El impresionante Coloso de los Apeninos. Por Susana del Pino

Francisco I de Médicis y Bianca Capello

«El coloso de los Apeninos constituye una obra maestra de finales del Renacimiento, espléndida época que a gran parte de los amantes del arte siempre nos fascinará»

    La villa de Pratolino, hoy Parco Mediceo de Pratolino, situada en la localidad toscana de Vaglia, a doce kilómetros de Florencia, la mandó construir Francisco I de Médicis (1541-1587), II Gran Duque de Toscana con el deseo de complacer a su amante Bianca Capello (1548-1587) que más tarde se convertiría en su segunda esposa, mujer con una vida no exenta de intrigas que acabó con el supuesto envenenamiento un día después de fallecer su marido. 

     En la imponente villa, de la que se conservan grabados y algún cuadro, celebraría la fastuosa boda y vivirían hasta su muerte disfrutando de la belleza de los jardines que adornaron con bellas esculturas, fuentes y otros ornamentos que harían del conjunto una de las residencias más bellas de la Toscana italiana. La intención del Gran Duque era ofrecer a su amada un lugar mágico, hermoso y con cierto aspecto de fábula, para lo que trabajaron reconocidos artistas  haciendo del lugar un enclave único tanto en el interior de la villa como en el exterior con bellos jardines, laberintos, glorietas, paseos y una gran variedad de flora.

Grabado de la Villa Medici Pratolino

    Uno de los caprichos de la pareja fue la escultura conocida como el Coloso de los Apeninos, una escultura de aproximadamente once metros que aparece sentada, con posición encorvada y las piernas dobladas representando la figura mítica de un gigante que hace referencia a la cordillera de los Apeninos, la cual recorre todo el país italiano de norte a sur. Su autor fue Jean de Bologne (1529-1608), más conocido como Giambologna, escultor de origen flamenco afincado en Florencia, gran representante del Manierismo en Italia, último periodo del Renacimiento.

     El Coloso, está realizado en piedra  con elementos de terracota que aportan vivacidad a la obra. Al contemplarlo parece surgir de las rocas sobre las que se asienta frente a un espléndido lago; en su totalidad el conjunto llega a alcanzar los catorce metros. La figura fue concebida como un símbolo de la unión del hombre con la naturaleza y a la vez la manifestación del poder de la influyente familia Médicis. 

El Coloso de los Apeninos.

     La obra fue creada como una gran fuente con la que realizar sugerentes juegos de agua, muy del gusto renacentista, (sirva también como ejemplo la espléndida Villa d´Este de Tivoli, en Roma), y con numerosos orificios por donde vertía el agua para caer en el lago, muchos de estos vanos se han anulado con el tiempo.  

    Además de impresionar por el tamaño y la estética, esta impactante escultura guarda un secreto, la parte más baja de la gran obra está formada por una gruta de forma hexagonal a la que se puede acceder mediante una escalera que lleva a varias habitaciones, incluso hasta la cabeza del gigante que se ilumina por la luz natural que penetra por las aberturas de las orejas y los ojos. Otra de las curiosidades es que desde una de estas estancias existía una chimenea que hacía salir humo por la nariz del coloso, sin duda, algo original.

El impresionante Coloso de los Apeninos.

  Giambologna se inspiró en la Metamorfosis de Ovidio (43 a.C.-17 d. C.), obra que ha sido para muchos artistas fuente de inspiración y en la que el poeta hace referencia a un Atlante similar a una montaña.

  Alrededor de la colosal figura se distinguen míticos personajes que también aparecen en la famosa obra como el caballo alado Pegaso, (símbolo de La Toscana), Parnaso y Júpiter, el dragón se añadió posteriormente en el siglo XVII por el artista Giovani Battista Foggini (1652-1725).

Obra de Giuseppe Gherardi.

   En su origen la residencia de la familia Médicis en Pratolino era de una belleza extraordinaria, algo reflejado en las crónicas de la época que hablaban de ella como una de las más hermosas posesiones de la familia florentina. Sin embargo, tras la muerte del Gran Duque y su esposa, que vivieron allí hasta su muerte, la hermosa villa fue abandonada y durante años sus esculturas fueron trasladadas a los, igualmente hermosos, jardines de Bóboli junto al espléndido Palacio Pitti en Florencia, algunas de ellas rodeaban al Coloso. La penosa decadencia de la villa y sus jardines abandonados causaban gran interés a los viajeros románticos, para los que las ruinas y la naturaleza suponían una gran fuente de inspiración.

    En el siglo XIX, Fernando III de Habsburgo-Lorena y Borbón, 1769-1824) X Gran Duque de Toscana no estaba de acuerdo con los desmesurados gastos que suponía su mantenimiento y decidió darle de nuevo vida demoliendo la antigua construcción y reestructurando los jardines, una verdadera atrocidad que privaba a Italia de uno de los más bellos tesoros del renacimiento, quizá fruto de la propia rivalidad entre familias y lo que la espléndida villa representaba como legado de una de las familias más importantes de la historia de Italia, nada nuevo bajo el sol…

    La propiedad fue vendida después a Paolo Demidoff (1839-1885), nombre por el que hoy se conoce y más tarde al príncipe Pablo de Yugoslavia ( 1893-1976). Más adelante pasó a ser parte del patrimonio de la provincia de Florencia y está abierta al público. La Villa Demidoff obtuvo en 2013 el reconocimiento de la UNESCO junto a otras villas y jardines mediceos.

La Villa Demidoff

   Es cierto que por la historia y abandono de la villa, el expolio de muchas obras que formaban parte del conjunto y otras circunstancias, la gran obra de Giambologna no ha tenido gran fortuna, desconocida por muchos y siendo ignorada largo tiempo, en este sentido hay un dicho popular que dice : Giambologna hizo el Apenino, pero se arrepintió de haberlo hecho en Pratolino”.  

    Parece ser que el mismo autor manifestó haberse arrepentido del lugar donde ubicó su gran obra, de cualquier modo, la impresionante figura vale la pena visitarla, dentro de un hermoso entorno natural constituye una obra maestra de finales del Renacimiento, espléndida época que a gran parte de los amantes del arte siempre nos fascinará. 

 

                                                                                          

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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