Conversaciones en el andamio: La riqueza sobrevenida. Por Francisco Gómez Valencia

La riqueza sobrevenida.

«Leer algo más chavales aunque sean novelas moñas y echar al socialismo y al comunismo de vuestras vidas. Bueno, y perdonad a vuestros padres si son progresistas. Os irá mejor»

¡Juventud divino tesoro! Buscando material para arrancar la semana con alegría, el algoritmo me llevó por los derroteros de la educación y los pisos turísticos. Antonio Escohotado y Sánchez Dragó hablando sobre cómo hacen turismo los occidentales, terminaron divagando sobre la riqueza de los países para convenir en que reside en la cultura. Ergo, si la cultura –como  parece– tampoco reside en el pueblo sino en los almodóvares… ¿entonces? Pues está claro, pertenece a los caseros y rentistas… ¡ah, y a los fondos buitre también! 

¿Comorrr? 

Tanto los unos (los particulares) como los otros (los corporativos) seguramente saben explicarse perfectamente si les asalta por la calle una reportera intrépida de Antena3, El País, o un Vito Quiles cualquiera (el periodista de la ultraderecha) preguntando sobre vivienda. Estoy convencido de que responderían sin titubear en qué consiste la inflación, el Euribor o de qué va eso de las cuotas variables de una hipoteca. Pero hablando de los jóvenes, ¡que dicen que los falta cultura financiera! ¿Solo? Igual no tenemos claro a estas alturas que las nuevas generaciones de mendrugos también votan y sufren por la cara un número indeterminado y a la vez de crisis existenciales, pues tristemente eso se llama evolución y esa será su aportación a la especie, vivir eternamente en crisis y existir (vivir la vida) menos.

Vistas la enjundia de las respuestas de toda esta gentecilla valiente de pelo morado y bigotillo incipiente, definitivamente somos más cultos –y ricos por tanto – cualquier dueño de uno o varios inmuebles bien los tengamos o no colocados en el mercado, o en régimen de alquiler en cualquiera de sus formas legalmente establecidas. 

¡La culpa es del sistema! Decía una joven de 31 añitos que lleva cinco padeciendo con su vida… y digo yo, ¿los propietarios es que además de pillos haciendo su agosto gracias a las políticas liberales en un país gobernado la mayoría del tiempo y en la mayor parte de los territorios hasta la última por el PSOE, lo son por serlo o por parecerlo? Existir siéndolo significaría ser más cultos, listos y ricos por lo tanto… ¿contra quien se manifiesta la pobre alma de cántaro? ¿Contra el Gobierno de inútiles? ¿Contra la otra parte del Gobierno, es decir, la predominante, preponderante y desmejorada desde lo de Ábalos? ¿Contra los pequeños rentistas como tu suegra? ¿Contra los grandes arrendatarios y/o tenedores conocidos como fondos buitres? ¿Contra el sistema dominado por la ultraderecha reaccionaria anarcocapitalista representada por Elon Musk, o por el otro extremo con los Soros y los Bill Gates de turno? ¿Contra su estupidez, o sea la suya y la del resto de los manifestantes teledirigidos por la extrema izquierda? O contra la incultura manifiesta de una buena parte de nuestros jóvenes y jóvenas. ¡Somos el futuro! Me parece muy bien y no tendréis casa propia ¡pardillos!

Los manifestantes teledirigidos por la extrema izquierda.

¡Buff; tremendo quilombo! No me extraña que los fans de Podemos, Más Madrid (Mas País en el Congreso) y el PSOE se hagan la picha un lío y respondan con estereotipos absurdos ante la encrucijada planteada por la falta de oferta publica y privada adecuada, para satisfacer sus insignificantes valores y actitudes ante la vida. 

¿Que queremos, un piso bueno, bonito y barato por persona y a los 25 años? ¡Por supuesto, es nuestro derecho constitucional! Ahora bien –añado yo–, mientras tanto debe ser obligatorio poder asaltar los frigoríficos paternos cada dos por tres, y los lavados de calzoncillos y bragas deben ser ilimitados como parte fundamental del contrato social, y que me perdone Rousseau

Libertad e igualdad”. Que bonito suena, lastima que como pensaba Solzhenitsyn, sean dos conceptos contrapuestos. Decía Albert Einstein que «el mundo que hemos creado es un proceso de nuestro pensamiento. No se puede cambiar sin cambiar nuestra forma de pensar«. Y digo yo; ¿acaso no hemos permitido que piensen así gracias a los diferentes sistemas educativos que se han ido superponiendo? Somos culpables. Arreglémoslo porque; que injusto es que tengan que dedicar hasta el 60% de la mierda que cobran en un alquiler a título individual. ¡Pues que formen familias y se aclaren, así será más fácil! Dirá alguno entre los que me incluyo. Perfecto. ¿Formar familias? O.K. ¿Pero de qué tipo, con perro o con gato? Porque sin mascota no se negocia, y sin gimnasio, padel, vacaciones, salidas nocturnas cada semana, comida rápida con ocio a tutiplén, dos coches si es posible y leche de avena…

¿Al menos habréis estudiado? A ver… lo justo. Un grado superior si acaso (en alguna chorrada y “pá’lante”, añado yo). Bueno, es lo que el mercado laboral precisa de ellos. ¡Ah, perfecto! ¿Y el mercado laboral de quien depende? Pues eso. De los mismos que antes solo estaban interesados en fabricar universitarios. 

Es la pescadilla que se muerde la cola. Ellos son la cola y los padres la pescadilla ¡Dejad de hacer el ridículo chavales! Leer algo más aunque sean novelas moñas y echar al socialismo y al comunismo de vuestras vidas. Bueno, y perdonad a vuestros padres si son progresistas. Os irá mejor.

Feliz día de San Calixto I.

Españazuela a 14 de octubre de 2024.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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