Luz que confunde. Por Antonio Ramírez

Luz que confunde.

«Cristina Cassar Scalia brinda una buena saga de serie negra que comenzó con «Arena negra». No decepciona, por el contrario atrapa»

En ocasiones todo lo que la luz alumbra lleva implícito el propósito de una conclusión determinada, pero no ajustada a la realidad. Tal es la historia que «La lógica de la luz» enhebra para cautivar con su lectura. El relato está  enmarcado en un nuevo caso de la icónica subcomisaria siciliana Vanina Carrasi. Forjada en la lucha antimafia y ahora en la policía judicial de Catania, Carrassi se enfrenta a un nuevo caso de sumo enredo y numerosos giros y que deambulan por ese paisaje tenebroso del abuso del tráfico de influencias y la podredumbre de la corrupción.

Una desaparición, la de una joven, sirve de marco para todo un compendio de relaciones, alguna de máxima toxicidad, pero igualmente a numerosos episodios donde la mítica Sicilia ofrece la descripción de lugares, costumbres y tradiciones que recuerdan la majestuosidad de esta isla italiana de imposible parangón.

La trama, supeditada a la intención de una dirección insistente por una causa, más o menos justa, contra un sórdido personaje abusador y protagonista de la vida tan particularmente típica de la isla. Cristina Cassar Scalia, la autora, es una joven oftalmóloga siciliana, muy conocedora de su tierra, a la vez que escritora y afincada en Catania. Se le ha llegado a catalogar ya como «la nueva Camilleri» porque recuerda a al maestro e italiano universal que dejó como legado, entre otros ingenios, al inolvidable Comisario Montalbano. La autora brinda una buena saga de serie negra que comenzó con «Arena negra» de la que, a buen seguro, se espera continuación. No decepciona, por el contrario atrapa.

Antonio Ramirez Velez

Indígena melillense con varias decenas de años a mis espaldas. Periodista de profesión y dedicación institucional desde hace muchos años en lla Ciudad Autónoma de Melilla, anterior Ayuntamiento, con una paso también en la Administración del Estado, Delegación del Gobierno. Responsable en diversas legislaturas de gabinetes de prensa y relaciones institucionales, comencé a entender, hace tiempo ya, que el poder es un mar de ambiciones y conjuras permanentes y por ello la verdad, cuando sobrevive, vale su precio en oro. Mi paso por medios de comunicación, tanto públicos, como privados, me enseñó de la gran asignatura pendiente que tienen, aún, generaciones de periodistas sobre la consideración de su profesión y la dignificación de la misma.

Lector aplicado, que intento ser, concibo a los libros como uno de los últimos reductos de la libertad de pensamiento, generadores de opinión y salvaguarda, por ello, de la voluntad. Lo único que no nos puede ser arrebatado (Víktor Frankl).

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