«Todos nos enfrentamos en la vida a decisiones angustiosas, elecciones morales, algunas son a gran escala. La mayoría de dichas elecciones son sobre asuntos banales, pero nos definimos a nosotros mismos según las decisiones que hemos tomado, en realidad somos la suma total de nuestras decisiones.»
Woody Allen, Delitos y Faltas. –Profesor Louis Levy
«Nadie es el que es, sino el que le hacen los demás.»
Miguel de Unamuno, Niebla.

«No es fácil contenerse ante determinados asuntos, mucho menos cuando causan un daño evitable, y mucho más cuando se ceban con aquellos que carecen de casi todo»
Un artículo no es cualquier cosa. Al menos para mí supone un ejercicio en el que pongo por delante la máxima atención, el cuidado y el respeto hacia quienes me leen, en el intento de aproximar mis inquietudes a las suyas sin pretender hacer comulgar a nadie con ruedas de molino. Durante todo este año, he buceado entre las aguas procelosas de nuestro tiempo, atenta a los detalles que aparecen y desaparecen fugazmente, sobre todo. Y antes de que otras novedades nos distraigan con sus artificios, observo que mis elecciones definen lo que soy, la manera en que me presento en el mundo, y también la forma en que desearía que ustedes me interpretasen. Por supuesto, el mensaje siempre está situado en el centro de la comunicación, el quid de la cuestión. Lo otro, es decir, las maneras o el estilo, a menudo es fuente de no pocas preocupaciones. No es fácil contenerse ante determinados asuntos, mucho menos cuando causan un daño evitable, y mucho más cuando se ceban con aquellos que carecen de casi todo con proyectos denigrantes, o cuando existe una injusticia manifiesta, que es casi siempre. En esencia, me presento con armas muy pobres —delante del ordenador, concentrada— para combatir un mundo hostil al que intento, buenamente, despojar de su careta. Un mundo en el que triunfan, serviles, los que le limpian la cara —ese espejo del alma que tan a menudo refleja un feo rostro— y tuercen lo recto, lo bueno y lo bello. Fuera de la propaganda, de los intereses de muy distintos signos, se pueden llegar a atisbar otras posibilidades, otros sones, sin demasiada filosofía. A veces la sola voluntad inicia un movimiento de aproximación hacia aquello que reconocemos como verdadero. Digo yo que también algo influirá el hecho de depositar la mirada y el sentido en todo lo que merece la pena, que de ello hay en abundancia, por mucho empeño que haya en ocultarlo. Y también, a veces –puestas al descubierto sus vergüenzas—, confieso que sabe bien ridiculizar a esos personajes falaces y a ese mundo vulgar que se nos trata de imponer.
Los delitos y las faltas se ceban contra la humanidad esgrimiendo el pretexto de la modernidad y el provecho. Continúan los furibundos ataques a los derechos más elementales que deberían regir la convivencia y brindar la protección a los vivos, en lugar de desenterrar el pasado que —por lo que estorba— fue mejor. Preservar la dignidad y la seguridad, liderar el mantenimiento de las mejores condiciones en una sociedad que se llame sana, no está entre los objetivos de ninguna agenda futura en los planes que deslizan —ni por asomo— ni aquí ni en ninguna otra parte. Desbaratarlos, desajustar el mecanismo, evidenciar su mala baba, es una misión al alcance de cada uno de nosotros, sin que ello exija un esfuerzo mayor que el de querer hacerlo, con solo añadir a nuestra vida ese pequeño gesto de generosidad que suele bastar con difundir sus maldades y, así, pararle los pies al enemigo, sin concesiones. Por esto —y porque somos el blanco hacia el que dirigen sus ataques sin piedad— estimo del interés de todos que le presten atención a una noticia que nos concierne y nos aboca a un sombrío panorama. Se trata esta vez de la aplicación en el Reino Unido de la mal denominada «muerte asistida» en pacientes terminales de hasta 75 años [1]. Si estos decidieran acabar con su vida antes de dicha edad, sus herederos se verían exentos del pago de la tasa correspondiente para percibir la renta o pensión ahorrada por sus progenitores, cuyo alcance podría aproximarse al 45% de la misma, cantidad nada desdeñable. En tiempos de crisis, de incertidumbre y precariedad laboral —destrucción del empleo mediante— parece una invitación más que probable para que los (por ahora) muy enfermos se acojan a esta medida atroz, y aumenten los casos de este sacrificio voluntario. Pablo Muñoz Iturrieta criticó hace algún tiempo —a través de su cuenta en la plataforma X, de Elon Musk— este vídeo donde se mostraba una campaña cuya ‘original’ propuesta era ponerle fin a la vida, como expresión de un legado a las siguientes generaciones vinculado a la idea de ‘sostenibilidad’. Nada de esto puede sorprendernos ya, puesto que los pasos previos ya se dieron y se han extendido a lo largo y ancho de la geografía [2], aduciendo motivos varios [3], y sin que la edad de los ‘pacientes’ destinados a un plan tan aberrante sea un criterio que suscite el menor rechazo [4].
