
«El Sísifo del gran Tiziano es una obra impresionante que, más allá de los mitos, tan solo contemplarla, nos hace reflexionar»
Para conocer el origen de la obra Sísifo del maestro italiano Tiziano Vecellio di Gregorio (h. 1485/1490-1576), hay que mencionar a María de Austria, (1505-1558) hermana de Carlos V de Alemania y I de España, reina de Hungría y tras enviudar gobernadora de Los Países Bajos.
Hija de Isabel I de Castilla y Felipe de Habsburgo y nieta por tanto de los Reyes Católicos, María fue una mujer inteligente y dotada de una gran capacidad para los asuntos políticos, buena heredera de su abuela Isabel.

Su matrimonio concertado con Luis II de Hungría (1506-1526) le hizo ser reina de dicho país, cargo que supo ejercer con gran dedicación, lo que le valió el respecto y la admiración del pueblo. Supo intermediar en los problemas del Imperio entre sus hermanos Carlos y Fernando, lo que fue decisivo para el devenir del gobierno.
En 1530, tras el fallecimiento de la Gobernadora de Los Países Bajos, Margarita de Austria (1480-1530), su hermano el emperador propone como sucesora en el cargo a María, su hermana, ella lo acepta pues al quedar viuda estaba muy apegada a Carlos. Desempeñó el cargo de gobernadora durante veinticuatro años en los que demostró su habilidad política y su buen hacer siempre guiada por una estricta calidad moral.
En 1548 Carlos V acompañaría a su hijo, el futuro rey Felipe II (1527-1598), en un viaje a los Países Bajos con el fin de presentar al príncipe y afirmar su autoridad para cuando él falleciera. El viaje duró varios meses y fue descrito con detalle por los cronistas de la época, Juan Cristóbal Calvete y Vicente Álvarez.
La llegada a Bruselas del emperador y su hijo fue el momento culminante del conocido como el “felicísimo viaje” que estuvo repleto de agasajos, recepciones y celebraciones en todas las ciudades del largo trayecto.

Para el momento de la llegada del rey y su hijo, María estaba remodelando su residencia cercana a Bruselas, el Palacio de Binche, situado en un antiguo castillo que le regaló el emperador. Tenía el deseo de engalanarlo y que estuviera decorado para tal acontecimiento para que los ilustres invitados fueran recibidos con fastuosidad.
La celebración fue majestuosa con espectáculos de música y danza, convite y homenaje. Tanto el exterior como el interior fueron decorados con imponentes obras de arte, y un arco de triunfo según cuentan los cronistas, una decoración llena de alusiones a la grandeza del Imperio. La información nos ha llegado a través de los textos y documentos gráficos, ya que desafortunadamente el Palacio fue destruido por las tropas de Enrique II en 1554.
Calvete y Álvarez describen asimismo la decoración de una gran sala en el palacio donde tendrían lugar los principales actos de recepción y bienvenida a la comitiva, y es aquí donde mencionan cuatro grandes cuadros en los que aparecen escenas mitológicas.
Los cuatro personajes protagonistas de estas escenas son Tántalo, Ticio, Ixión y Sísifo. Se conocen en la época romana como Las Furias, conocidas en la Grecia clásica como Erinias o Euménides, que son deidades que personifican la venganza las que los vigilan, aunque realmente no son ellos las Furias.
María, gran coleccionista y benefactora del mundo de las artes, mantenía buenas relaciones con grandes pintores de la época. Entre ellos el gran maestro Tiziano, autor del retrato de Carlos V a caballo tras la batalla de Múlhberg; al que le encargó las cuatro grandes obras mencionadas.

La idea del programa iconográfico en todo el palacio era muy clara, utilizar los temas mitológicos para trasmitir los mensajes de supremacía y mostrar los castigos y penas que reciben aquellos que no aceptan las normas de la autoridad legítima rebelándose contra ella; las penas de aquellos que defraudaban a los dioses. En este caso, un claro mensaje a los príncipes que, desafiando la autoridad imperial, se aliaron contra su hermano Carlos, a los que derrotó en la Batalla de Mülhberg (1547).
Tras la destrucción del Palacio de Binche, María de Hungría regaló los cuatro grandes cuadros a Felipe II que los llevó al Alcázar de Madrid donde el incendio en 1734 acabó con dos de las obras, Tántalo e Ixión y las otras dos, Ticio y Sísifo se trasladaron al Palacio del Buen Retiro hasta 1828, cuando se llevaron al Museo del Prado donde actualmente se pueden contemplar.

Tiziano es considerado uno e los mejores pintores de la historia del arte. Trabajó desde muy joven en la Escuela Veneciana con maestros como Gentile Bellini (c. 1429-1507) o Giorgione (c. 1478-1510), algo que fue decisivo en su aprendizaje de la utilización del color y los efectos lumínicos.
Sus excelentes aptitudes para la pintura le llevaron a ser nombrado pintor oficial de la República Veneciana, cargo que desempeñaría durante toda su vida, aunque atendiera encargos del resto de Italia y otros países, tanto públicos o privados.
Como los grandes pintores de la época, Tiziano poseía además de excepcionales cualidades para la pintura, una gran cultura literaria. Los temas propuestos por María de Hungría, eran bien conocidos en el Renacimiento, sin embargo, no había muchas referencias de cuadros con estos protagonistas.

