
«Quieren construir armas más potentes que las anteriores, quieren emular a Dios y no saben que se pueden convertir en ángeles caídos y convertir la Tierra en un infierno inhabitable»
Esta vez voy a dejar a un lado la situación política, social y económica del mundo en general, y de nuestro país en particular, o al menos en lo sustancial, para denunciar algo gravísimo que pasa desapercibido porque lo ocultan bajo siete llaves por la repercusión que pudiera tener en la población mundial.
Resulta que los gobiernos hacen responsables a la mayoría de la población de la contaminación del planeta y, por ende, del supuesto “cambio climático”, y para remediarlo, han tomado medidas; han creado unos “chiringuitos” gigantescos en torno a ese hipotético cambio en el paradigma del tiempo, con ingentes cantidades de dinero público que riegan a un sinfín de grupúsculos que viven a la sombra del poder, los llamados “chiringuitos del cambio climático” que, por supuesto, no hacen nada para evitar ese hipotético cambio. La mayoría de esas organizaciones, bien vinculadas a los que yo denomino “ecologetas”, bien vinculadas a partidos políticos en el poder, fundamentalmente de izquierdas, pero también de derechas, “trincan” ingentes cantidades de dinero público en subvenciones de las administraciones y, como contrapartida, siguen la misma línea argumental que desarrolla la Agenda 2030 por todo el mundo. Dicha agenda es la planificación de unas élites mundiales donde nos quieren imponer cómo vivir, dónde y cómo movernos, qué vestir, qué comer, con quien tenemos que acostarnos, etc. La Agenda 2030 es un plan maquiavélico, desastroso, esclavista, y carente de cualquier vestigio de democracia y de libertad. Dicho plan afectaría a nuestra industria, a nuestro campo, por lo tanto, a nuestros agricultores, ganaderos, pescadores, etc. En España los conocemos bien: el gobierno al completo, sus socios y quienes les apoyan de forma incondicional, pero además, el principal partido de la oposición es también pro A2030 y no se ruborizan en declararlo públicamente, pues perder el poder en esta partitocracia oligárquica, es perder el sustento millonario que les está haciendo ricos a través de dichos “chiringuitos”.
La mayoría —Con dos dedos de frente— sabemos que el clima cambia y lleva haciéndolo desde prácticamente la formación de la Tierra. Lo hace porque nuestro planeta está vivo, se adapta, reacciona y va evolucionando dependiendo de muchos factores que interactúan con él: la Luna, las mareas, las corrientes marinas, la latitud y la altitud, los vientos predominantes, las estaciones, la gravedad terrestre, las variaciones orbitales, el propio magma del núcleo, incluso los volcanes y sus erupciones, etc.
Hay evidencias científicas de que el clima de la Tierra nunca ha sido lineal, ha habido cambios climáticos abruptos dados de forma natural durante millones de años y que han provocado variaciones extremas de las temperaturas, también ha habido extensas zonas tropicales. Algunos desiertos de ahora, antes fueron océanos o exuberantes selvas de clima tropical. Es decir, donde antes había mares y océanos ahora son desiertos o viceversa.
Un informe realizado por varios científicos y publicado en la prestigiosa revista Science sobre la temperatura del planeta de los últimos 485 millones de años, señala que la tierra está ostensiblemente por debajo de la temperatura promedio de la serie histórica, tras más de 300.000 años de enfriamiento.
La emisión de gases industriales (CO2, SO2 NOx, y otros contaminantes), que empezaron hace menos de 200 años, es la responsable del aumento en la velocidad de dicho calentamiento: casi 4°C en los últimos 300 años tras situar lo “normal” en torno a 8°C en 50.000 años.
Conclusión Estudio: “El calentamiento global es un fenómeno natural que se incrementó con la actividad humana industrial, y la reducción de dichos contaminantes ya estaría solventando mayoritariamente el problema del ‘factor humano’, aunque siga su curso natural”.
