Conversaciones en el andamio. Por siete votos tienen el culo roto. Por Francisco Gómez Valencia

Por siete votos tienen el culo roto.

«El Gobierno va a fortalecer la democracia además de tratando de deslegitimar al poder judicial, acotando la libertad de expresión y de información»

Terminamos año y desde el Gobierno y sus aledaños se empeñan en sacar pecho afirmando que el ejecutivo ha cerrado 2024 con 25 leyes aprobadas, una reforma constitucional, 14 leyes y 10 decretos, todo a base de acuerdos que han traído más derechos, más libertades, más progreso y por supuesto más dignidad. Es más: algún ministro se atrevió incluso a afirmar sin inmutarse que son el Gobierno que más leyes ha aprobado en 2024 comparándose con cualquier gobierno autonómico, incluidos los que cuentan con mayoría absoluta, llegando a preguntarse si es creíble que se los acuse de ser débiles parlamentariamente.

Utilizando un símil balompédico… ¿Alguien sería capaz de imaginarse al entrenador del Atlético de Madrid (actual líder y campeón de invierno de la 1ª. División comparando sus resultados con los del líder y campeón de invierno de la 2ª. División? Pues Félix Bolaños lo ha hecho y a mi me da hasta “cosica” mire usted… La realidad, es que Pedro Sánchez es el presidente del Gobierno que menos leyes ha sacado adelante en democracia habiendo gobernado (si se puede llamar así) ya más tiempo que Mariano Rajoy, por lo que me atrevo a afirmar que no por mucho legislar amanece más temprano pues de facto; la verdad es que 2024 es el año sin elecciones con menor producción legislativa y el segundo en toda la historia de la democracia. 

Legislativas aprobadas.

Visto lo fácil que resulta desmontar sus bulos, desde el Ministerio de Transformación digital y Función Pública se informaba desde “X” que el Gobierno activa 35 millones de euros en ayudas para digitalizar medios, con foco en ciberseguridad, IA y datos. Su plan reforzará  (según ellos) «la libertad y el pluralismo informativo, alineado con la Ley Europea de Libertad de Medios de Comunicación», cuestión que ya ha sido demostrado en innumerables ocasiones que es absolutamente falso, pues el objeto de la ley europea consiste especialmente en acotar los excesos propagandísticos de los Gobiernos, es decir que a la UE lo que le preocupa es luchar contra gobernantes autócratas que desde el poder político intenten que su voluntad se convierta en dogma o pensamiento único como pretende nuestro felón.

Al ministro del ramo –Óscar López– le debió parecer tan escasa la nota propagandística lanzada desde su propio ministerio, que se atrevió a apostillarla dando su especial toque añadiendo: «Activamos los primeros 35 M€ del Plan de Ayudas a Medios de Comunicación. Una de las medidas del Plan de Acción por la Democracia para fortalecer al sector frente a los fallos de mercado que erosionan el derecho de la ciudadanía a recibir una información veraz«.

¿Esto entre otras cosas que implica? Pues que en breve tendremos creada la Agencia Española de Supervisión de Inteligencia Artificial (Aesia), y desde ella empezarán a multar en España en 2025 a quienes falten a la verdad según sus estándares de calidad. El organismo tendrá su sede en La Coruña, contará con 80 enchufados designados a dedo y se financiará con los recursos del ministerio aludido.

O sea que el Gobierno va a fortalecer la democracia además de tratando de deslegitimar al poder judicial y todo lo demás que ya conocemos, acotando la libertad de expresión y de información engrasando bien a sus medios afines y no tan afines, con tal de corregir unilateralmente desinformando o sancionando a los que generen o provoquen lo que el mismo ministro ha denominado «fallos del mercado«, es decir, opiniones, noticias o informaciones contra el Gobierno o que al menos pongan en entredicho sus actuaciones e intenciones. 

Sin duda su macabro plan avanza pese a la máxima debilidad que día tras día demuestran. El ejecutivo más «fake» de la democracia está absolutamente acorralado por la corrupción pero ya lo han anunciado: “En 2025 seguirán dialogando para situar a la ciudadanía en el centro de la política” (Santos Cerdán).

En fin, que se acaba el 2024 y por tanto ya queda menos. Continuamos superando pantallas como si de un videojuego se tratara, los escándalos se multiplican y el escarnio público es brutal pero ahí siguen, sin dimitir y sin plantearse al menos dar la voz a la ciudadanía a la que ellos colocan en el centro pese a que seamos su parapeto.

Grandes palabras y enormes frases en boca de gestores de fondos de reptiles como decía Unamuno. Sobornar por Ley o Real Decreto estará a la orden del día. Que nuestro Gobierno destine partidas presupuestarias para financiar periódicos y periodistas comprando voluntades, o incluso llegando a pretender sobornar a periódicos por parte de entidades no gubernamentales es lo más de lo más. ¿Ver para creer verdad? Pues conociendo el percal del personal que nos gobierna y sus malas compañías a mi ya ni me extraña, es más; me parece que están a la altura de las expectativas.

¡Feliz día de los Santos inocentes y ya puestos feliz año nuevo. Que sus deseos y expectativas se vean colmadas y yo que lo vea!

Seguiremos opinando…

Españazuela a 28 de diciembre de 2024.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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