No entrar en política (Sonsoles y Francisco). Por Diego Pardos

No entrar en política

«Descansen en paz nuestros compatriotas. Y hagan nuestros gobernantes otro Plan Sur que evite futuras tragedias. Aunque ello nos haga recordar al inquilino de El Pardo» 

Cuando la semana pasada le mostré al editor de La Paseata, Manuel Artero, mi voluntad de escribir una próxima columna más ceñida a la actualidad, poco me iba a imaginar que el motivo principal habría de ser el de la desgracia que se ha producido, principalmente en la provincia de Valencia, con un balance trágico en vidas humanas, en número todavía desconocido. He dudado porque ello me iba a llevar, inevitablemente, a pisar la arena política, o al menos a hacer alguna observación incómoda. 

 

Porque he podido ver una pequeña intervención del cantante Francisco en el programa de Antena 3 Televisión Y ahora Sonsoles. Decía el famoso tenor que hoy su ciudad se habría convertido en un inmenso cementerio de no haber sido por las obras del llamado Plan Sur, ejecutado a partir de la gran riada de 1957 que inundó Valencia y que causó decenas de muertos. Poco ha tardado la periodista en torcer el gesto (en torcer el morro, en expresión más coloquial), adivinando la alusión implícita al general Franco. Y como al ilustre valenciano se le adivinara la intención de seguir con su laudatio al dictador, pronto intervino la señora Ónega para no entrar en terreno político, para ocultar el dato histórico  vedado por la ley de la censura, para que Francisco no la llevara a unas arenas movedizas que la podían atrapar y comprometer. No sólo ella; también sus contertulios se pusieron nerviositos y como Francisco es un caballero no insistió en lo que sin duda merecía, en honor a la verdad, algo más de información. 

 

Poca, pero yo mismo la voy a proporcionar aquí leyendo y espigando del artículo que firmaba Paco Moreno para Las Provincias del pasado jueves. Los trabajos del nuevo cauce del Turia fueron aprobados en Consejo de Ministros (¿tendría ese gobierno la legitimidad suficiente para hacerlo, pese a no estar bendecido por la democracia?) en julio de 1958 y concluyeron más de diez años después. Qué jugosas comisiones no podríamos llevarnos hoy día, ¿verdad, queridos lectores? El arquitecto Julio Gómez-Perretta (cuyo padre don Claudio fue uno de los ingenieros del Plan Sur) “estima que el nuevo cauce es capaz de soportar hasta 5500 metros cúbicos, mientras que el viejo empezaría a desbordar a partir de 2000”. 

 

De nuevo en Las Provincias (diario decano de la región valenciana), ayer viernes, festividad de Todos Los Santos, Francisco Pérez Puche hacía una crónica de las riadas del año 1957, y nos daba la cifra oficial de 81 muertos entre la capital y los pueblos. “Un millón de toneladas de barro y desperdicios fue retirado por voluntarios, y por tres mil  soldados con la ayuda de maquinaria norteamericana de las bases de Morón y Torrejón”. Las titánicas obras abrieron la transformación de una Valencia todavía provinciana que “abordó la modernización mediante la construcción de una red general de alcantarillado y nuevos accesos ferroviarios y de carretera” y “permitió también la ampliación del puerto”. El antiguo cauce es hoy un gran parque y un paseo que abraza la ciudad; y que ahora llora y reza. Los efectos de esta gota fría de 2024 están siendo especialmente dramáticos: se habla ya de que podría haber centenares de fallecidos entre los ya encontrados y los desaparecidos y sepultados entre el barro y los escombros. 

 

A uno le dan ganas de darle la razón a doña Sonsoles, y de paso a Francisco (Franco, se entiende) cuya frase célebre “haga como yo, no se meta en política” viene muy al caso. Ello no fue obstáculo para que en otro programa suyo y con ocasión de entrevistar a una señora le recriminó: “Con Franco usted no bailaba”. Sabría ella si doña Esperanza Cortiñas bailaba o no bailaba cuando Fernando Ónega era subdirector del diario falangista Arriba… Claro que, quizá la acreditada autopremio Planeta debiera saber que el bajito militar bailaba mucho de joven con la que sería tiempo más tarde suegra de Vizcaíno Casas (lo escribo de memoria, pero creo que la anécdota es aproximada). 

 

Quisiera que se me perdonara por las pequeñas frivolidades de mi artículo de hoy, en unos días de luto y de tristeza para España. Entrar, aunque sea a través del humor, en el terreno político no puede traer nada bueno. Ya me metí en otra columna con la avezada comunicadora Silvia Intxaurrondo; lo hago ahora con la escritora Sonsoles Ónega y por si fuera poco salgo en defensa del cantante Francisco, cuyo tono franquista no está de moda. 

 

Las noticias hablan ya de más de doscientos muertos y el horror no cesa cuando doy fin a estas líneas y las entrego a las planchas de la imprenta. Descansen en paz nuestros compatriotas. Y hagan nuestros gobernantes otro Plan Sur que evite futuras tragedias. Aunque ello nos haga recordar al inquilino de El Pardo. 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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