Civilización o barbarie. Por Teresita Ávila

Algún día será verdad. El progreso penetrará en la llanura y la barbarie retrocederá vencida. Tal vez nosotros no alcanzaremos a verlo; pero sangre nuestra palpitara en la emoción de quien lo vea.

Rómulo Gallegos, Doña Bárbara.
Civilización o barbarie.

«Allí donde la ausencia de la educación es notoria anidan con mayor celeridad los despropósitos que conducen a la barbarie»

Toda sociedad aspira a construir un armazón duradero, un modelo estable que perdure y resguarde a varias generaciones. La legítima continuidad de aquello que es bueno y deseamos ver prosperar. En cambio, sospechamos con argumentos evidentes que tal cosa no vaya a suceder en absoluto.

Durante las últimas semanas, hemos asistido estupefactos a la emisión en horario estelar del capítulo que inaugurará, muy probablemente, uno de esos seriales infinitos y repetitivos cuyo sugerente título bien podría ser «No Go Zones en España». Algo así como un «Viajeros por el mundo» peculiar, centrado en los barrios más peligrosos que ya son una realidad en nuestro territorio. De la ficción de El Príncipe —que situaba la acción en Ceuta, y cuya problemática aún resultaba lejana— a un entorno más próximo y que nos interesa más.

Es verdad que no constituye ninguna novedad la existencia de suburbios más o menos conflictivos. Ya conocíamos los barojianos de la trilogía La busca a través de la literatura, y también las chabolas —soberbios alcázares de la miseria— donde vivía El Muecas con su familia (Tiempo de silencio). Ese retrato desgraciado de un mapa geográfico que sabíamos situar —paisaje y paisanaje— y que a toda costa evitábamos nombrar e incluso pisar. De alguna manera, la esperanza en una redención viable que aunara el esfuerzo urbanístico con la necesaria regeneración moral gravitaba en el sentir mayoritario. A veces se han visto cumplidas esas ilusiones y los hemos visto mejorar a golpe de ladrillo y alquitrán. Pequeños negocios, nuevos centros de enseñanza, y gente decente vestida como corresponde. Madrugadores de café de cafetería rumbo al trabajo, a la nómina honrada del taller verdadero. Parques para los niños, zonas de asueto por las que daba gusto pasear.

Ahora, asistimos perplejos a una nueva y rapidísima transformación que ha vuelto del revés todo lo conseguido, perturbado la paz de sus habitantes y los ha dirigido de cabeza hacia un proceso de degradación, miseria y suciedad, signos incontestables de un retroceso que no deseábamos volver a ver.

Las sevillanas Tres mil viviendas han protagonizado escenas que solo creíamos posibles en las favelas brasileñas (Disparos con ‘armas de guerra’ en las Tres Mil Viviendas de Sevilla). También en Huelva, en El Torrejón, los tiroteos y la inseguridad han sido noticia reciente (Canal SurLa Policía investiga un nuevo tiroteo en el barrio de El Torrejón de Huelva, y Huelva InformaciónAsí fue el momento del tiroteo en El Torrejón de Huelva este domingo captado por una cámara). Y Barcelona añade al ya legendario Raval otra zona conflictiva, Sant Antoni (El temor de un barrio de Barcelona de convertirse en el nuevo Raval).

Era previsible que esto llegase. Un verdadero acto de ingenuidad hubiera sido negar la evidencia de que poco a poco la espiral de violencia afloraría. Demasiadas pistas conducían a este deterioro, como la intencionalidad que se adivina ante el aumento de las casas de juego en las zonas de renta más baja (El SaltoLa proliferación de casas de apuestas en los barrios más humildes provoca una gran movilización). Junto a ello, viene rodado todo lo demás —drogas y conflictos— sumado al hecho de que también ha aumentado la población inmigrante, que lo hace estableciéndose por grupos de similar procedencia, con quienes comparte afinidades y costumbres. La obviedad de que más pronto que tarde surgirían nuevos puntos calientes ha hecho aterrizar a los burócratas de Europa, que defendían hasta hace nada, a capa y espada, un modelo multicultural que ha fracasado estrepitosamente en Alemania, en Francia y en Italia. Sin embargo, ahora Meloni se ha convertido en el referente (VozpópuliVon der Leyen pide a los 27 abandonar el buenismo de Sánchez con la migración y apostar por el ‘modelo Meloni’).

Y los vástagos criados en semejante caldo de cultivo —aprendices de todas las maldades de viejo y nuevo cuño— tampoco conceden tregua ni paz (Las ProvinciasIdentificados dos menores por disparar a peatones con un fusil de asalto AK-47 simulado en Castellón). El horizonte se dibuja torcido para una generación de jóvenes dejados de la mano de Dios, sin padres que ejerzan como tales, o sin las habilidades suficientes para tirar a tiempo de las riendas y domar su naturaleza en proceso de fabricación. Y ahí vamos: críos sin suelo ético, adultos desarbolados que causan y causarán daños terribles a su paso (La RiojaEl juez ordena el ingreso en prisión del kamikaze de la AP-68).

A todo esto, un detalle no menor. ¿Cómo se desenvuelven las familias normales? ¿Cuáles de sus aspiraciones se han visto frustradas o qué panorama se cierne sobre ellas? De momento, el solar sobre el que asientan sus moradas se ha depreciado. Malvendidas, los que pueden migran a otros lugares, a esos barrios modernos en donde sobrevive esa clase media, sometida a continuo ataque. ¿Y los pequeños negocios tradicionales, condenados a echar el cierre por la creciente inseguridad?…

Este magma incandescente se alimenta asimismo de una carencia que eleva su poder destructivo: la educación. Allí donde su ausencia es notoria, o donde ha sido expuesta a desconsideración y desprecio, y anulado su visible poder como ascensor social, anidan con mayor celeridad los despropósitos que conducen a la barbarie. Una continuada labor de zapa —hasta casi hacerla desaparecer del objetivo vital que debería ser prioritario, y bien entendido, desde etapas tempranas— es el arma de mayor alcance, más fulminante y barata jamás creada. La clara consecuencia es un nutrido ejército de hombres y mujeres sin proyecto, en regresiva evolución hacia un estadio primitivo —primatizado—, que está ya —o caerá pronto— en las peores manos, las de sus opresores —que los conduce como ganado a la propia irrelevancia, al albur de las circunstancias más amargas—, en primer lugar. Para terminar liquidando todo lo demás, lo que pudo contener dignidad y ser merecedor de respeto.

Barrio, barrio
Que tenés el alma inquieta
De un gorrión sentimental
Penas ruego
Esto todo el barrio malevo
Melodía de arrabal

Viejo, barrio
Perdoná si al evocarte
Se me pianta un lagrimón
Que al rodar en tu empedrao
Es un beso prolongao
Que te da mi corazón

(Carlos Gardel: Melodía de arrabal)

Teresita A.

Mi nombre tiene una historia detrás. La culpa no fue del cha-cha-chá -como cantaba Jaime Urrutia- sino de un "accidente burocrático". Nací en Logroño y pasé mi adolescencia en un lugar de cuyo nombre siempre me acordaré. Mis banderas son el humor cervantino y la retranca de Miguel Delibes -a quien tuve el honor de conocer, ya que soy autora de un libro cuya fuente exclusiva es su obra: Fórmulas de tratamiento en la narrativa de Miguel Delibes-. Las vocaciones -al contrario que las casualidades- existen y se persiguen, como los sueños. Y los míos siempre tuvieron en el foco darle a la tecla y escribir. Además, ejerzo como profesora en un instituto vallisoletano.

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