
«Es farragoso e insufrible instalar la aplicación en tu dispositivo móvil o teléfono de toda la vida, aunque sea portátil»
Estamos en un universo que no llega a entender ni la madre que lo trajo al mundo. Por ejemplo para obtener una Tarjeta Sanitaria Virtual, que debería ser la cosa más simple del mundo, la administración se empeña en que tienes que haber cursado unos estudios de “obtención de tarjetas virtuales”. Vamos, que las personas de una gran media de la población, deberán recurrir a otros, más ilustrados, para hacer un trámite tan sencillo como pedir hora al médico especialista. Esto porque primero se tendrán que instalar una aplicación telefónica en su artilugio móvil. O eso parece que es. Es farragoso e insufrible instalar la aplicación en tu dispositivo móvil de toda la vida, sea portátil, o como el mío que suelo dejarlo inmóvil, dado que es rara la persona que llama que me pueda interesar, esos ya saben que lo fetén es llamarme al fijo. Por otra parte hay una crítica a las empresas de telefonía. Primero estamos en España y aquí se habla español ¿no? Primera en la frente: ¡Acceda a los “Stores”! querrán decir a tiendas virtuales a través del ordenador o teléfono, ¿a que así se entiende mejor? ¡Que no somos angloparlantes leñe! Si quisiéramos serlo, nos habríamos marchado a Inglaterra o a Estados Unidos de América o a algún otro lugar en el que se use ese idioma ¿no es verdad? ¿Es que les costará mucho trabajo a los informáticos traducir las palabras al Español que, hablamos cuatrocientos millones de habitantes del planeta? Parece que sí, o si no, es que algunos personajes en las alturas se forran ahorrándose problemas, o sea, pagar a personal políglota.
Pero realmente, lo que parece es que las organizaciones políticas y sociales, solo desean que la gente se tenga que meter en camisa de once varas, para perder el tiempo miserablemente y que lo usen para que no lo puedan utilizar para criticar sus, más que poco útiles, decisiones. Ya sé que la mayor parte de políticos y cargos electos, o incluso funcionarios de cierto nivel en las administraciones, piensan que los ciudadanos en general solo somos unos iletrados de antología y que simplificarnos los trámites nos puede hacer más ignorantes. Esto de rebote les viene bien porque, cuantos más iletrados haya, más podrán manejarlos a su conveniencia y favor.
Luego, por otra parte, podemos apreciar que la excelencia tampoco es algo que brille con luz propia entre muchos de nuestro políticos electos. La mayoría no superan la media y en cuanto hay voces que destacan, por sus capacidades mentales del resto, parece que no son entendidos o que molestan a los que solo ocupan puestos en el hemiciclo porque tiene que haber de todo en todas partes.
Lo que realmente me impacta es cómo casi nadie se da cuenta de qué manera nos manipulan desde la prensa, la radio, la televisión e incluso a través de las redes sociales variopintas que se han ido instalando en internet, algunas de las cuales, también manipulan lo suyo, aunque sea por boca de sus integrantes. Lo que está claro es que el pez grande se come al chico, por muy rémoras que sean y limpien sus espaldas, y también que las mentes más despabiladas se meriendan a las menos afortunadas. No es que esto sea algo que pueda dejarnos sin sueño, pero sí que debería serlo cuando los personajes que las usan tratan de desestabilizar el sistema, un sistema más o menos democrático que los Españoles nos dimos en el año setenta y ocho.
Hoy vamos descubriendo que lo de más o menos democrático se ha convertido en realidad gracias sobre todo al sistema de nombramientos de los miembros del tribunal constitucional. Este sistema queda a merced de los que ostentan mayorías políticas y no del pueblo, como debería de ser en una democracia. Y lo malo es que no sea por razones, más o menos libres, si no por razones, políticas y de protección y cierre de filas en torno al presidente del gobierno y de sus familiares, de sus ministros y demás personas elegidas, supuestamente en libertad por el cacareado, siempre, “pueblo”.
Esta es la razón por la que he empezado diciendo que: Estamos en un universo que no llega a entender ni la madre que lo trajo al mundo. Por ejemplo para obtener una Tarjeta Sanitaria Virtual, que debería ser la cosa más simple del mundo, la administración se empeña en que tienes que haber cursado unos estudios de “obtención de tarjetas virtuales”. Vamos que una persona de una gran media de la población, deberá recurrir a otros, más ilustrados, para hacer un trámite tan sencillo como pedir hora al médico especialista. O eso parece que es. Es farragoso e insufrible instalar la aplicación en tu dispositivo móvil o teléfono de toda la vida, aunque sea portátil. Y tanto es todo así, que parece que tenemos una vida portátil o con portabilidad como los teléfonos, vamos que esto cada día es más y más risible, vamos de carcajada limpia cuando oímos la palabra democracia en boca de algunos y algunas que no quiero ofender ningún género, sin ningún género de dudas. Cuanto cacumen, falta en el país, o al menos es lo que parece, las grandes mentes sigue como siempre emigrando a los lugares en los que son valorados adecuadamente. O sea que por aquí solo se llega al suficiente.

