
«La Natividad de Federico Barocci es una de las más bellas representaciones del Nacimiento de Jesús, uno de los momentos más importantes de la liturgia católica»
El tema del Nacimiento de Jesús ha sido muy representado en la historia de la pintura a lo largo de los siglos aunque con cambios a la hora de plasmarlo según las circunstancias históricas.
La más antigua representación que encontramos sobre la Natividad data de la época paleocristiana sobre finales del siglo II, principios del III y se hallan en las Catacumbas de Santa Priscila en Roma, una de las más importantes en época romana. Fueron saqueadas y abandonadas durante siglos, se descubrieron de nuevo en el siglo XVI.
La Virgen María ha tenido siempre, como es natural, un papel predominante en el Nacimiento de Jesús pero su actitud se presenta de distinta forma según la época, apareciendo en un principio con su hijo en brazos o recostada junto a él poco después de dar a luz, aunque sin comunicación directa entre ambos. A partir del siglo IX además de la Sagrada Familia, San José, María y el Niño, aparecen más personajes como pastores, mujeres parteras que se ocupan de cuidar al recién nacido tras el parto, ángeles que simbolizan la divinidad de Jesús o animales en el establo que arropan al Niño; esto se aprecia por ejemplo en la obra La Natividad del pintor italiano Guido de Siena (1230-1290), en la que María aparece de espaldas a Jesús y de mayor tamaño con respecto al resto de los personajes que forman parte de la escena, otra de las características de las representaciones pictóricas en estos siglos, los personajes aparecen con distinta envergadura dependiendo de su relevancia y el papel que desempeñan.

En el siglo XIV Santa Brígida de Suecia (?-1373) de noble estirpe y muy devota, dedicó su vida a Cristo tras la muerte de su marido y marchó a Roma con su hija Catalina donde fundó la Orden del Santísimo Salvador, también conocida como Orden de las Brigidinas. Trabajó con ahínco para conseguir que el papado volviera a Roma tras su estancia en Aviñón, sede de la Iglesia católica durante los años 1309 a 1377, el retorno se produjo pero tras la muerte de Brígida. La Santa tuvo visiones a lo largo de su vida sobre vivencias de la Virgen y Jesús, estas Revelaciones se representarán inicialmente en el arte flamenco y más tarde su influencia se extenderá por el resto de Europa, como ejemplo, el Tríptico de la Natividad de Hugo van der Goes (1440?-1482) en el que la Virgen aparece de rodillas adorando a Jesús, esta imagen mariana en la representación del Nacimiento continuará hasta el siglo XVI.

En el Renacimiento aparecen nuevos elementos como la perspectiva que nos aporta una nueva visión de lo representado; además la relación de la Madre con su Hijo es fluida, hay comunicación entre ellos, emoción materna al contemplar al Salvador y una tierna expresión del Niño que en algún caso es incluso amamantado por su madre.
En el siglo XVI se celebra el Concilio de Trento (1545-1563) en el que la Iglesia Católica establece una serie de dogmas para dar respuesta a la Reforma Protestante. Uno de los aspectos que regularizó y para el que estableció normas concretas fue la iconografía prohibiendo la representación de figuras como las comadronas o escenas como el baño al recién nacido, ya que presentar estas situaciones se consideraba inapropiado teniendo en cuenta que Jesús es un ser sobrenatural; por otra parte, los pastores aparecían en el medievo con gestos de asombro e impactados, algo que cambiará también en el siglo XVII en el que adoran y glorifican al Hijo de Dios.
Como tema fundamental en la doctrina cristiana el nacimiento de Jesús ha sido abordado por muchos pintores occidentales a lo largo de la historia como Giotto, Boticelli, Pietro da Cortona, El Greco, Bronzino, Pantoja de la Cruz, Caravaggio o Rubens entre otros muchos. Cada uno de ellos ha aportado diferentes elementos dependiendo del periodo histórico en el que vivieron. Entre ellos destaco la obra Natividad del pintor Federico Barocci (1535-1612) que presenta elementos interesantes en cuanto a la composición, luz y color, además de cierto carácter rompedor con lo hasta entonces representado en el tema de la Natividad.