Pero qué pensarían si les dijera que realmente lo del cambio climático es eso; una enorme falacia para crear un enorme “chiringuito” para robar a los ciudadanos ingentes cantidades de dinero público que justifican inventándose que la mano del hombre es la responsable de ese cambio. Qué no digo yo que el ser humano no deja bastante que desear en relación a cuidar el planeta; provocando incendios, talas de bosques descontroladas, contaminación de los ríos, mares y océanos, maltratando a la naturaleza, a los animales, así como a la fauna y flora, las selvas, etc. Pero hacerle responsable de todos los males o desastres, no, y menos después de saber que a lo mejor hay muchas “manos negras”, muchos intereses espurios creados ad hoc por unas elites de poder con el único propósito de controlar todos los recursos naturales de la Tierra, y para ello, tienen que poder controlar el clima y el tiempo. Y resulta que no es la humanidad, en general, quienes están haciendo cambiar el clima de nuestro planeta, sino que son algunos países, como EEUU, Rusia, China y no se descarta a otros que, con sus “máquinas y artilugios” científicos ya lo están haciendo. Como el proyecto HAARP (High Frequency Advanced Auroral Research Project) —Búsquenlo en Google y verán cómo se les queda el cuerpo—, donde EE. UU lleva años experimentando, más concretamente desde 1993. O el proyecto RAM – SURA, Instalación de Calentamiento Ionosférico, son las siglas del proyecto ruso que tiene por equivalencia y contrapartida al americano HAARP. Ambos proyectos consisten en la instalación de 180 antenas parabólicas de tamaño considerable que funcionando en conjunto actuarían como una sola antena que puediera emitir 1 GW =1.000.000.000 W. Para qué lo entiendan, estos serían como gigantescos calefactores que irradiarían a la ionosfera un billón de ondas de radio de alta frecuencia las cuales penetran en la atmósfera inferior e interactúan con la corriente de los electrojets aureales.
El Sura está ubicado cerca del pequeño pueblo de Vasilsursk a unos 100 km al este de Nizhniy Novgorod, en Rusia. El Sura es capaz de irradiar cerca de 190 MW, potencia radiada efectiva (PRE) en ondas cortas. El Haarp, en español programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia, es una instalación militar situada en Gakona, Alaska. Ambos son altos secretos experimentales, o ya no tan experimentales, que iniciaron su andadura en los 90 y que mantienen oculto y como alto secreto a los ciudadanos.
Pero si les dijera que no sólo son estos dos países los que juegan a ser Dios, sino que China ya está ejecutando otro proyecto con el doble de capacidad que el Haarp o el Sura para cambiar el clima y el tiempo, que dichos proyectos son denominados “armas meteorológicas» por estos países, qué me dirían. El proyecto chino está ubicado en un desierto y se desconoce su ubicación exacta.
Apenas estamos empezando a vislumbrar todo lo concerniente a la experimentación sobre el clima para uso militar, comenzamos a ver la punta del iceberg. Ya Bill Gates tenía en mente aquella idea de “tapar el sol” con espejos paneles o algo parecido para bajar la temperatura de la tierra varios grados para tomar datos y desarrollar planes de geoingeniería. No me extrañaría que este personaje multimillonario y pro Agenda 2030 estuviera detrás de alguno de estos proyectos o cerca de ellos.
Pero estos no serían unos proyectos para beneficiar a la humanidad y, por ejemplo, provocar más precipitaciones en forma de lluvia allí donde hiciera falta, impedir diluvios o danas con lluvias torrenciales, vientos huracanados o tormentas de nieve o granizo para no perjudicar los cultivos, o impedir catástrofes naturales, etc., sino que estos irían mucho más lejos e infinitamente serían mucho más terroríficos, como la de provocar, precisamente, eso: desastres naturales; inundaciones, sequías, incluso terremotos o tsunamis en aquellos países donde tuvieran interés para esos gobiernos.
