La muerte de la Libertad de Expresión. Por Fran Encinas

La muerte de la Libertad de Expresión

«Mi libertad nunca puede avasallar o ser más importante que cualquier otra, ni mancillar o impedir la propia libertad de otros»

    Últimamente se está hablando mucho de las noticias falsas o fake, también lo llaman bulos o lo que es lo mismo; mentiras o falsedades que muchos vierten y provocan con el único propósito de desinformar aún más, tergiversar una verdad molesta o directamente manipular una serie de acontecimientos que pueden variar la opinión de los ciudadanos. Es el arma definitiva contra la verdad, por ende, contra la libertad de expresión. Es la propaganda que desde el principio de los tiempos ya se utilizaba. ¿Recuerdan cuando los nazis soltaban desde sus aviones panfletos y pasquines a los aliados para desmotivar o engañarlos en la 2ª guerra mundial? O a Martín Lutero, impulsor del protestantismo, llamado finalmente la doctrina teológica del luteranismo y uno de los mayores difusores de propaganda sobre la leyenda negra española de aquella época, cuando desde Alemania y Holanda reproducía grabados y escritos como medio propagandístico y falsario contra Las Españas. Su intención era combatir el catolicismo, y España era su máximo exponente, además de querer acabar o desprestigiar al gran imperio español que abarcaba medio mundo en los cinco continentes y donde en sus dominios nunca se ponía el sol. 

   

  Hoy en día, el caldo de cultivo para esa propaganda se hace en las redes sociales, donde hasta los propios servicios secretos, de inteligencia y de espionaje del mundo, que están detrás de muchos gobiernos, quieren controlar a su voluntad dichas redes para crear el relato que a ellos les conviene. Éstas son utilizadas hoy como medio de control de masas, debido a que muchos ciudadanos ya han dejado de ver a los grandes medios y cadenas de televisión por ser totalmente sectarias, deleznables y corruptas, a parte por su decadencia, sumisión al poder y propaganda falsaria. Pero lo más importante es que hace años dejaron de cumplir con su cometido: informar a los ciudadanos de forma fehaciente y contrastando las noticias con rigor y veracidad según dicta su código deontológico o según mandata la constitución española a los medios de comunicación. Sin embargo, en España están subvencionados por esos mismos gobiernos para condicionar el relato, para ocultar la verdad; cuando eso ocurre, una horda de cuentas falsas, al servicio de poderes en la sombra, que manejan también a esos gobiernos, dentro de lo que ya se conoce como Agenda 2030 o también el movimiento Woke, que atacan sin piedad a quienes se significan o dan voz a las noticias que el gobierno quiere ocultar y que no veréis en ningún medio generalista.  

   

  Luego G.A.D. están los buenos, los valientes que aman la verdad y la libertad y que utilizan esas plataformas de streaming en directo, como YouTube, Periscope o Tic Toc; o los diarios digitales que aún son libres y donde la verdad prevalece difundiendo la cruda verdad de los acontecimientos que ocurren en España. Éstos son el último reducto de libertad de expresión que nos queda, pues en muchos de esos canales; los youtubers, creadores de contenido, tuiteros etc. nos cuentan lo que ninguna televisión te cuenta. Son los últimos vestigios donde aún se puede encontrar la verdad en libertad. Ninguna de esas televisiones se atrevería a perder las subvenciones millonarias que les da el gobierno para que digan lo que a ese gobierno le interese y le convenga que digan. Por supuesto, jamás darán ninguna noticia que afecte al PSOE y a sus miembros y afiliados, incluso ni de sus socios de gobierno, no siendo que se enfaden y no les den sus votos, estando España en un chantaje permanente —Digamos Marruecos, Francia o Israel con Pegasus—. Ni mucho menos dirán nada de Pedro Sánchez, de su mujer Begoña Gómez, de los negocios de sus padres o los de sus suegros. Ningún presentador de telediario de esas corruptas televisiones dirá nada de todo esto. “Periolistos”, que no periodistas, todos ellos, ellas y elles emperifollados, emperifolladas y emperifollades y maquillados, maquilladas y maquillades hasta el corvejón —¡Ven ustedes!, hasta se le pega a uno el lenguaje de idiotas inclusivo, patético, absurdo de gilipuertas o gilipuertos— con el gaznate, el estómago y la faltriquera bien llena, agradecidos al amado líder, que les aprovisiona de millones de euros para contentarles y se arrodillen y postren ante él, sin rodilleras. 

 

Pero, ante todo, los objetivos primordiales de los enemigos de la verdad en dichas redes son los millones de ciudadanos que interactúan criticando las políticas nefastas del gobierno a través de un post en X, un vídeo en YouTube, o en Facebook, Telegram o Instagram, da igual, allí donde está la verdad, de inmediato aparecen como hongos las hordas del poder y de los partidos que les apoyan; los llamados bots y trols, que son los que se encargan de manipular la verdad con bulos, falsedades o inventándose cualquier historia para contrarrestar la verdadera noticia. La cuestión es sofocar dicha verdad con un montón de mentiras; darle la vuelta a una verdad incómoda que les perjudica. Eso sí, la inmensa mayoría se amparan y refugian en el anonimato. Incluso, se atreven a amenazar hasta de muerte, te hacen la vida imposible o te acosan y te insultan de forma permanente. 

 

  El anonimato en las redes sociales tendría que estar prohibido. No en vano, a los ciudadanos se nos obliga a identificamos para hacer cualquier gestión en las administraciones o para tramitar cualquier asunto, sin embargo, en dichas redes puedes crear varias cuentas y decir auténticas barbaridades, incluso, amenazar sin que tenga consecuencias.  