Barocci nació en Urbino y comenzó su aprendizaje en el mundo del arte con su padre, el escultor Ambrogio Barocci que gozaba de cierta fama en la zona noreste de Italia. Tras una corta estancia en Pesaro marchó a Roma para trabajar en el taller de los hermanos Zuccari, también de Urbino. En esta primera estancia en Roma permaneció cuatro años y regresaría para trabajar en el Palacio del Belvedere por encargo del papa Pío IV (1499-1565). En 1563 abandona definitivamente la Ciudad Eterna y vuelve a Urbino, cuando comienza a padecer problemas de salud, según el propio pintor originados por un posible envenenamiento que sufrió por parte de unos enemigos envidiosos de su obra durante su estancia en Roma, esto le traería enormes problemas médicos para el resto de su vida, sin embargo Barocci continua trabajando tanto para la Iglesia como haciendo encargos privados y aunque a un ritmo muy lento, consiguió dejar una producción extensa.
Sus pintura es vivaz y con gran riqueza cromática, lo que hizo que pronto su obra fuera admirada y valorada, buscaba la perfección y no cesó en su trabajo de investigar escorzos, la incidencia de la luz, el cromatismo o el realismo en los paisajes. Barocci se adelantó en cierto modo al Barroco en cuanto a la luz y la composición. Tuvo una gran influencia de Corregio, Rafael o Tiziano y se incluye en el grupo de pintores manieristas del siglo XVI

Su obra Natividad nos muestra a María contemplando feliz al pequeño Jesús que irradia una brillante luz que llena la escena por completo y representa a su vez la nueva energía que llega al mundo, es el nacimiento del Hijo de Dios. Una trayectoria luminosa en diagonal recorre el cuadro y señala la mano de San José que aparece de espaldas dando la noticia del nacimiento a los pastores, la luz es protagonista en la composición algo que se aprecia a simple vista y que posee un gran significado.
El cuadro es sencillo pero es una obra muy elaborada en la que el pintor trabajó incansablemente realizando numerosos trabajos preparatorios, bocetos y dibujos que se han repartido en diversas ciudades como Berlín o Ámsterdam. En la Pinacoteca Ambrosiana de Milán hay una copia de la obra realizada por Alessandro Vitali (1560-1630).
La obra de Barocci forma parte de la colección de arte español en el madrileño Museo del Prado ya que, aunque fue un encargo que le hizo Francesco María II della Rovere (1549-1631), Duque de Urbino, con el que el pintor mantenía una buena relación, la reina Margarita de Austria (1599-1611), esposa del rey de España Felipe III (1578-1621), tenía deseo de tener un cuadro de Barocci y el Duque, al conocer el delicado estado de salud del pintor y sabiendo lo difícil que era conseguir una obra de éste, lo envió a la familia real como regalo para la reina en 1605 que expresó su entusiasmo al recibirlo, por este motivo el cuadro forma parte hoy en día de nuestro patrimonio nacional.
En los siglos XIX y XX los pintores intentaron integrar la modernidad en la representación de la Natividad aunque en cuanto a este tema siempre ha existido una clara tendencia por seguir una línea tradicional, tanto por parte del clero como por los fieles. Ya desde entonces los pintores no tienen la relación de antaño con la Iglesia y los temas religiosos no son demandados, por lo que el tema de la Natividad en la pintura ha decaído notablemente.
La Natividad de Federico Barocci es una de las más bellas representaciones del Nacimiento de Jesús, uno de los momentos más importantes, junto a la Pasión de la liturgia católica.
Lo esencial en estas fiestas navideñas se basa en lo espiritual y es conveniente no olvidar que, aunque actualmente la sociedad de consumo ejerce una influencia importante que en muchos casos enmascara el verdadero sentido de la Navidad, se celebra que Jesús es la nueva luz del mundo. La realidad es que en una sociedad en la que cada vez más se intentan destruir los valores cristianos que forman parte de nuestra cultura y en la que no se valora lo realmente esencial en la vida, conviene reflexionar sobre lo verdaderamente importante, no hay otro camino que no sea el AMOR.