En las dos últimas décadas ha habido terremotos o tsunamis en varias partes del mundo muy sospechosos, donde muchos investigadores creen que algunos de estos gobiernos pudieran estar detrás y que se sabe a ciencia cierta que llevan años con esta tecnología, o como se debieran de llamar: máquinas infernales o armas de destrucción masiva. Ya sabemos que a lo largo de la historia ha habido desastres naturales, pero en las ultimas décadas, los expertos creen que demasiados y en zonas muy señaladas y estratégicas.
De ser cierto que estos proyectos pudieran estar ya operativos, sería terrible y habría que empezar a dudar de su naturaleza a cualquier cataclismo, terremoto, o tsunami que se produjera en cualquier parte del mundo. Sería una maquinaria militar colosal, tan destructiva y catastrófica para la humanidad que da pavor. Pero para algunos dirigentes de estos gobiernos no son suficientes las miles de bombas nucleares; no son suficientes las armas biológicas, tan terroríficas como las nucleares, ya lo hemos visto con el coronavirus que ha puesto al mundo patas arriba con un simple virus del estilo de la gripe común; al parecer, no son suficientes, que llevan décadas investigando y experimentando con el clima para utilizarlo también como armas de destrucción, creando —Digamos presuntamente—, tormentas, terremotos o tsunamis allí donde les convenga para destruir infraestructuras, centros de producción o tecnológicos, o simplemente arrasar con un tsunami kilómetros de costa para desarrollar un resort de lujo en Tailandia, por ejemplo.
Fíjense hasta qué punto todo esto es cierto, que hasta la AEMET reconoce (a su manera), que dichos cambios se están produciendo, y como si fuera lo más habitual; un poco de lluvia por aquí, una buena nevada por allá, una granizada en el desierto, etc. La AEMET: «En la actualidad más de 50 países llevan a cabo actividades sobre modificación artificial del tiempo, cuyo estado se recoge en los informes periódicos realizados por el Comité de Expertos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM)». En dicho informe se habla de las famosas chemtrails o estelas químicas o de condensación, tan habituales en nuestros cielos ya no tan azules.
España firmó en 1979, según consta en el B.O.E., un acuerdo denominado proyecto de intensificación de la precipitación (PIP) entre la organización meteorológica mundial, el gobierno español y otros estados miembros de dicha organización meteorológica. Publicado en: BOE núm. 38, de 13 de febrero de 1979, páginas 3729 a 3732 (4 págs.).
Por todo ello, si esto fuera del general conocimiento se les acabaría el chollo del “chiringuito climático” y sería tremendamente escandaloso, pues no solo estos proyectos pueden desestabilizar el clima de la Tierra y nuestra atmósfera, sino que es mucho más peligroso para nuestra salud; estos experimentos podrían afectar a nuestro cerebro, a nuestro comportamiento, pues esas mismas ondas que afectan e interactúan en la ionosfera, pueden afectar a nuestro cerebro con consecuencias hasta ahora desconocidas.
¿Pudieran estar dichas ondas afectando ya a nuestras mentes con el objeto de dominarnos y anularnos el libre albedrío y convertirnos en autómatas?
La humanidad aún no ha superado ese espíritu belicista que desde que el mundo es mundo no ha cejado en su empeño de enfrentarse a sus semejantes por razones nimias, intrascendentes; motas de polvo que, comparadas con la enormidad y grandiosidad del mundo y del universo nos dejan como una especie agresiva y destructiva, en lugar de ser seres inteligentes, que se supone que lo somos. Y en lugar de racionalizar los sentidos impulsando la ciencia y la tecnología con fines estrictamente para el bien de esa humanidad, cada avance científico y tecnológico que es descubierto por los científicos e investigadores, los poderes en la sombra se los apropian y priorizan esos avances para crear nuevas armas, como si ya no hubiera suficientes como para destruir el planeta un millón de veces, a pesar que con tan solo cinco misiles nucleares como la bomba de Hiroshima y Nagasaki, uno en cada continente bastaría para acabar con la vida en nuestro maravilloso planeta. Pero ellos siguen queriendo construir armas más potentes que las anteriores, quieren emular a Dios en su inmensa sabiduría y no saben que se pueden convertir en ángeles caídos y convertir la Tierra en un infierno inhabitable.

