Cuando en la novela o la vida una palabra escrita dice fin. Por Rodolfo Arévalo

Cuando en la novela o la vida una palabra escrita dice fin.

«¿Cuántas cosas hubieras cambiado si hubieras tenido tiempo? Pero ya no se puede, cuando en la novela o la vida una palabra escrita dice fin»

No hay nada peor que ver tu novela acabada e impresa por la editorial. Abres con miedo las páginas y lees… ¿Cuántas cosas cambiarías si aún estuvieras a tiempo? Muy probablemente añadirías o eliminarías muchas líneas, porque los pensamientos, las ideas, las historias, no tienen límite, no se detienen entre tus neuronas. Pueden contarse los hechos, una y mil veces de manera diferente, con más o menos personajes, con un ritmo más o menos trepidante, con palabras diferentes, con cientos de giros distintos, y aún así, siempre cuentan la misma historia. Alejarse de los personajes es muy difícil dado que todos ellos son elaborados y tamizados por tu cerebro. Es probable que puedas hacer que sean diferentes entre ellos y distintos a ti, pero requiere el esfuerzo de crearlos, distanciándote de ellos y de sus entornos. Poner cercas a las letras ya impresas en el papel es acorralar ovejas, poner fin al libre albedrío que ellas puedan configurar motu proprio. Menos mal que es así, porque si no un inconformista como yo mismo, acabaría convirtiendo el argumente en un pastiche sin sentido, sin utilidad y probablemente hasta aburrido.

 

Es útil releer lo narrado desde el principio, para volver a poner los límites y embridar el contenido que pudiera escaparse a tu control. Pero esos límites son tan antiguos como el propio pensamiento humano, que haciendo salvedad de los productos y épocas manejadas, siempre son lo mismo, porque los hombres son siempre iguales, sus sentimientos y pensamientos son los que tuvieron en otra época, y con otras culturas y reglas sociales, son en definitiva nuestras copias genéticas, los seres que habitaron la historia humana anterior a la nuestra. Solo varía la forma en que se producen los hechos, pero los sentimientos son siempre iguales, eternos.

 

Por eso a veces si uno se detiene a pensar qué podría variar en lo contado, vuelve al camino ya marcado, ese que quedó definitivamente cerrado el día en que la imprenta, acabó el libro entre las prensas. No es fácil encaminar personajes y hechos por los vericuetos que pueden o deben tomar, como para que luego no pudieras controlarlos. En cierto sentido, los personajes se manejan a sí mismos, en cuanto pueden liberarse de la dictadura de su autor, y realmente es lo deseable, porque si no, todos acabarán pareciendo solo uno, dado que parten del cerebro de un solo ser humano. Cuando abres ya la historia terminada e impresa, ya no hay vuelta atrás, cada personaje y sentimiento quedará congelado para siempre en la tinta seca, su destino se ha hecho inmutables, nada puede separarlo de lo que es y será para siempre, vamos realmente lo que nos ocurre a los seres humanos de verdad.

 

Y es por esto que he contado que no hay nada peor que ver tu novela acabada e impresa por la editorial. Abres con miedo las páginas y lees… ¿Cuántas cosas cambiarías si aún estuvieras a tiempo? Muy probablemente añadirías o eliminarías muchas, porque los pensamientos, las ideas, las historias, no tienen límite, no se detienen entre tus neuronas, es nuestra propia historia e imaginación, no pueden parar, no se detienen hasta que la vida se nos va y la impresión queda para siempre definitiva. ¿Cuántas cosas hubieras cambiado si hubieras tenido tiempo? Pero ya no se puede, cuando en la novela o la vida una palabra escrita dice fin.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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