Estos personajes ya aparecen en la literatura clásica por autores como, Homero (siglo VIII a. C.), Ovidio en su obra Metamorfosis (IV, 447-464) o Virgilio en La Eneida (VI, 457-458). En ellas se narran los castigos a los que fueron sometidos tras enojar a los dioses.
La condena de Ticio fue que su hígado, considerado centro de las pasiones humanas, fuera devorado por un buitre por haber violado a Letona, madre de Apolo y Artemisa; Tántalo, rey de Sípilo, fue condenado a permanecer en un estanque y cerca de un árbol cargado de fruta pero sin poder beber y comer eternamente; Ixión, rey de Tesalia, desafió a Zeus al querer matarlo para ocupar su lugar en el Olimpo, su castigo fue también enorme y consistió en permanecer atado a una rueda que giraba sin parar y cada vez que llegaba a la parte más alta Zeus le azotaba para recordarle su acción; finalmente Sísifo, una de las figuras más representadas de la mitología griega.
Este último personaje, fundador y rey de Corinto, antigua Éfira, era un hombre astuto pero impío, mentiroso y ambicioso que no reparaba en engañar a cualquiera en su propio beneficio.
Por pura conveniencia, para tener el beneficio de que pasara agua por su reino, acusó a Zeus de haber raptado a Egina, hija de Asopo, rey de los ríos. El enfado de Zeus hizo que enviara a Tánatos (la muerte) para enviar a Sísifo al Hades (inframundo para los griegos), sin embargo, éste logró esquivarlo y lo imposibilitó con cadenas, lo que hizo que durante un tiempo nadie moriría.
Tánatos fue liberado por Ares y logró enviar a Sísifo al inframundo, pero el astuto rey antes de morir realizó una artimaña pidiendo a su mujer intencionadamente que no lo honrara tras su muerte con la intención de volver para recriminar a la esposa por no haber realizado el cortejo fúnebre; consiguió hacerlo, pero con la condición de regresar de nuevo al Hades, sin embargo, no lo hizo.
Sísifo murió de muerte natural a una edad avanzada y ya no pudo evitar la pena a la que fue condenado por desafiar a los dioses, su martirio eterno fue empujar una gran roca por una pendiente empinada, pero al llegar a la cima la gran piedra descendía lo que hacía que tuviera que empezar el recorrido de nuevo, así, una vez tras otra.

El personaje ha sido objeto de diversas interpretaciones a lo largo de la historia; Lucrecio (c. 99-55 a. C.) filósofo y poeta romano, hace un paralelismo con los políticos que intentan llegar al poder sin importarles nada ni nadie en su obra La naturaleza de las cosas (De rerum natura).
Albert Camus (1913-1960), lo interpreta como metáfora de la condición humana en su obra El mito de Sísifo, obra en la que es cuestionado el sentido de la vida. El filósofo compara la condena de Sísifo con la búsqueda que la persona lleva a cabo a lo largo de su existencia de encontrar sentido a la vida en un mundo indiferente; para él la condición humana está determinada por el absurdo, por lo que la pena que cumple Sísifo es simplemente la aceptación de su destino.
Para el también filósofo, el alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) Sísifo simboliza la búsqueda continua del ser humano de la superación personal.
Miguel Ángel lo representó en un dibujo que fue un regalo para Tomasso de Cavalieri y es digna de mención la representación que hizo de él el magnífico pintor español José de Ribera (1591-1652).

La obra de Tiziano presenta al protagonista en el centro del cuadro y es precisamente su figura la que llena toda la composición. El cuerpo de Sísifo tiene una clara influencia tanto del Torso de Belvedere, obra de Apolonio de Atenas, siglo II a. C. y de la obra de Miguel Ángel a quien el pintor admiraba y cuya obra conoció tras su estancia en Roma.
El ambiente y la atmósfera del cuadro transmite un entorno infernal, con tonos oscuros en el que resalta la figura del protagonista con un cuerpo semidesnudo en el que se puede apreciar la fuerte tensión muscular ante el enorme esfuerzo que está realizando. El pintor realmente plasma el horror y la desesperación de Sísifo.
Como excelente retratista, Tiziano no solo consiguió captar las características físicas de los personajes, sino su psicología, algo que se aprecia también en Sísifo, que a pesar de la oscuridad trasmite la expresión de desesperación, esfuerzo y dolor que está experimentando.
El entorno es oscuro, un ambiente terrorífico y en el que el protagonista no solo sufre por la pena tan dolorosa y angustiosa, también sufre con los horribles seres del inframundo que le hacen sufrir o el volcán que arroja cenizas aún incandescentes. En el centro aparece una mancha celeste en el que se distingue un pequeño claro de cielo azul entre las tinieblas…quizás la esperanza de la salvación, algo que nunca se debe perder.
En definitiva, una obra impresionante que, más allá de los mitos, tan solo contemplarla, nos hace reflexionar.