Quieren hacernos creer que el mundo del disparate se ensancha hasta límites insondables, tal es su apariencia de inventiva. Para nuestra tranquilidad, se reduce casi siempre a la misma metodología, a la aplicación machacona de un torpe patrón que desluce sus intenciones, que se cae a pedazos ante nuestros ojos, y que puede invalidarse con facilidad. Ha vuelto a suceder con otro turbio asunto más que atañe a las irregularidades detectadas en el CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas), organismo que ha destinado una sustanciosa parte de su presupuesto, al parecer, a la adquisición de obras de arte. El organismo reconoce las actividades «artísticas» y justifica que es necesario «unir arte y ciencia» subrayaba el diario ABC, que ha realizado un seguimiento exhaustivo del caso [5] del que han ido surgiendo y aumentando las informaciones sobre múltiples anomalías que afectan a la gestión económica de su directora, María Blasco, cuyo cese ha sido exigido por científicos pertenecientes al mencionado organismo (El País). The Objective [6], asimismo, se ha referido a ello.
No existe el menor decoro. Ni nuestros dirigentes, altos cargos y otras ‘dignidades’, ocultan su afán por la apropiación de recursos que podrían resolver las numerosas urgencias que demandan nuestras sociedades, personas concretas con necesidades acuciantes que deberían situarse en el centro. Como me confiaba una amiga hace muy poco en su amena y nutritiva conversación, «dentro de poco será un delito la propia vida». Está sobradamente demostrada la ruindad de cada acto y su intencionalidad, que se dirige indefectiblemente hacia los mismos, los desamparados, los enfermos y los económicamente desfavorecidos. «Necesitamos una comunidad que cuide de las personas, no una comunidad que las mate», escribía Caterina Giojelli en Tempi.
Pero no se puede terminar sin esperanza en Navidad. Un Niño humilde, nacido en un pesebre, viene a rescatarnos. Pongamos algo de nuestra parte para recordar que nada existe más valioso que su solo ser para darle el sentido verdadero a lo que somos.
NOTAS_________
[1] Recomiendo la lectura de ambas referencias, la primera publicada por La Gaceta de la Iberosfera:
Y la segunda, por El Debate:
[2] La maquinaria estatal de la eutanasia: más de 30.000 muertes asistidas en un solo año
Países Bajos, Canadá, California… cada vez más gobiernos nacionales y locales permiten la eutanasia, un tema que se perfila como el próximo gran debate de salud en Estados Unidos.
[3] Infovaticana aportaba en 2022 datos relativos a la situación en Canadá en este artículo Canadá, más de 10.000 muertes por eutanasia en un año. 1.740 sufrían de soledad, publicado en primer lugar por un medio italiano, Tempi: Canada, oltre 10 mila morti con l’eutanasia in un anno. In 1.740 soffrivano di solitudine
[4] Eutanasia, Canadá tiene como objetivo matar a niños sin avisar a sus padres
[5] Como puede verse en este breve muestreo de ABC:
- El Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas se gastó casi un millón en un proyecto para comprar arte
- El Centro del Cáncer intentó que su directora se perpetuara en el cargo
- Blasco y Morant deben muchas explicaciones
- El CNIO fraccionó contratos sin aclarar «su necesidad ni objeto»

