
«Una época de grandes cambios que marcó no solo la historia de Inglaterra, sino también la del resto del mundo, con sus valores y sus aspectos negativos»
El reinado de Victoria de Reino Unido (1837-1901) fue una época de gran expansión y enriquecimiento para la que entonces era la primera potencia mundial, sin embargo, no estuvo exenta de problemas. En honor a esta mujer con gran temperamento e inteligencia a este periodo se le denominó Época victoriana, una época de profundos cambios en la sociedad en general, políticos, científicos, económicos y culturales.
Este apogeo se basó fundamentalmente en dos puntos esenciales, por un lado, la prosperidad económica y por otro, la alternancia política de dos partidos en el gobierno, trabajando siempre por las mejoras del país, a pesar de las diferencias, todo ello con la dirección de una reina con gran visión de Estado llegando a ser emperatriz de un gran imperio.
Desde mediados del siglo XIX, el lugar privilegiado de Gran Bretaña en el mundo como potencia naval y económica es gracias al desarrollo de la industrialización, a la adopción del librecambismo (doctrina económica que promulga la no intervención del estado en el comercio internacional) y a las medidas tomadas para favorecer el comercio como la eliminación de aranceles, la supresión de las Actas de navegación o los tratados comerciales que favorecerían importar trigo a menor precio y llevar los productos británicos al resto del mundo.

Esta época de esplendor se ve reflejada en la transformación que se produce en el país en todos los ámbitos; una extensa red ferroviaria, fundamental para trasladar viajeros del campo a la ciudad y para dinamizar el transporte de mercancías, una importante flota mercante con puertos de envergadura, una incesante actividad bancaria o la invención del telégrafo y numerosos avances técnicos. Sin embargo, surgieron contratiempos como los originados por la guerra franco-prusiana que frena las exportaciones o el conflicto americano que ocasiona problemas en el almacenamiento de algodón, pero estas circunstancias serán solventadas, por una parte, con la creación del Canal de Suez que incrementa el tráfico marítimo y con respecto al algodón, una solución ventajosa será sustituirlo por el indio que propiciará la inversión en países asiáticos y su contribución al Imperio.
Tras la subida al trono de la reina Victoria, los partidos tory (conservador) y wigh (liberal) serán los protagonistas de la vida política. El líder conservador Robert Peel (1788-1850) y el liberal Henry John Temple, Sir Palmerston (1784-1865) estarán al frente de sus partidos los primeros años del reinado, pero será la segunda mitad del siglo XIX el periodo en el que se producirán cambios significativos y se llevará a cabo una política de reformas bien guiadas por hombres con mentes brillantes como Benjamín Disraeli (1804-1881) en la parte conservadora y William Ewart Gladstone (1809-1898) por parte de los liberales, ambos con fuertes convicciones y con grandes ideas, serán artífices de la consecución de la democracia plena en Inglaterra. Las reformas llevadas a cabo evitaron en el país, a diferencia de otros estados europeos, revoluciones violentas.

La continua alternancia de los gobiernos fue muy positiva para el progreso británico, que con la Reina a la cabeza llevaría a Inglaterra a expandir aún más el Imperio, tener una mayor presencia en Europa, otorgar más poder a los ayuntamientos, algo muy favorable para la Administración y llevar a cabo numerosas reformas en cuanto a la legislación del trabajo en general y concretamente para la contratación de mujeres y niños, algo con lo que el conservador Disraeli estaba muy sensibilizado, como bien lo refleja en su novela Siybil también conocida como Las dos naciones, (1845). Otro de los logros de este periodo fue la creación de escuelas públicas lo que fue paulatinamente aumentando la alfabetización.

