Conversaciones en el andamio: Si no caben es que no caben. Por Francisco Gómez Valencia

Si no caben es que no caben.

«Esto no se soluciona ni aunque se vengan todos los africanos para disfrutar del sueño español: cobrar poco, trabajar menos pero con alegría»

Pese a estar en el Gobierno son tiempos raros para la izquierda en general. De hecho observas los movimientos rocambolescos del PSOE al albur de los cambios de opinión de su jefe, y si eres blando de espíritu te darían hasta pena pero como estamos hasta las gónadas de ellos, desmontamos sin piedad sus argumentos riéndonos por no llorar de sus hazañas bélicas mostradas al mundo, como falsos éxitos gracias a su absurdo talante.

Que el jefe dice “que hay que firmar con Mauritania un tratado para traerse 250.000 moros para sumar talento”, pues sale Rita Maestre (la que enseñó sus mamás en la Complutense) y dice que los inmigrantes son quienes mas tiran de la actividad económica y ocupan mas del 60% de los empleos de nueva creación, según un informe que saca El País sin mencionar la autoría de los mismos.

Que va el jefe y al día siguiente de firmarlo suelta en Senegal que está a favor de las deportaciones masivas (como VOX) pues sale el compañero Pepe Álvarez en una entrevista de El Español, y dice que «antes de ir a buscar a nadie hay que dar empleo a nuestros parados y a los ‘sin papeles’ en España”.

Conversaciones en el andamio. Si no caben es que no caben.

Y yo me pregunto: ¿La gente de izquierdas directamente ha mutado en lo que son hoy o venían así de serie y lo han estado disimulando durante décadas? Curioso porque según los disidentes y los expulsados, la transformación del partido en secta, solo se ha percibido como algo destacable cuando la multitud ha demostrado realmente ser absolutamente manipulable. De hecho, su transformación fatal se ha manifestado cuando se han vuelto mas sensibles al carisma de alguien sumamente despiadado, y no ante la competencia del resto  de líderes tanto de izquierdas como de la oposición que han ido quedándose por las cunetas. 

La imagen y no las ideas, confirma que la corrupción ha sido aceptada como un mal menor y no hacen falta pruebas que exoneren a su líder ante los casos flagrantes que todos conocemos. Tanta desfachatez en tandas repetitivas no da tregua ni para que la argumentación de aquellos que han salido, sugestione mínimamente a la masa no crítica que eufórica no atiende a razonamientos, y desechan a sus propias formaciones (Podemos,  Sumar, ERC, PNV, Más País, Compromis, BNG, etc…) siendo capaces de mantener la mágica cifra de 120 escaños en todos los sondeos de opinión. 

No serían suficientes seguramente para volver a disponer del poder político que otorga el actual conglomerado Frankenstein, y de nuevo los de Puigdemont tendrían la sartén por el mango, pero es que hoy de lo que quería hablar es de esos millones de españoles que votan socialista vivan o no del Estado, a sabiendas de que esto no se soluciona ni aunque se vengan todos los africanos del mundo con la ambición de disfrutar del sueño español: cobrar poco, trabajar menos pero con alegría.

Feliz día de San Gregorio.

Españistán a 3 de septiembre de 2024.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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