Sacrificio, Valor y Entrega. Por Antonio E.

Estas serán las últimas líneas que escriba en este aciago año que acabamos. Por una vez no estará el despreciable autócrata que nos mal gobierna. En su lugar hablaré de personas respetables, queridas y admiradas, nuestros militares, y dentro de ellos, de la Legión Española. Espero estar a la altura. 
Sacrificio, valor y entrega.

«La Legión forjó hombres, convirtiéndolos en legionarios, la Historia en héroes, y la Patria en grandes ¿Alguien podría dar más y tanto?»

No todos los hombres son capaces de reunir en su misma persona los valores arriba indicados, y mucho menos cuando a dichos valores hay que añadir otros tan difíciles de atesorar como: Amistad, unión, socorro, marcha, sufrimiento, endurecimiento y compañerismo ante el fuego enemigo. Si a todo lo anterior unimos: disciplina, combate, muerte y amor a la bandera, acabamos de citar los valores y cualidades que adornan el credo de La Legión Española. 

Aquellos que hace más de un siglo la formaron, y tiempo después la nutrieron, fueron y son hombres excepcionales, tanto en su concepción como soldados, como en su particular forma de expresar con su arrojo y servicio, el amor a la Patria. 

En la España de hoy, donde tales conceptos han sido sustituidos por otros de peor rango, conservar las raíces de la Historia común es tan esencial, como necesario. Lo triste y dramático, es ver como gran parte de nuestra juventud no sabe distinguir entre lo eterno y lo prescindible, por tanto, dichos valores deberían ser obligados. Que nadie olvide que lo verdaderamente importante es lo único que, tanto ante la Historia común, como ante la propia, al final se verá reflejado. 

Desde que el ministro de la Guerra Don José Villalba Riquelme, un 28 de enero del año 1920, encargara la creación de una unidad especial a la que llamaron en principio Tercio de Infantería, que más tarde pasó a denominarse La Legión Española, han pasado 104 años.  

Tuvo que ser Don José Millán-Astray, jefe del arma de Infantería, el que diera forma a la unidad que poco tiempo después firmaría con la sangre de sus legionarios, las gestas más valerosas y espectaculares de los Ejércitos de España. Crear formar y pulir una unidad de élite, inculcar tradición y valores, no es cosa fácil, aquella fue una misión en la que solamente mentes y estilos privilegiados, pudieron acometerla. 

Desde su primer caído en combate, el caballero legionario Don Baltasar Queijo Vega, hasta nuestros días, la Legión ofrendó muchas vidas en defensa de la Patria. La Legión siempre estuvo en el lado bueno de la Historia, esa es mi opinión, y así la mantengo. La Historia fue escrita por los que la vivieron en su momento, los que hoy día tratan de reescribirla a su antojo, ni estaban, ni, aunque hubiesen estado, se les esperaba.  La Historia de España, es la que fue, y no la que ahora tratan de inculcarnos. 

Ni desdeño ni olvido otros cuerpos militares del máximo prestigio, ni a sus protagonistas principales, de los que solo algunos cito: Héroes inmortales, líderes históricos, desde Don Pelayo al Cid, pasando por Don Gonzalo Fernández de Córdoba, Pizarro, Cortés, Orellana, Ponce de León, Coronado, Rodríguez Cabrillo, Elcano y Cabeza de Vaca. Qué decir de Castaños, José de Palafox, Daoiz, Velarde, Churruca, Gravina, Blas de Lezo, o Juan Martín Díez “El Empecinado”.  

Sin olvidar al Capitán Mateo del Sauz y al Maestre de Campo Martín de Goyti, que con un puñado de valientes bajo su mando fueron los últimos en salir de Filipinas. En Cuba sentaron cátedra, desde Francisco Lersundi Hormaechea hasta su último comandante Valeriano Weyler y Nicolau. Doce comandantes, doce, con miles de españoles sirviendo bajo su mando. Con ellos en funciones, en España nunca se ponía el sol. Nunca tan pocos rindieron a tantos, nunca una raza llegó a alcanzarlo todo. 

La Legión tuvo comandantes tan insignes y notables, como el antes nombrado Don José Millán-Astray Terreros, Don Francisco Franco Bahamonde, Don Rafael Valenzuela y Urzaiz o Don Juan Yagüe Blanco y otros. Bases bien asentadas, mentes perfectamente entrenadas, patriotismo, profesionalidad, espíritu aguerrido y un arsenal de valor incuestionable. Reseñar entre todos ellos la figura de Francisco Franco, es por fuerza y razón, obligada. 

La Legión forjó hombres, convirtiéndolos en legionarios, la Historia en héroes, y la Patria en grandes ¿Alguien podría dar más y tanto? La respuesta solo Dios lo sabe, el caso es que desde hace muchos años es la Legión, la que lleva a hombros al más Grande ¡a Dios mismo! que ya es bastante. 

La Historia es la que fue, y al que no le guste, que le jodan. Nadie podrá decirme que, si escribo sobre la Historia de España, no la he escrito sin haberla leído antes. 

Los que detrás de ellos vinieron, administraron con profesionalidad y patriotismo, lo que de sus anteriores jefes heredaron, Sacrificio Valor y Entrega, valores que por fuerza tienen que ir con mayúsculas, cómo corresponde a todos y cada uno de los que en el Tercio sirvieron, sirven y servirán a su Patria. 

Malos tiempos corren para España por culpa de políticos irresponsables egoístas, ladrones y traidores, el peor lumpen de la historia negra de España.  

La Legión atesora lo que a estos rufianes les falta, Sacrificio Valor y Entrega, para que España siga siendo lo que en otros tiempos fue, una nación grande respetable, y respetada. 

Quiero personalizar este respetuoso artículo, en la representación que de la Legión hace la Hermandad Provincial AACC Legionarios de Málaga. En la certeza de que lo hago extendiéndolo a todos los soldados de España. 

¡Viva el Ejército español! 

¡Viva la Legión! 

¡Viva por siempre España!  

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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