
«Os invito a recrearos con las palabras de Emily Dickinson, una apasionada poetisa norteamericana que vivió gran parte de su vida recluida en casa»
Nacemos libres, responsables de nuestros actos hasta el final, pero apenas crecemos un poco comienzan las ataduras, los compromisos… En sí misma la libertad apenas tiene valor si no es aplicada a nuestras vidas, es un lujo que no todo el mundo consigue. La sociedad de consumo, el materialismo, el querer más y más cada día nos atan, nos impiden ser uno mismo que es en definitiva ser libre. No es un fin, es un medio para dominar nuestras pasiones, liberar nuestra conciencia para creer y para propagar esa creencia. Esa es mi reflexión para este domingo.
Os invito a recrearos con las palabras de Emily Dickinson, una apasionada poetisa norteamericana que vivió gran parte de su vida recluida en casa.

Ningún cepo puede torturar
Mi alma en libertad,
Pues detrás de este esqueleto mortal
Se teje uno de más valor.
No puedes horadar con un serrucho
Ni traspasar con una cimitarra
Dos cuerpos, por lo tanto perdura,
Amarra uno y el otro vuela libre.
El águila no se despoja
De su nido y, sin embargo,
Gana el cielo
Más fácilmente que tú.
Excepto tú mismo tal vez nadie pueda ser
Tu enemigo,
Cautividad es conciencia
Y también es libertad.


No hay más libertad que la libertad.
Mi libertad es inviable sin la libertad de los otros, carece de sentido y desemboca en una frustración castrante.
En realidad no conozco a nadie que de verdad quiera ser libre fuera de las unidades de psiquiatría. Sólo ocultándolo adecuadamente puedes pulular entre la masa. Hay tanto amof en la locura…