 

  Pero no son más libres aquellos que insultan bajo un nombre falso, solo son infinitamente más cobardes, mucho más si se refugian o amparan en un nombre ficticio a través de una cuenta falsa, como “Don Tancredo, Napoleón, Celtas o XCV”. Una cosa es poner un seudónimo cuando públicas un libro, un artículo o poner un nombre de un personaje famoso, otra muy diferente es querer engañar, simular o directamente cubrir las huellas para atacar, insultar o desprestigiar a alguien.  

 

  Se debe de exigir la identificación en las redes sociales con nuestros datos reales cuando creamos un perfil. Se tiene que saber quién escribe lo que escribe y sancionar aquellos comportamientos irrespetuosos, delictivos o perseguir cualquier apología del delito, de las faltas de urbanidad mínimas exigibles y de cualquier comportamiento asocial. 

 

  También se deben de exigir a todas estas redes, plataformas audiovisuales o digitales de información, el cumplimiento estricto de las leyes nacionales y supranacionales. Eso de que esas redes administren ellas su propia justicia, como sanciones, restricciones o eliminaciones de cuentas o perfiles, con un criterio corporativista o sectario, ¡ni hablar!, que es lo que está pasando en la actualidad. La censura de esas redes de forma injustificada o cualquier tipo de restricción dictaminada por sus dirigentes o administradores, no se tendría que permitir, pues va en contra del derecho fundamental a la libertad de expresión. Tienen que cumplir y respetar las leyes de cada estado; colaborar en todo momento con las diferentes FFCCSE de cada país, informando de cualquier actividad delictiva de mafias, grupos criminales o terroristas; dar el tiempo suficiente para normalizar esas cuentas anónimas e identificarse como personas y no como trolls o cualquier forma de anonimato. Y si ya son los bots, dirigidos directamente por humanos, o bien programados para hacer la misma función, pero multiplicado por 100, es aún más grave, máximo con el auge que están experimentando las nuevas tecnologías, mal aplicadas a las redes sociales. 

   

Debería de haber en cada país un comité ético y jurídico independiente de expertos, para que vigilen con escrupulosidad absoluta, respeto a la libertad de expresión y a las leyes de cada país, toda forma de comunicación, incluidos los medios de comunicación generalistas, fueren públicos o privados, pues como estamos viendo, y como diría Pablo Iglesias: “dame los telediarios (o sea las televisiones) y para ti las consejerías de empleo”.  

 

Mi libertad nunca puede avasallar o ser más importante que cualquier otra, ni mancillar o impedir la propia libertad de otros. Es una simple cuestión de respeto y educación, cosa que en dichas redes no suele pasar, entre otras cosas por ese anonimato incomprensible refugio de los cobardes. Por tanto, la identificación fehaciente y contrastable al crear un nuevo usuario en cualesquiera de esas redes o plataformas, sería la solución a esos desvergonzados, marrulleros, sinvergüenzas, canallas y muchos criminales que amparan sus acciones detrás de un nombre falso. Con esta simple medida desaparecería este cáncer de las redes; se acabarían los bots, trolls, hooligans, desalmados y mercenarios.  

  Existe una ley de protección de datos, por lo que no pueden existir temores a la hora de manejar datos personales y, en el caso de que hubiera irregularidades, tienen que ser los tribunales de justicia de cada lugar los que pongan pie en pared a esos abusos. 

 

  Si seguimos creyendo en aquella máxima de que la verdad nos hará libres, donde el mundo se encuentra en estos momentos en la encrucijada más terrible de nuestra historia reciente; o luchamos por esa libertad o nos la arrebatarán, pues quien crea que ser libres es parte de la condición humana, se equivocará y mucho, la libertad es un derecho igual que los DDHH o el derecho a la vida, pero ya estamos viendo que en más de la mitad del planeta esto no es así, no es que ya no exista un ápice de libertad, sino que en ese medio mundo sus habitantes viven prácticamente en régimen de esclavitud a través de dictaduras abyectas y asesinas. Por lo tanto, la libertad es un derecho demasiado frágil y efímero, donde hay que estar permanentemente luchando para que los enemigos de siempre no nos la arrebaten, aquellos que nos acechan en las sombras; dictadores, criminales, sátrapas, autócratas, malhechores.  

 

  Si permitimos que nos roben la libertad solo nos quedara la esclavitud, el sometimiento, la degradación de los seres humanos: el fin de la civilización. 

Fran Encinas

Me llamo Fran Encinas, expolicía nacional y escritor ocasional, aunque más bien diría vocacional, pues me gusta contar en artículos la realidad de nuestro país, eso sí, no dejo indiferente a nadie y presumo de mi vehemencia hasta en mis artículos. También tengo varios proyectos; uno de ellos a punto de culminarlo. Será un libro autobiográfico donde cuento, a parte de las intervenciones más relevantes que tuve el gran privilegio de vivir en primera persona durante mi etapa como Policía Nacional, y que pocas veces se ha contado con toda la crudeza. Pero la principal trama de dicho libro fue un hecho dramático, deleznable y terrible que sufrí y que marcó toda mi vida. El otro es una recopilación de todo lo acontecido en los últimos años de nuestra querida España desde la llegada de ZP al poder hasta, prácticamente, nuestros días. También fui comentarista político o como se hacen llamar los cursis, contertulio, más concretamente intervengo en un programa llamado Discusiones en el Gulag, del canal de YouTube de David Martínez, o mi participación en otro programa llamado Libres 2.0 de Luis J Martín, hoy Multicanalradio.

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