
«Ahora que se habla tanto de derecho internacional cabe preguntarse si existe el derecho a derrocar a un tirano, una revolucionaria cuestión planteada desde el Siglo de Oro español»
Pedro Sánchez olvida que no se puede hablar de derecho internacional ni de soberanía si se deja a un lado al titular de los mismos que es la persona. Es tremendo escuchar a la desnortada izquierda y a todos los enemigos interiores de España, que no son pocos, cómo se les llena la boca con el término de ‘derecho internacional’, empezando por el propio Sánchez, con el propósito exclusivo de amparar a un presidente ilegítimo, como era Chaves, corrupto además de criminal o a un régimen teocrático y criminal como está ocurriendo tras la aniquilación de la cúpula represora iraní. Y digo enemigos de España pues Podemos, financiado sin rubor por Irán, y todas sus ramificaciones llegaron desde el chavismo para destruir España, no hay más que escuchar a uno de sus fundadores, deshumanizador y cosificador como el que más, cuando decía que él no puede decir ‘España’ y que acepta ‘cabalgar contradicciones’ al justificar su financiación económica iraní a pesar de las decenas de miles de opositores asesinados, muchísimas mujeres, por no querer someterse al uso en público del insultante trapo negro que las insensibiliza, las deshumaniza obligándolas a vivir en segundo plano disfrazadas como bolsas de basura, algo que los cobardes podemitas disculpan como un hecho cultural.
Los neocomunistas son partidos filoterroristas y filoseparatistas que llegaron para abiertamente destruir España pues no creen en el estado-nación sirviendo a intereses políticos y económicos externos que les financian y a poderes antiespañoles internos, los partidos secesionistas con los que actualmente mantiene su gobierno Sánchez.
En esa línea de destrucción de España es en la que debemos entender el feminismo woke, que apoya a los islamistas, pues, aunque inicialmente pueda parecer aparentemente una contradicción, también vienen a minar y a destruir España. Esa basura ideológica y escoria social que calla ante las responsabilidades y corrupción política responsable de terribles accidentes por carencia de mantenimiento ferroviario y de carreteras, que clamaba por Gaza y que defiende el trapo humillante para la mujer ahora calla ante los sucesos de Irán, con decenas de miles de muertos, y ante las valientes mujeres iraníes a las que Juana Belarra y la Montero no le llegan ni a la suela de la sandalia. También se les llena la boca con el término ‘derecho internacional’, disculpa para defender a cualquier dictador, gobernante ilegítimo, ya sea el defendido una y otra vez por Zapatero o el recientemente eliminado iraní junto a su cúpula represora.

Ahora que se habla tanto de derecho internacional cabe preguntarse si existe el derecho a derrocar a un tirano, una revolucionaria cuestión que no se planteó recientemente sino desde el Cristianismo del Siglo de Oro español, en palabras y pluma del sabio erudito Juan de Mariana. Para conocerlo debemos trasladarnos al ‘Ochavo de los Jesuitas’ en Toledo, un espacio oculto, íntimo, espiritual y fascinante dentro de la iglesia jesuita de San Ildefonso, que funciona como una capilla relicario de planta octogonal que alberga reliquias importantes, como espinas de la corona de Nuestro Señor Jesucristo y fragmentos de la Santa Cruz, siendo un rincón sagrado y poco conocido de la capital imperial toledana. Su nombre, «Ochavo», se debe a su forma de ocho lados, lugar símbolo de la Fe y del arte barroco toledano, con paredes de un color rojo que representan la sangre de los Mártires. Allí yacen los restos de un pensador que a día de hoy incomoda al poderoso, a los que defienden a los dictadores y aspirantes a totalitarios. Se trata de Juan de Mariana (1536-1624), era un jesuita, que además de filólogo, teólogo fue historiador y filósofo político, que junto con Baltasar Gracián, Pedro de Ribadeneyra, Juan Eusebio Nieremberg y Francisco Suárez, configura el ejemplo más representativo de los escritores e intelectuales españoles de la Compañía de Jesús durante el Siglo de Oro, conocido como ‘segunda escolástica’. En 1599 publicó una de sus obras cumbre que hoy llamaríamos incendiaria por su profundidad y valentía en el pensamiento político no solamente español sino europeo y occidental, me refiero a su obra “De rege et regis institutione”. Argumentaba que si un monarca se convierte en tirano, desprecia la religión y las leyes, y abusa del poder, puede ser derrocado y ajusticiado por el pueblo como último recurso.
En su obra el padre Mariana afirmaba que un Rey debe obedecer las mismas leyes morales y justas que obligan a cualquier vasallo. Tremenda afirmación que hoy deberían aplicarse todos los corruptos que nos imponen su maldita voluntad, pues su autoridad derivaba de un pacto con el pueblo, que le obligaba a gobernar con justicia y en beneficio común, no como un tirano por encima de la ley o como un abúlico que simplemente actúa como elemento decorativo. El Rey recibía su poder del pueblo, y a cambio, se comprometía a mantener la justicia y la ley, creando con ello un vínculo mutuo de doble dirección de lealtad. Si el Rey incumplía sus deberes y se convertía en tirano, el pueblo tenía derecho a resistir y recuperar su poder, lo que justificaba el tiranicidio.
El padre Mariana defendía que el Rey, aunque promulgara leyes, debía estar sometido también a ellas y a la moral, como cualquier otro ciudadano, para evitar el abuso de poder, argumentando que «el príncipe es sobre las mismas leyes», pero debe seguirlas. Así nos dice que si se gobierna como un tirano… el pueblo no sólo puede rebelarse, sino que puede derrocarlo.
Mariana escribió la obra por encargo de su amigo García de Loaysa, preceptor de Felipe III responsable de formar al futuro monarca en principios de buen gobierno, y aunque Mariana no fue directamente preceptor del mismo, sí fue una figura intelectual clave y su obra, dedicada a la educación de príncipes y la ciencia política, influyó en la formación de monarcas y élites de su época, incluyendo a los Habsburgo españoles.
El libro fue dedicado a Felipe III y buscaba instruirlo en el arte de reinar, ofreciendo principios para un gobierno justo, aunque más tarde se le acusaría de regicidio por sus ideas. Y hablando de libertades, oscurantismo y leyenda negra, recordemos que cuando Enrique IV fue asesinado el 1610, el parlamento de París ordenó quemar públicamente el libro de Juan de Mariana por considerar que su justificó el asesinato del rey, a pesar de que Mariana defendía que un tirano podía ser depuesto si actuaba contra el derecho natural. Aunque el asesino, François Ravaillac, supuestamente no había leído el libro, las doctrinas de Mariana sobre el derecho a acabar con monarcas tiránicos provocaron la censura y la quema de ejemplares en Francia en junio de 1610.
En cualquier caso, Mariana no defendía el caos sino los límites al poder y el derecho moral a resistir la opresión. El padre Mariana falleció en la capital toledana y sus restos reposan en el ochavo del templo citado. Es justo recordarle en estos días de flagrante abuso de poder, de tiranías derrocadas o en peligro de ser derrocadas. El docto doctor Sánchez debe saber, o quizás no quiere, que no se puede hablar de derecho internacional ni de soberanía si se deja a un lado al titular de los mismos que es la persona.

