Conversaciones en el andamio: El círculo vicioso. Por Francisco Gómez Valencia

El círculo vicioso.

«El Gobierno –de la gente que vive del Estado– hace hincapié solamente en la recepción y gestión de los inmigrantes, usándolos como arma arrojadiza contra el PP»

Ayer ya sabrán que una turba organizada intentó de nuevo asaltar la valla de Ceuta. La cosa estaba revuelta y era conocido que el sarao iba a estar interesante. Las autoridades marroquíes (por llamarlas de alguna manera) hicieron acto de presencia, y parece que al menos el gesto sirvió para aplacar los ánimos de los inmigrantes ilegales residentes en Marruecos.

Las críticas al Gobierno no se hicieron esperar (no se sabe muy bien porqué) ya que era obvio que como en tantas otras ocasiones los operativos no estaban reforzados, seguramente al estar ambas Policías (la española y la alauita) coordinadas para que el asalto no tuviera éxito, y así dar la sensación de tener el problema de la inmigración controlado.

Sin embargo por otro lado este mismo fin de semana cerca de 200 personas llegaron a Canarias como el que se pega un viaje en las aguas del estanque del Retiro de Madrid, siendo estas más o menos la misma cantidad de personas que trataron de asaltar el paso fronterizo.

Obviamente no debe ser muy complicado tener conciencia de cuando se inician estas gestas gracias a los servicios de inteligencia, pues las pateras parten de manera organizada cada día. Aunque teniendo en cuenta los avances tecnológicos y los seguimientos que se hacen, cualquiera ha podido comprobar que están controladas por satélite, pareciendo difícil que las autoridades de los países implicados (incluido el español) no sean capaces de parar o al menos frenar esta crisis humanitaria.

Del mismo modo también la mayoría de la gente somos conscientes de que los aventureros que llegan de África, parece que no se abandonan a su suerte cada vez que lo intentan viendo el perfecto estado de revista en el que llegan casi siempre, pese a no disponer de los instrumentos de navegación necesarios para efectuar la singladura con un mínimo de garantías de éxito. Por lo que es obvio que la monitorización existe y reciben ayuda durante la singladura, al menos en alguna ocasión para que no se distraigan del rumbo. 

Cuando efectúo esta afirmación no quiero decir que reciban ayuda humanitaria durante el viaje pues es sabido que en algunas ocasiones no lo cuentan, lo cual sería por otro lado lo más lógico. Por lo que me aventuro a pensar que las mafias velan en cierto modo por asegurar antes de cada salida que su mercancía va a llegar a buen puerto en un alto porcentaje, dando lo mismo el estado de salud en que lleguen los navegantes. Es mas, incluso me atrevería a pensar que perder de vez en cuando algún porte forma parte del negocio  para darle al tema la debida dosis dramática necesaria para ablandar los corazones de los europeos.

En cuanto a las rutas, también es conocido que por lo que sea, las que llevan a Grecia e Italia aunque siguen estando bien activas, por algún motivo han dejado de ser prioritarias para esas mafias teniendo en cuenta que las que llegan hacia España se han intensificado, deteriorando ostensiblemente la imagen y la paz social en nuestro país. La política migratoria de nuestro Gobierno (sin ser experto en la materia) da la sensación de no estar siendo muy eficaz (o sí, dependiendo de para quien) cuando las mafias apoyadas por los países emisores de inmigrantes, y las ONGs financiadas desde las administraciones españolas, parece que están supuestamente haciendo su agosto. Evidentemente algo falla  y desde luego no es culpa de la oposición, pues como sabemos todos las fronteras son cosa del Gobierno y no de las autonomías.

Sin embargo el Gobierno –de la gente que vive del Estado– hace hincapié solamente en la recepción y gestión de los inmigrantes, usándolos como arma arrojadiza contra el PP (principal gestor de las CCAA) para manipular a la opinión pública. Curiosa política migratoria la que practica Sánchez y su banda. Tragarse la  presente enterita a diario siendo probablemente responsables subsidiarios de los daños directos y colaterales. Indudablemente son colaboradores necesarios aunque sea por omisión, pues con sus falta de eficacia y rigor impulsan sin rubor la actual situación de la crisis social que padecemos. La tensión se alimenta de esta y muchas otras maneras, y al PSOE poco le importa desestabilizar el país con tal de detentar el poder. Como bien le dijo hace muchos años Zapatero (mas o menos) a Iñaki Gabilondo, “la tensión nos beneficia”, así que ya sabes Sánchez: a seguir forzando la  máquina de esta y otras mil formas posibles, especialmente para las localidades gobernadas por el  PP donde son depositados estos inmigrantes a la buena de Dios, para que cuando rechisten, tengas una buena excusa para acusarlos de defender las mismas políticas de VOX, y así seguir manteniendo vivo el guerracivilismo que tanto necesitas para subsistir en La Moncloa.

Feliz día de San Cipriano, San Juan Macías y San Cornelio.

Españazuela a 16 de septiembre de 2024.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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