Me quedo conmigo. Por Julio Moreno López

Me quedo conmigo. En la imagen «La nave de los locos» de El Bosco.

 

Quiero estar lejos y a solas, ganarle más tiempo a mis horas, dejar de sentirme culpable por ser vulnerable a todos mis excesos. Estas son mis cicatrices, caigo por mi propio peso, todas mis expectativas, las doy por perdidas si no salgo ileso. Y por eso, aunque sepa que soy mi peor enemigo, hoy yo me quedo conmigo”. (“Me quedo conmigo”. Taburete). 

 Puede resultar curioso, pero a lo largo de estos años de escritura, en las ocasiones en que me he encontrado con gente que tiene la generosidad de leerme, he podido comprobar algo que no imaginaba; a menudo, los miedos, las dudas, las convicciones e incluso las opiniones que creía más personales, no lo son en absoluto.  A todos los niveles, pero sobre todo en lo referente a posición social, intelectual y principalmente generacional, muchas de estas cosas que motivan mis artículos, que salen de lo más profundo de mis vivencias y mis convencimientos, resultan ser colectivas. 

 

Por tratar de explicarlo como si fuera capaz, en numerosas ocasiones me he encontrado con personas que me han manifestado que me leen porque expreso las mismas cosas que ellos sienten, aunque de un modo del que ellos se sienten incapaces; pero el fondo, lo que el texto manifiesta en definitiva, podría haber salido perfectamente de sus pensamientos y reflexiones. 

 

Parece que lo he escrito yo”, me han llegado a decir. Esto, en principio, podría o debería considerarse algo positivo. Empatizar así con el lector, que a fin de cuentas es el usuario, el juez y el notario de tus escritos, podría considerarse uno de los objetivos prioritarios del escritor. Sin embargo a mí, desde el punto de vista emocional, me resulta, en cierto modo, desazonante, inquietante, que todo un colectivo, por muy coetáneo que pueda ser, sufra las mismas cuitas con idéntico sentimiento, ya sea este positivo o negativo. 

 

Si cabe, si uno mira con el filtro adecuado, observando con atención, este fenómeno lo podemos encontrar no solo en la escritura, sino en todos los tipos de arte, en todas las creaciones. Sin ir más lejos, la cita con la que hoy abro estas líneas, me define perfectamente, con el presunto inconveniente, además, de que los miembros de Taburete son mucho más jóvenes que yo. Y me ocurre a menudo con creadores del ámbito literario y musical. 

Salgo de mi propio cuerpo, hablo de una forma extraña. Odio al tipo del espejo, unos siete días por semana. Casi ya no veo el puerto, solo hay una cosa clara. Fuimos demasiado lejos y ninguno se cubrió la espalda”.(“Como si fueras a morir mañana”. Leiva). 

 No me digan que no se sienten identificados con estas frases de Leiva. Y, en este caso, si es casi coetáneo mío. O con las reflexiones de otro grande, una generación por delante, en este caso, el Maestro Sabina.

A ti te estoy hablando, a ti, que nunca sigues mis consejos. A ti te estoy gritando, a ti, que estas metido en mi pellejo. A ti que estas llorando ahí, al otro lado del espejo”. (“Corre, dijo la tortuga”. Joaquín Sabina). 

 Podría parecer que sentimientos tan íntimos, que atañen incluso a la imagen que uno tiene de sí mismo, no podrían tener una interrelación y, sin embargo, así es por lo que parece. 

 

En cierto modo, a pesar de mi desazón, me consuela pensar que la irrealidad que actualmente ha invadido mi mundo, en todos los sentidos, la sensación de vacío, de falta de objetivos a corto plazo, el sentimiento de mirar a un extraño en el espejo, opaco, mezquino y egoísta, no son exclusivas, que no son un primer paso a la locura, a la inexistencia y al final. 

 

¿Y a usted?. 

 “Tiene dos caras distintas. No sé cual debo mirar. Tiene dos vidas distintas, no sabe cual emplear, y cual quiere ocultar. Tiene un problema de prisa, lo que quiere lo quiere ya. Tiene un problema de vista; no ve donde está el principio y el final”. (“Dos caras distintas”. Los secretos). 

  

@elvillano1970  

Julio Moreno Lopez

Nací en Madrid en el año 1970. Aunque mi título universitario indica que soy ingeniero informático por la Universidad Pontificia de Salamanca, nunca ejercí como tal. Enamorado del mundo del periodismo y de la literatura, colaboro en diversos medios escritos y en alguna que otra emisora de radio. Ahora, miembro de este proyecto tan bonito de La Paseata. Además, soy autor del libro “Errores y faltas” Y del blog del mismo nombre. En Twitter @elvillano1970.

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