Tras la industrialización de las ciudades, se produjo un importante traslado de población desde el campo; las condiciones en las que los trabajadores vivían eran penosas, en casas de mala calidad construidas cerca de las fábricas, sin higiene y pequeñas, donde vivían familias enteras. A esto se añadía la precaria situación laboral por lo que los trabajadores se unieron creando los Trade Unions, asociaciones con las que los obreros ejercían medidas de presión para conseguir mejoras laborales exigiendo reformas.
El régimen político inglés, en el que rige el equilibrio de poderes fue planteado en la Ilustración, principalmente por Montesquieu (1689-1755), pero no ocurre lo mismo si hablamos de la soberanía del pueblo determinado por Rousseau (1712-1778), esto no tenía que ver en absoluto con la realidad en Inglaterra donde los grandes propietarios y los altos cargos de la Iglesia ocupaban la mayor parte de los asientos en la Cámara de los Comunes y la Cámara de los Lores.
El sistema de demarcación que establecía el número de representantes de los condados estaba completamente anacrónico por lo que la necesidad de una reforma electoral era decisiva para acercarse más a la realidad social.
En este aspecto encontramos el ejemplo de la colaboración entre ambos partidos ya que la reforma es planteada en 1867 por Disraeli que no encuentra un total apoyo por parte de todos los tories y he de acudir a los liberales. Los resultados son favorables pues se consigue ampliar el electorado incluyendo a los obreros cualificados, aunque aún quedaría mucho por hacer.

En 1885 será el partido liberal con Gladstone quien consiga el voto para los campesinos aumentando considerablemente el número de votantes; habrían de pasar todavía años para llegar al sufragio universal en Inglaterra que tras varias etapas llegaría en 1928.
Uno de los mayores problemas para Inglaterra en la segunda mitad del siglo XIX era Irlanda que tras haber sido conquistada por Oliver Cromwell (1599-1658) en el siglo XVII perdió su autonomía a cambio de aportar diputados a la Cámara de los Comunes.
En la isla la iglesia anglicana era la oficial y los católicos debían pagarle un diezmo; los grandes propietarios eran británicos y gozaban de todos los privilegios al igual que en la zona del norte, el Ulster; por tanto, se trata de un problema social, religioso y político al que se unía además el carácter irlandés y su propia lengua gaélica.
Desde la época de Cromwell existía un sentimiento de autonomía que cada vez se hacía más fuerte defendiendo la fe católica y la lengua; la situación económica era muy complicada, el hambre era un grave problema que llevó a la mitad de la población irlandesa a emigrar a Estados Unidos, todo ello haría que la situación se agravara. En 1857 en París se crea la sociedad conocida como “Fenier” con el propósito de reclamar la de Irlanda. Tras un levantamiento contra la iglesia anglicana que ahogaba con sus impuestos a los católicos, ésta es obligada a suprimirlos, algo que aliviaría bastante a los campesinos.

Las sucesivas crisis, se debieron en parte a la actitud de Inglaterra con la isla, a la que consideraba simplemente como proveedor, sin industrializar y dominada por el sistema establecido en la gran isla. Se realizaron reformas muy aceptables que protegían al arrendatario en cuanto a la mejoría en la renta y la protección jurídica; sin embargo, las protestas continuaron a pesar de anular deudas y llegar a pactos, algunas negociaciones llevadas en secreto alteraron el ambiente político. En 1886 es rechazado el proyecto presentado por Gladstone y no será hasta 1914 cuando se aprobará el estatuto de autonomía, pero ya será tarde pues había nacido entonces el movimiento llamado Sinn–feiner que reivindicaba la independencia total. El problema seguiría agravándose más adelante.
La importancia de la monarquía, la expansión colonial y el poderío de ser la primera potencia mundial serán factores determinantes para configurar la sociedad victoriana que experimenta un gran incremento demográfico, donde Londres se convierte en la gran metrópoli del mundo. La industrialización jugará un papel decisivo en esta sociedad diferenciando aún más las clases sociales, propiciando cambios en la vida de las personas en cuanto a lugar de residencia, trabajo y condiciones de vida.

