
«España acaba de vivir uno de los pasajes más nauseabundos de su historia diplomática»
El líder venezolano Edmundo González Urrutia y ganador de las pasadas elecciones denunció este miércoles que firmó un documento, antes de salir de Venezuela y en la Embajada Española, bajo coacción del régimen de Nicolás Maduro: fue amenazado para que firmara su salida de Venezuela porque, en caso contrario, tendría que «atenerse a las consecuencias», según las propias palabras de Edmundo González.
Y todo ello ocurrió en la residencia del embajador español en Venezuela, Ramón Santos, con la presencia expresa de Delcy Rodríguez y su hermano, Jorge, ambos con la entrada en territorio UE prohibida por Bruselas por ser parte clave del régimen narcodictatorial de Maduro.
Que un diplomático español se comporte con la displicencia cómplice que muestra Ramón Santos constituye el retrato más degradante y ruin.
Según leo en el periódico Libertad Digital, Ramón Santos no es un desconocido en estas materias. En el año 2020, el Gobierno de Pedro Sánchez envió a Bolivia a esta misma persona. ¿Por qué? La primera razón, porque era el histórico embajador de José Luis Rodríguez Zapatero en La Paz. ¿Qué raro verdad?, el amigo de Maduro, Zapatero. Ahi lo dejo.
Y, dos, porque Evo Morales había perdido las elecciones y se acababa de desatar una crisis diplomática con el país andino y el nuevo Gobierno que había acusado ya a España de ayudar a salir a miembros del Gobierno de Morales para que no fueran juzgados.
Ramón Santos fue embajador en Bolivia entre 2008 y 2013. De hecho, fue uno de los garantes de las excelentes relaciones entre el Gobierno de Evo Morales y el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero. Santos permaneció más de dos semanas en Bolivia durante el «momento más agudo de la crisis», según reconocieron en su momento fuentes del Ministerio. Santos estuvo como enviado especial para el refuerzo de la embajada, añadió aquella versión oficial. Eso sí, el Gobierno de Sánchez, una vez más, se negó a desvelar la agenda de Ramón Santos en Bolivia. Qué casualidad.
Entiendo humanamente a Edmundo que se haya ido de Venezuela perfectamente.
Pudimos leer también una noticia en Ok Diario, en la que trasladaba que el régimen hizo llegar durante semanas a sus hijas, el mensaje de que tarde o temprano su padre sería capturado, procesado y encarcelado por una larga lista de presuntos delitos: usurpación de funciones, falsificación de documento público, instigación a la desobediencia de leyes, conspiración, sabotaje con daños al sistema y asociación ilegal.
Unas acusaciones que llevaría por décadas a prisión a González, de 75 años. «Se va a morir en prisión», fue el mensaje insistente que recibía su entorno familiar de personas que hablaban en nombre del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin).
Por supuesto, no vamos a ser ingenuos: el embajador no hizo otra cosa que cumplir las órdenes del Gobierno, pero el relato de Edmundo González sobre cómo se gestó su salida de Venezuela, en medio de las amenazas de la dictadura, colocan al embajador en una situación imposible.
Tendrá que explicar por qué cedió su residencia oficial para que Delcy Rodríguez, número dos del régimen, la utilizara como sala de coacción a una persona en suelo español. Con independencia de que actuara como un mandado, su permanencia en el cargo es imposible. Porque su comportamiento no es que fuera impropio o improcedente, sino que, incluso, puede ser constitutivo de delito.
Ya hay dos denuncias presentadas ante la Audiencia Nacional por coacciones y colaborador necesario. Luego habrá que depurar responsabilidades en las esferas más altas, pero lo inmediato es que el embajador sea fulminantemente destituido.
No se trata de convertirle en chivo expiatorio para salvar al Gobierno de Pedro Sánchez , todo lo contrario, sino de forzar al Ejecutivo a retratarse: ¿Le parece al Gobierno que el papel del embajador estuvo a la altura de que lo que se espera de un embajador de España? Por supuesto, Ramón Santos no es el auténtico culpable, porque la responsabilidad primera del infame episodio vivido en la residencia del embajador es de Pedro Sánchez.
A estas alturas, el Gobierno parece evidente, ha quedado retratado bajo la excusa de acoger a Edmundo González por razones de humanidad en España lo que hizo fue servir a los intereses de la siniestra dictadura de Maduro. Por acción u omisión. Existió negociación, estoy convencido que sí. Y por lo visto, la voz cantante y amenazante la llevó Nicolás Maduro a través de Delcy Rodríguez.
No hay más que verlo.
Todo mi apoyo, cariño y solidaridad, con el presidente electo de Venezuela, Edmundo González Urrutia.

