
«Hasta ahora ningún político había sido tachado de presunto en tantos asuntos, ni había protagonizado un estriptis moral tan escandaloso»
Estamos siendo testigos de una trama en la que el final puede entreverse, aún antes de que, tras el último acto, caiga el telón y la cruda realidad salga a la luz. Al igual que en la actuación de una stripper, donde la imaginación y el deseo juegan sus cartas, hay que esperar al final del acto hasta que la beldad de turno deje caer lánguidamente al suelo la última prenda con que escondía su más íntimo secreto. La traca final.
Hablando de strippers y presuntos. Las investigaciones que a diario viene publicando la prensa libre implican prácticamente a la mitad de este gobierno, en concreto a su núcleo duro. ¿Estamos ante un presunto gobierno de supuestos presuntos? Todo lo que se está sabiendo apunta a que sí.
Si fuese un gobierno de derechas, la presunta presunción no sería tal, por tanto, la presunción que dicta la norma no sería aplicable y la presunción de los presuntos ya se habría transformado en culpabilidad, sin derecho a presunción alguna.
Huelga decir que este asunto excede de toda consideración posible, al que solo la inercia de su principal actor, el número uno, evita de momento que la catástrofe que se anuncia paralice lo que su maldita presidencia ha venido perpetrando. La pregunta es ¿El responsable máximo era conocedor de todo ello? Conociendo el paño pueden apostar, sin temor a perder, que sí.
¿Qué sería de este gobierno, sin el manto de silencio que le brinda la prensa de izquierdas en general? Histriones y plañideras al frente, cual cotorras desplumadas por la cruda realidad, se afanan en silenciar el delito. Ni sus falsas diatribas, ni sus vómitos sintácticos opacan lo que día sí y día también provoca y evacúa el que les mantiene obesos y calentitos, en la pocilga gubernamental.
Y qué decir de la chabacana defensa en la que se han zambullido la fiscalía general y la abogacía del estado, extraordinarias en su zafiedad, tratando de ocultar el mamotreto jurídico en el que su amo se mueve como pez en lodazal.
Que baldón tan maloliente, para tan untuosos funcionarios, notando en su nuca el aliento del fin de sus carreras. Carreras y cargos a cambio de cercenar la ley, forzados, o por gusto, a escoger entre susto y muerte. La obediencia debida no exime del cumplimiento de la ley, al menos en democracia. En este caso el estriptis es conceptual, por no decir admitido y ejecutado a mayor gloria de la “democracia” sanchista.
No hay día en que la tumba política de este despreciable mamarracho, crezca diez centímetros más, hacia abajo. Al que tanto le gustan los muertos, podría quedar opacado ante la profundidad de su última morada. Cuervos y buitres verán como su ansiado festín, será aprovechado en exclusiva por gusanos y moscardones, los más avezados en deglutir la carroña política de un adefesio moral. Patético y postrer estriptis de un político ansioso de poder, pobre de solemnidad en dignidad, millonario en traiciones, trufado de soberbia y zafiedad.
Mientras tanto la “oposición” oposita para ser la oposición que, desde hace seis años, no es. Curiosísima forma de serlo, a golpe de error, resbalón o patinazo. Mayestático, pero poco noble, el modo de hacerse oposición a sí mismos. Nunca una oposición fue ridiculizada por seres tan ridículos como los que conforman este gobierno, donde la ridiculez es la especialidad de la casa.
La melancolía nos envuelve, la incertidumbre nos atenaza, la pena nos hunde, la desesperanza nos acogota, la indignación nos encabrona, la estupidez nos espanta. Y digo yo ¿Qué hemos hecho para merecer esta oposición? ¿Tan ciegos hemos estado? O es que esta oposición es el último reducto de los incapaces, el parapeto de los inútiles, el último recurso de los imbéciles que nunca aspiraron a otra cosa … que no fuera medrar en el albañal en que se ha convertido la mal llamada política española. La respuesta es un ¡sí! rotundo, triste y angustioso.
Hasta ahora ningún político había sido tachado de presunto en tantos asuntos, ni había protagonizado un estriptis moral tan escandaloso, como el que ha hecho Pedro Sánchez. Este personaje se ha mostrado tal y como es, el juicio que me merece este sujeto sería denunciable, por lo cual me lo ahorro.
El presunto Sánchez ha destrozado de manera irreparable, la convivencia entre españoles, ese será su único y gran logro, su estriptis final.
Posdata. Hace unos días un club de fútbol, al menos eso dicen ellos que es, homenajeó a un simpatizante de ETA. Al parecer ese sujeto escaló el Everest y ensució su cumbre con una bandera en la que destacaba el anagrama de ETA. “Loable” ejecución.
Durante ese mismo año, anteriores y posteriores, ETA asesinaba prácticamente a españoles cada tres días, luego este partidario de ETA sabía lo que hacía y a quién servía, cuando plantó tan execrable pingajo. Podría decirse y digo, que las ratas tienden a unirse en el mismo zulo, como es normal, por eso son ratas negras y rabudas, reputas y nauseabundas ratas etarras.
El Bilbao y sus actuales dirigentes tienen todo el derecho del mundo a homenajear a todas las ratas que les plazca, sobre todo si pertenecen a la banda criminal ETA. Los españoles también tenemos derecho a criticarlo como nos plazca. Que lo hagan en un estadio de futbol, como lo era San Mamés, también entra dentro de la patética realidad de los que solo respiran a placer, cuando olisquean sangre y amonal.
San Mamés, antiguo campo de futbol, hoy día reconvertido en una apestosa y miserable herriko taberna más, donde además de jugar al futbol, se ensalza a los asesinos de ETA, y la basura que les aclama. ¡Txapote calienta que sales!