El papel predominante de la aristocracia va perdiendo poder a lo largo del reinado de Victoria, sin embargo, la alta burguesía va adquiriendo cada vez más relevancia integrándose en los círculos aristocráticos ya que tienen acceso a la universidad o los clubs sociales, son propietarios de tierras y dirigen fábricas y comercios.
Las clases medias en Inglaterra tendrán un papel fundamental debido a que la mitad de la población vive en las ciudades, son funcionarios, comerciantes y desempeñan profesiones liberales; el proletariado, a excepción de los obreros cualificados que tendrán algunos privilegios, tiene dificultades para subsistir que se irán solventando a lo largo de los años con las reformas adoptadas como la subida de salarios o la emigración de gran parte de la población.
Una sociedad de contrastes que intenta ocultarlos y que es evaluada y censurada con tono irónico por autores de la talla de Oscar Wilde (1854-1900) o Charles Dickens (1812-1870) que criticó vehementemente las condiciones de vida de la clase trabajadora.
El espíritu victoriano se caracteriza por el orgullo nacional de pertenecer a un pueblo privilegiado, el papel de la burguesía y su culto al dinero, el fuerte espíritu religioso puritano con una iglesia anglicana contraria al liberalismo y una aristocracia con una actitud un tanto engreída y distante.
En cuanto a la vida privada, los roles de hombres y mujeres estaban bien diferenciados; los hombres debían tener un carácter fuerte y dominante para proteger a su familia, se dedicaban a trabajar y una vida social en compañía de amigos en clubes y casinos en los que la política era uno de los temas preferidos.

En esta sociedad la familia constituía el centro de sus vidas, en este sentido la propia familia real que transmitía una imagen unida, con el ejemplo del profundo amor que la reina Victoria y su marido el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha (1819-1861) sentían mutuamente y la armonía junto a sus nueve hijos, servirían de ejemplo para muchas familias de la aristocracia y la alta burguesía.
La mujer ocupaba un importante papel en la familia protegiendo a los hijos y ocupándose del funcionamiento del hogar. Con respecto a este asunto, el célebre poeta y ensayista inglés Coventry Patmore (1823-1896) hace alusión al papel de la mujer y ensalza el amor conyugal en uno de sus poemas titulado El Ángel del Hogar (The Angel of the House).

A principios del siglo XX la escritora Virginia Woolf (1882-1941) en su obra Profesiones para las mujeres, (1913) reivindicará el papel de las mujeres en contra del rol tradicional que le habían asignado que coartaba su libertad y su verdadera forma de expresión aludiendo al poema de Patmore y utilizando la expresión “matar al ángel del amor”.
Elizabeth Beeton (1836-1865), dedicada a escribir artículos sobre consejos y recetas de cocina en una revista, publicó el libro Mrs. Beeton Book Household Management (El libro de la administración del hogar de la señorita Beeton) en el que reúne en mil ciento doce páginas con ilustraciones, un compendio de consejos, ideas, buenas costumbres, recetas y curiosidades con el propósito de ser un manual para la perfecta ama de casa, tuvo mucho éxito y fue un libro de referencia para muchas mujeres de la aristocracia y la burguesía en época victoriana, incluso muchas veces editado posteriormente.

La religión ocupaba un importante papel en la vida de las familias, tanto acudiendo a la iglesia, como en las veladas privadas donde se leían las Escrituras.
La vida social era importante, las reuniones, bailes y veladas musicales eran costumbres muy arraigadas en el ambiente aristocrático y burgués donde las apariencias sociales eran muy cuidadas, intentando demostrar lo que en muchas ocasiones no era la realidad de la vida privada; los matrimonios concertados eran una práctica muy común en la sociedad victoriana en la que se tenían en cuenta aspectos económicos y sociales antes que el amor. La propia reina logró casar a sus hijos con herederos europeos de tal forma que actualmente muchas Casas Reales europeas están emparentadas. Este hecho le valió el título de “abuela de Europa”.

Una época de grandes cambios que marcó no solo la historia de Inglaterra, sino también la del resto del mundo, con sus valores y sus aspectos negativos pero decisiva en el curso de la historia y cuya grandeza se debe en gran parte a la figura de una reina excepcional y muy querida por el pueblo que supo reinar durante sesenta y tres años un gran país y un gran imperio.

