«La caricia de una historia». Por Antonio Ramírez

La caricia de una historia

«Novecento resulta un imperdible escritura que convierte su prosa en poesía que produce, sin duda, una gran experiencia lectora»

Hay novelas cortas, pequeñas historias, que son una oda de las formas más extraordinarias de tocar el alma. La habilidad del escritor o escritora consiste en hacerlo con una contundencia que no esté reñida con la sueva caricia. Se siente, mueve sentimientos, y a través del misterio se disfruta de su originalidad. Es el caso de «Novecento«, relato largo del extraordinario autor italiano Alessandro Baricco. Si el creador de «Seda«, una de las grandes obras de la literatura del siglo XX, Baricco nos trasladó a ese genial paisaje de la nostalgia por lo que no se ha podido vivir, en este caso nos introduce en una monumental y breve trama de una leyenda mágica y enigmática sobre un melancólico pianista nacido en un buque, del que jamás descendió, que cada noche en estado de virtud hacía disfrutar a los pasajeros en esa travesía.

La historia se centra en el periodo de entreguerras en el que un trasatlántico, el «Virginian» hacía las singladuras entre Europa y América con un pasaje variopinto de emigrantes, simples turistas o millonarios en el solaz disfrute del lujo. Su inaudito existir y su arte musical no deja indiferentes, el de Novecento, que así se llamaba y da título a este relato monumental. La manera de contarlo del autor, tampoco. Por ello, Baricco, vuelve, una vez más, a hacer un alarde de su conocimiento de los sentimientos humanos y su peculiar manera de contar, habiéndose convertido, desde hace décadas, en un escritor de culto. Imperdible escritura que convierte su prosa en poesía que produce, sin duda, una gran experiencia lectora.

Antonio Ramirez Velez

Indígena melillense con varias decenas de años a mis espaldas. Periodista de profesión y dedicación institucional desde hace muchos años en lla Ciudad Autónoma de Melilla, anterior Ayuntamiento, con una paso también en la Administración del Estado, Delegación del Gobierno. Responsable en diversas legislaturas de gabinetes de prensa y relaciones institucionales, comencé a entender, hace tiempo ya, que el poder es un mar de ambiciones y conjuras permanentes y por ello la verdad, cuando sobrevive, vale su precio en oro. Mi paso por medios de comunicación, tanto públicos, como privados, me enseñó de la gran asignatura pendiente que tienen, aún, generaciones de periodistas sobre la consideración de su profesión y la dignificación de la misma.

Lector aplicado, que intento ser, concibo a los libros como uno de los últimos reductos de la libertad de pensamiento, generadores de opinión y salvaguarda, por ello, de la voluntad. Lo único que no nos puede ser arrebatado (Víktor Frankl).

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