
«Dejemos claro que Franco derrotó al comunismo ideología que nada tiene ni ha tenido nada que ver ni con la libertad ni con la democracia»
Ayer asistí en Madrid a la Santa Misa en el XLIX aniversario de la cristiana muerte de Francisco Franco fallecido el 20 de noviembre de 1975, por su alma y su eterno descanso. Fue una sencilla y emotiva celebración abarrotada de público de todas las edades. Descanso de sus restos que fue perturbado por el autócrata sacándolo del Valle de los Caídos en lo que debió considerar como un acto de valentía… ante los restos mortales del general.
Hoy, ante la incapacidad de unos niñatos criados a los pechos del odio quieren ganar una guerra reescribiendo la historia. Es la heroicidad de los herederos políticos de los que perdieron una guerra hace más de 80 años para lo que han iniciado una absurda guerra contra los muertos y para ello no les importa actuar en templos sagrados, esos templos que quemaron y de cuyos restos humanos hicieron mofa profanándolos y fotografiándose con ellos.
Es evidente que toda guerra se hace contra los vivos, no contra los muertos. Convendría que los saqueadores de tumbas, los ansiosos de la profanación recordasen aquel hecho ocurrido tras la victoria de emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, sobre las fuerzas protestantes en la batalla de Mühlberg durante la guerra de Esmalcalda (1546/47). Tras la entrega de la ciudad de Wittenberg el 23 de mayo de 1547, se dice que algunos de sus generales pidieron al emperador Carlos abrir la tumba del hereje Lutero, aventar sus restos y entregarlos a la hoguera a lo que el emperador habría respondido: «Ya ha encontrado a su juez. Yo hago la guerra contra los vivos, no contra los muertos».
Se dice también que que el emperador conocía que el cadáver de Lutero habría sido sacado de su tumba por precaución, y trasladado a un lugar conocido sólo por muy pocas personas. Cierta o no aquella sentencia imperial, la verdad es que el emperador pudiendo haberlo hecho no permitió el saqueo de la ciudad y menos de la tumba pues tras la apertura de la misma en la iglesia del castillo, realizada el 14 de febrero de 1892 se comprobó que allí descansaban los restos del reformador.
Naciones Unidas mostró su respeto hacia Franco y su memoria tras su muerte, algo de lo que Sánchez se ha mofado en una miserable trayectoria de quien fuera de la política no podría sobrevivir.
Creo que es una lección no aprendida del desenterrador Sánchez y su corte comunista, heredera de los que perdieron la guerra contra Franco. Dejemos claro que Franco derrotó al comunismo ideología que nada tiene ni ha tenido nada que ver ni con la libertad ni con la democracia, y ahí está la prueba con decenas de millones de muertos a sus espaldas por todo el mundo.
El Frente Popular solo pretendía convertir España en una república socialista soviética en cuyas instituciones sólo ondease la bandera roja tal como soñaba Largo Caballero. Ya sacaron al general Franco, héroe militar que antes del alzamiento recibió la Legión de Honor Francesa, que tanto tiempo y esfuerzo llevan perdido algunos para que sea desposeído de ella.
También sacaron a José Antonio Primo de Rivera y andan con la idea de «resignificar» el Valle de los Caídos, símbolo de reconciliación al amparo de la Cruz más grande del mundo y que si tuviéramos políticos de talla, con visión de futuro y perspectiva de conjunto bien podría ser un Memorial militar dedicado a los Caídos por España en todas las guerras de nuestra Historia.
En esa carrera de la profanación también se llevó a cabo la exhumación de los restos del general Queipo de Llano, y también se anunció, que quieren sacar del Alcázar de Toledo los del general Moscardó y Jaime Milans del Bosch que no sé si habrán llevado a cabo.

El ministro Torres, tocado de cerca por el bochornoso asunto de las mascarillas durante la pandemia, ha defendido que el Gobierno hará «lo que tenga que hacer» para ilegalizar la Fundación Francisco Franco, aunque ha evitado concretar fechas de cuándo se va a producir. Con todo ello pretenden conseguir lo que no consiguieron durante la brutal guerra civil provocada por ellos mismos, es decir, expulsar a los defensores del Alcázar, sobre la base de una orwelliana disposición, que no merece llamarse ‘ley’ si ello en su estricta definición quiere significar «Precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados», como son las leyes de «memoria histórica» y de «memoria democrática», que nada tienen que ver con la memoria y menos con los conceptos de reparación ni de reconciliación, que ya hicieron nuestros abuelos, al menos los míos, ya que el vanidoso narcisista quiere borrar la historia y reescribirla según su propio deseo, y por supuesto menos tiene que ver con la democracia.
Esto ocurre cuando las leyes no emanan del Valor más importante que debe regir nuestras vidas, pensemos como pensemos, igual, parecido, diferente o radicalmente opuesto, me quiero referir al Amor, del que derivan todos los Valores, como el sacrificio, la generosidad, la entrega… Cuando no es la nítida luz del Amor la que nos alumbra el camino sino la que en penumbra nos arroja al tortuoso laberinto de espejos creado sobre las 3R, rencor, revancha y resentimiento, entonces caeremos víctimas bajo la herramienta de las 3M, la mentira, el miedo y la manipulación, y en esas estamos.

