiara el trasero.
(i)
Pobre tiralevitas Illa: habremos
de verle aún acabar como un puto anacoreta,
absorto y hundida la testuz entre pliegos,
legajos y papiros polvorientos,
en desesperada búsqueda
de una «didáctica democrática» cuyos altos méritos
(j)
de su penoso paso por la política finalmente le absuelvan.
Con todo, y a ese respecto,
yo no daría, por él, ¡ni diez céntimos!,
dicho sea con perdón.
Don Narciso Sánchez, lo sabemos,
no conoce la compasión:
necesita también fantoches, títeres
y saltimbanquis para la ocasión.

(k)
¿Qué luego se le descuajaringan por el camino?
¡Pues claro; no va a ser él quien se pegue el morrón!
…
¿Ivanete y Redondillo?
¡Déjenle trabajar vuesas mercedes, por Dios,
que tiene que servir al Estado… de tapadillo:
Tan grande es su humildad… y su patriótico fervor!

