
«Sin lugar a dudas Brujas cautiva, una ciudad donde se unen el pasado y el presente, lo vetusto y lo nuevo, la historia y la belleza»
Hay varias ciudades en Europa a las que se les denomina “Venecia del norte”, de ellas, quizás la más conocida es Ámsterdam, pero la ciudad de Brujas, en el corazón de Flandes, Bélgica, también famosa por sus canales, combina arte, historia y romance; una ciudad en la que la esencia de la Edad Media envuelve al visitante en cada rincón. Como bien me decía hace unas semanas mi querida amiga Maribel desde allí, “Brujas es una ciudad de cuento”.
El centro histórico de forma ovalada es el corazón de la ciudad, calles empedradas, edificios que nos trasladan a otra época y los bellos canales hacen de esta ciudad belga un lugar mágico.

Su historia se remonta al siglo III donde los romanos crearon un asentamiento en el que la pesca era la actividad principal, además de la ganadería y la extracción de sal. Los restos de barcos de este periodo, prueban la existencia de un puerto romano. Con la Caída del Imperio, fueron los francos quienes dominaron el territorio.
Será en el siglo XI cuando se produce el auténtico nacimiento de la ciudad con la construcción de un fuerte, necesario para defenderse de los vikingos. Ya hay referencias a mitad del siglo IX de Bruges, el lugar donde monjes procedentes de la ciudad de Gante encontraron refugio.
La villa fue evolucionando y el puerto creciendo y convirtiéndose en un centro destacado a nivel internacional con una ascendente actividad comercial impulsada por el tráfico de la lana flamenca y llegando a convertirse en la que se conoce como la Edad de Oro de la ciudad, entre los siglos XII y XV, en uno de los centros comerciales más importantes de Europa del norte.

En 1309 se creó el primer mercado de valores del mundo, comerciantes de todo el continente acudían a Brujas para los intercambios comerciales, se crearon gremios que cuidaban con esmero la calidad de sus bienes y a nivel urbanístico se construyeron edificios emblemáticos que fueron configurando la imagen de la ciudad.
Los duques de Borgoña se establecieron en Bruges y con ellos se vivió una gran época de esplendor en el siglo XV, lo que atrajo a pintores como Hans Memling (c. 1430-1494) o Jan van Eyck (c. 1390-1441) que contribuyeron al auge de la Escuela de los Primitivos Flamencos.
Dicha escuela surge en la región de Flandes, actualmente Bélgica, Luxemburgo, Borgoña francesa y Países Bajos, y se desarrolló durante los siglos XV y XVI; su gran aportación a la pintura fue la utilización del óleo de forma habitual. Una técnica muy depurada y una fuerte conexión con la burguesía definen a esta escuela cuyos representantes más destacados son los hermanos Hurbert, Jan van Eyck y Robert Campin (1404-1444).

A pesar de la decadencia económica que se produjo tras la muerte de María de Borgoña en 1492, la ciudad de Brujas no perdió su importancia cultural. Aunque políticamente perteneció a los imperios español, austríaco, francés y holandés, continuó en la fe católica participando en varios conflictos bélicos. En el siglo XIX, tras la independencia belga, Brujas sufrió terribles consecuencias económicas quedando muy empobrecida y por lo tanto no participó en los primeros avances de la Revolución Industrial, subsistiendo en gran parte por las labores de encaje realizadas por mujeres, tan características del lugar.
En el siglo XIX se construyó el puerto de Zeebrugge que dio un nuevo impulso a la ciudad; a él llegaron extranjeros con gran interés por la arquitectura gótica, inspirados por obras como Bruges-la- Morte del escritor belga Georges Rodembach (1855-1898). La bella ciudad comenzó a conocerse como centro turístico, algo que se consolidó tras la restauración que llevaron a cabo en la década de los setenta en el siglo XX; una remodelación en la que se crearon zonas verdes, se limpiaron edificios, canales y puentes haciendo de ella una de las ciudades más atractivas no solo de Bélgica, sino del resto de Europa.
A pesar de su participación en las dos guerras mundiales, el centro histórico consiguió quedar intacto, lo que ha hecho que Brujas, se pueda considerar un museo vivo con verdaderos tesoros de la arquitectura medieval.
Los canales discurren por el centro y un recorrido por ellos permite admirar la arquitectura de los edificios y casas pintorescas dese otra perspectiva.

En la Plaza del Mercado, Grote Markt, se encuentra la torre Belfort, un campanario del siglo XIII con cuarenta campanas, símbolo de la independencia de la ciudad y desde donde se contemplan bonitas vistas panorámicas. La plaza está rodeada de edificios del siglo XVI y famosas cervecerías y restaurantes. Cerca de la plaza, la Basílica de la Santa Sangre recibe numerosos peregrinos porque alberga, según la tradición, gotas de la sangre de Cristo como reliquia.
Grote Markt se conecta con la gran Plaza Burg donde se encuentran, además de la Basílica con la reliquia de Cristo, dos grandes edificios que muestran todo el esplendor de la arquitectura gótica, el Ayuntamiento y la Corte de los Príncipes; en los alrededores las famosas tiendas de chocolate belga y comercios donde comprar las labores de encaje y puntilla tan famosas del lugar, hacen que sea un lugar muy transitado. En el entorno el Rozenhoedkaai, un antiguo muelle medieval aparece tras atravesar callejones con encanto.

La Iglesia de Nuestra Señora, famosa por su torre aguja de ciento veintitrés metros, es además conocida porque alberga la Madonna de Bruges de Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564), afortunadamente salvada por los conocidos como Monuments´ Men en la Segunda Guerra Mundial durante la gran hazaña que protagonizaron un grupo de hombres para salvar el arte europeo del expolio nazi.

El Begijnhof, fundado en el siglo XIII, es una comunidad de casas, que albergaba a mujeres laicas que dedicaban su vida a la caridad, conocidas como beguinas, junto a las casas un bonito jardín envuelto en una atmósfera de paz y tranquilidad que se percibe al visitarlo, Muy cerca del beatario se expone una interesante colección de obras del pintor Hans Memling en el medieval Hospital de San Juan.
Además del delicioso chocolate belga, con gran variedad, y cuya calidad ha sido reconocida internacionalmente, la gastronomía de Brujas sorprende con platos variados y de calidad, destacando mariscos frescos del puerto local de Zeebrugge.

En cuanto a la cultura y la tradición, Brujas es una ciudad viva: El Groeningenmuseum es el museo más destacado de la ciudad que alberga una interesante colección de arte belga desde los Primitivos Flamencos. El Palacio Gruuthuse está dedicado al legado de la familia, mostrando exposiciones de gran nivel con colecciones de más de quinientos años de historia local, con mobiliario, manuscritos, adornos, encajes y utensilios de la vida cotidiana. Es un museo muy visitado, lo que pone de manifiesto una vez más el atractivo que en cualquier lugar tienen este tipo de espacios museísticos.
La Trienal de Bruges, evento que transforma la ciudad en un museo al aire libre y donde se exponen arte y arquitectura contemporánea, la procesión de la Santa Sangre y el Festival de la Cerveza son el reflejo de la tradición y la cultura de la ciudad.

Como en muchos otros lugares del mundo, pero con el encanto especial de la vieja Europa, los mercados de Navidad y Wintterglow son un auténtico foco de atracción para el visitante. A las afueras, el Parque Kruisvest es un maravilloso espacio para relajarse.
Sin lugar a dudas Brujas cautiva, una ciudad donde se unen el pasado y el presente, lo vetusto y lo nuevo, la historia y la belleza. Una ciudad de cuento, una ciudad con magia.
Málaga, 2025