El mismísimo Francisco de Vitoria (1483-1546), fue padre del derecho internacional por postular un orden mundial basado en el derecho natural, defendiendo la dignidad y derechos inherentes a todos los seres humanos, incluidos los pueblos indígenas de América, estableciendo bases para la comunidad internacional y la guerra justa más allá de las fronteras nacionales y religiosas, sentando las bases de los derechos humanos modernos. Respecto al derecho natural y la dignidad humana Vitoria sostenía que los seres humanos poseen derechos fundamentales por el simple hecho de serlo, independientemente de su origen o fe, como el derecho a viajar, comerciar y poseer bienes, que son exigibles incluso frente al Estado. Fundador de la Escuela de Salamanca, sus enseñanzas, las ‘Relecciones’, influyeron profundamente en juristas y pensadores posteriores, sentando bases para el derecho internacional moderno. Su trabajo es un antecedente fundamental para la concepción de un derecho global y los derechos humanos.

Francisco de Vitoria debe ser tenido como la figura clave de la Escuela de Salamanca, en la que abordó el tiranicidio desde una perspectiva iusnaturalista y escolástica, legitimando la resistencia contra el tirano que abusa de su poder y destruye el bien común, situación en la que está viviendo Irán o Venezuela y a la que con sus particularidades camina desgraciadamente España en este momento. Aunque con gran prudencia, Vitoria fundamentó que la autoridad civil reside en la comunidad en la sociedad, limitando el poder monárquico, el poder de la autoridad sea la que sea, y cuestionando el derecho divino absoluto.
En cuanto al fundamento de la resistencia, el padre Vitoria distingue entre la tiranía de origen o usurpación, y la tiranía de ejercicio es decir la derivada del abuso de poder y que en este momento sufre España. Argumenta Vitoria que un gobernante que actúa contra la justicia y el bienestar del pueblo puede ser legítimamente resistido y, en casos extremos, depuesto o ajusticiado. En cuanto al contexto del homicidio, en sus estudios sobre esta peliaguda materia, Vitoria permite matar en legítima defensa, ya sea pública o privada, vinculando la defensa del bien común contra un gobernante corrupto con la necesidad de preservar la república. Si mencionamos la influencia Escolástica, se basa en la tradición de Santo Tomás de Aquino, argumentando que el gobernante es un miembro de la comunidad política, y si se convierte en un miembro corrupto que daña al cuerpo social, puede ser eliminado. Al establecer límites al absolutismo, su pensamiento, al limitar el poder del monarca frente al derecho natural y el bien común, sienta con ello las bases para el derecho internacional y la limitación del poder absoluto. A diferencia de otros autores posteriores como Juan de Mariana, también mencionado, que defendieron el tiranicidio de forma más directa, Vitoria se enfocó en la ilegitimidad de un poder que viola los derechos naturales, poniendo el énfasis en la justicia y la responsabilidad del gobernante.

