
«Los falsos ritornelos de Pisarello abrirían un largo debate acerca de la capacitación para ejercer como diputados a muchos de los que hoy están en el Parlamento»
Nada, nada que al parecer a Pisarello, al que yo denomino “Boca… ” no le gusta que se hable del Descubrimiento de América, porque los Españoles somos una especie de matarifes hijos de nuestra madre que, entramos en México a sangre y fuego. Y por supuesto, nuestro actual Rey, no puede apartarse de esa calificación, fíjate la proximidad que tiene con el siglo catorce o quince, por lo que invitarle a la toma de posesión de la tal Claudia Sheinbaum, muy mexicana ella, se ve como una provocación imperdonable al pueblo Mexicano.
Creo que eran seiscientos los efectivos que tenían en aquella expedición los españoles y que gracias a la ayuda de nativos del lugar, se empezó a avanzar al interior de ese territorio indiano, que no Mexicano, México no existía como tal. Más que a conquistar, creo que los Españoles, y dada la obsesión del momento, fueron a dar cultura y cristianizar el lugar. Está claro que los habitantes de allí, no tenían una sociedad muy piadosa con los demás y con los enemigos. Su costumbre era sacrificar al enemigo arrancándole el corazón en público.
En aquella época los españoles tenían la obsesión de la religión y no, como otros países, la obsesión del territorio y las riquezas. Es cierto que por el camino los exploradores encontraron oro y otros metales preciosos, pero fue algo coyuntural, no era el propósito principal. El principal era religioso, eclesiástico, evangelizador, etc… De hecho se trató a los pueblos como si fueran nuevos Españoles, con todos los derechos. Claro que si la señora Claudia Sheinbaum opina que lo de aquellos españoles fue puro mal café contra los inditos allí encontrados, será… Pero vamos nada extraño a la época histórica en la que la mitad de Europa estaba abriendo mercados en África, Asia y otros lugares, desde luego con menos mano blanda y evangelizadora.
La expansión hacia el otro lado del Atlántico era una mera cuestión de tiempo. Lo podrían haber hecho los españoles, o cualquiera otra potencia marítima, incluso Portugal que lo hizo en Brasil. La diferencia es que los españoles llegaron allí y no solo no mataron a los inditos como plan principal, si no que les enseñaron y evangelizaron. Que eso está bien o mal, es algo que no se puede juzgar con los postulados del siglo XXI, hay que hacerlo con los de aquella época, desde el mil cuatrocientos noventa y dos y el mil seiscientos.
No se puede ver la historia desde nuestro punto de vista actual, porque eso es una auténtica estupidez. Demuestra una cortedad intelectual de antología, lo que abriría un largo debate acerca de la capacitación para ejercer como diputados a muchos de los que hoy están en el Parlamento, ¡elegidos por el pueblo Español! Sería algo así como comparar a un Homo Erectus con un Neandertal o un Cromañón. Ni la religión, ni la cultura, ni las costumbres, ni la estructura social serían comparables con lo que existe en el siglo XXI, por eso se demuestra que quiénes argumentan esto tienen muy poco intelecto y reducen todo a la categoría del absurdo. Pero parece que la simpleza, la incapacidad de tener pensamientos elaborados y de cierta calidad se impone en la actualidad, la charla de café es lo habitual. Se va perdiendo poco a poco el nivel intelectual y la capacidad crítica y de pensamiento entre los humanos de este siglo.
Por otra parte no es nada extraño, la excelencia no ha sido nunca abundante en las sociedades pasadas o actuales. La gran masa de la población se rige por ritornelos aprendidos desde una pequeña educación elemental, y las costumbres, usos y dichos sociales de cada momento, pero de ahí a poder elevar las reflexiones a un nivel superior va un trecho bastante difícil de pasar. ¡Que le vamos a hacer! No todos podemos ser filósofos, políticos o simplemente personas despabiladas e integradas en las realidades y pensamientos de cada momento. Yo por ejemplo, me conformo con oír las estupideces y motivos por los cuales mi Rey, no será invitado a la toma de posesión de una presidenta sectaria hasta la médula, con una memoria de la historia fabricada intrínsecamente para fastidiar a mi país, España. Y todavía, nadie ha retirado al embajador destacado allí. ¡Patético! Pero claro esa orden debería provenir del Ministro de Asuntos Exteriores o del mismísimo Presidente del Gobierno y eso, no sucederá, porque hay mucho bravucón, pero solo de palabra. Para otra cosa hacen falta, como en “la venganza de Don Mendo”, más quiñones.

